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#633 - Carcinógenos en Todas Partes, 13-Jan-1999

La Agencia de Protección Ambiental de los EUA (Environmental Protection
Agency, U.S. EPA) publicó un reporte en 1998 diciendo que el 100% del
aire libre en la parte continental de los EUA está contaminado con ocho
químicos industriales causantes de cáncer a niveles que exceden los
parámetros de seguridad de "referencia" de la EPA [1]. Alaska y Hawai
fueron excluidos del análisis por falta de disponibilidad de datos.

Usando los datos de 1990 sobre las emisiones industriales tóxicas, la
EPA aplicó modelos matemáticos conocidos para calcular durante todo el
año las concentraciones promedio de 148 venenos industriales en el aire
libre en cada una de las 60.803 áreas censadas de la nación.

Para cada uno de los 148 tóxicos, la EPA estableció un nivel
de "referencia" que la agencia considera seguro. Ocho de los 148
venenos industriales exceden los niveles de seguridad de referencia de
la EPA todo el tiempo en todas las 60.803 áreas censadas. Estos ocho
venenos son cancerígenos, es decir, se sabe que producen cáncer: bis(2
etilhexil) ftalato; benceno; tetracloruro de carbono; cloroformo;
dibromuro de etileno; dicloruro de etileno; formaldehído y cloruro de
metilo.

En su reporte, la EPA dijo que las concentraciones en el aire libre
proporcionan un cálculo razonable de las concentraciones tóxicas "que
se encuentran tanto en el aire libre como en lugares cubiertos, dado la
alta tasa de penetración hacia ambientes cubiertos para varios
contaminantes peligrosos del aire, o HAPs (por sus siglas en inglés)".
En otras palabras, la EPA cree que estar dentro de su casa o trabajo no
lo protege a usted de la constante exposición a estos ocho carcinógenos.

La EPA dijo que sus modelos matemáticos probablemente subestiman los
niveles reales a los que la población está expuesta. Donde estaban
disponibles las mediciones reales de los contaminantes tóxicos, la EPA
encontró que los niveles medidos excedían los niveles calculados por
sus modelos matemáticos.

En su reporte, la EPA también reconoció que pudiera haber subestimado
los efectos a la salud debido a que los ocho químicos, combinados,
pudieran tener efectos aditivos o multiplicadores ya que la gente los
experimenta todos simultáneamente. Sin embargo, la agencia también
reconoció que no tiene manera de tomar en cuenta tales efectos
combinados.

La EPA también reconoció que muchos de los químicos pudieran tener
efectos a la salud para los cuales la agencia no ha establecido
parámetros de "referencia". Por ejemplo, tanto el benceno como el 1,3
butadieno han sido asociados con efectos sobre la reproducción y el
desarrollo, pero actualmente la EPA no ha determinado niveles de
seguridad de referencia para tales efectos, y así, aquellos efectos
fueron ignorados en este estudio.

Y finalmente, la mayoría de las personas (si no todas) están expuestas
a mucho más que sólo ocho venenos industriales. Estos ocho solamente
proporcionan una base tóxica a la cual se suman otros tóxicos,
dependiendo de la situación individual de una persona (o una
comunidad): gases de escape de automóviles y camiones, humo de
cigarrillos de segundas personas, medicinas recetadas, emisiones de
plantas de energía, fundidoras, incineradores, etcétera.

Varios de los ocho químicos exceden los niveles de seguridad
de "referencia" de la EPA por un amplio margen. Por ejemplo, todos los
días la concentración promedio de tetracloruro de carbono excede el
nivel de referencia de la EPA por un factor de 13, y el bis(2
etilhexil) ftalato excede la referencia de la EPA por un factor de 6,4.

PLOMO EN LOS NIÑOS: VIEJA HISTORIA, NUEVOS DATOS

En 1998, el Centro federal para el Control y la Prevención de
Enfermedades (federal Centers for Disease Control and Prevention, CDCP)
en Atlanta, emitió un reporte diciendo que sólo un 4,4% de los niños
estadounidenses entre las edades de 1 y 5 años tienen el metal tóxico
plomo en su sangre a "niveles preocupantes para la salud", lo que el
CDCP define como concentraciones de 10 microgramos de plomo por
decilitro de sangre (10 ug/dl) o mayores [2]. Un microgramo es la
millonésima parte de un gramo y hay 28 gramos en una onza; un decilitro
es la décima parte de un litro y un litro es aproximadamente un cuarto
de galón. El lapso que se reportaba era de 1991 a 1994.

Aunque un 4,4% suena como un porcentaje bajo, representa a 890.000
niños cuya capacidad intelectual está siendo disminuida permanentemente
por la exposición a cantidades excesivas de plomo.

En 1991, el CDCP estableció que 10 ug/dl era un nivel "peligroso" de
plomo en sangre [3]. El límite se determinó en 10 ug/dl no porque 10
sea un número mágico que proteja a los niños sino debido a que era el
nivel más bajo que podía detectarse con un examen barato, y porque
según el CDCP, determinar el parámetro más abajo sería una carga para
el sistema de asistencia médica de la nación.

Cuando el CDCP determinó el nivel oficial de seguridad en 10, reconoció
que en la decisión entró algo más que la mera preocupación por la salud
pública. "Las recomendaciones [de 10 ug/dl]... están basadas
principalmente en los datos científicos que muestran efectos adversos
del plomo en niños pequeños a niveles de plomo en sangre cada vez
menores. Sin embargo, ellas se encuentran moderadas por consideraciones
prácticas, por ejemplo, del números de niños quienes requerirían un
seguimiento y los recursos requeridos para prevenir esta enfermedad",
escribió Vernon Houck en nombre del CDCP [3, pág. iii]. En otras
palabras, cuando el CDCP determinó 10 [ug/dl] como el
parámetro "seguro", reconoció que estaba renuente a determinar el
parámetro más abajo debido a que entonces demasiados niños calificarían
para ayuda médica y tendría que gastarse demasiado dinero sacando el
plomo del ambiente.

Numerosos estudios ahora han demostrado que no hay una dosis "segura"
de plomo en la sangre de los niños. Hace cinco años, el Consejo
Nacional de Investigaciones (National Research Council, NRC)
dijo: "Existen evidencias crecientes de que incluso exposiciones muy
pequeñas al plomo pueden producir efectos sutiles en los seres humanos.
Debido a esto, existe la posibilidad de que los parámetros [de
seguridad] futuros puedan caer por debajo de 10 ug/dl, al entenderse
mejor los mecanismos de la toxicidad del plomo" [4, pág. 3]. El NRC
ofreció evidencias de que el plomo a [concentraciones de] 5 ug/dl (la
mitad del nivel oficial "seguro") puede causar desórdenes de la
atención en niños y en monos; poco peso al nacer en niños; y pérdida de
la audición en niños [4, págs. 69, 254-256].

En 1993, el NRC resumió una serie de estudios recientes y después
dijo: "Aquellos estudios apoyan la conclusión general de que existe
evidencia creciente de que no hay un límite efectivo para algunos de
los efectos adversos del plomo" [4, pág. 67]. En otras palabras, en
1993 existían bastantes evidencias de que no hay un nivel seguro de
plomo.

Según mediciones cuidadosas de huesos humanos, los habitantes
precolombinos de Norteamérica tenían niveles promedio de plomo de 0,016
ug/dl en sangre -- 625 veces más bajo que los 10 ug/dl establecidos
ahora como "seguros" para los niños. Parece improbable que los niveles
de un potente veneno nervioso que son 625 veces mayores que los niveles
básicos naturales -- o incluso 300 veces más altos que los niveles
básicos naturales -- puedan ser "seguros" para los niños [5].

El estudio del CDCP de 1998 reportó que la concentración promedio (la
significación geométrica) de plomo en los 20 millones de niños
estadounidenses entre las edades de 1 y 5 años era de 2,7 ug/dl, ó 43
veces más alta que los niveles básicos naturales.

El efecto principal del plomo en la sangre de un niño es el de reducir
su coeficiente intelectual. Hace cinco años, la Academia Estadounidense
de Pediatría (American Academy of Pediatrics) revisó 18 estudios
científicos que muestran que el plomo disminuye la capacidad mental de
los niños. "Se encontró que la relación entre los niveles de plomo y
los déficits en los coeficientes intelectuales era sorprendentemente
consistente", dijo la Academia. "Un número de estudios han encontrado
que por cada aumento de 10 ug/dl en los niveles de plomo en sangre,
había una disminución media [promedio] de 4 a 7 puntos del coeficiente
intelectual en los niños". Esto pudiera no sonar como una pérdida
importante, pero una pérdida promedio de 5 puntos del coeficiente
intelectual pone a un 50% más de niños en la categoría de coeficiente
intelectual de 80, que es el límite de la inteligencia normal. También
reduce el número de coeficiente intelectual alto; por ejemplo, un
pequeño grupo que debería haber contenido 5 niños con coeficiente
intelectual de 125, no contenía ninguno [6].

En años recientes, muchos estudios han mostrado que el plomo no sólo
reduce la capacidad intelectual, sino que también causa pérdida de la
audición, reduce la coordinación manual/visual, reduce la capacidad de
prestar atención y crea una propensión hacia la violencia. Los niños
que han sido envenenados por plomo son menos capaces de manejar la
presión y más propensos a arrebatos de violencia. (Ver REHW #529, #551.)

La fuente del plomo que está envenenando a los niños hoy en día es
principalmente la pintura que contiene plomo. En los EUA,
aproximadamente un 83% de las unidades habitacionales de propiedad
privada y un 86% de las unidades habitacionales públicas construidas
antes de 1980 contienen algunas pinturas con base de plomo.

Las autoridades de la salud pública han reconocido abiertamente desde
1952 que los niños afroamericanos están siendo envenenados
preferentemente por el plomo en las pinturas. (Ver REHW #294.) La
ciudad de Baltimore comenzó un programa de investigación de la
toxicidad del plomo en 1931. Con 20 años de datos en las manos, el
director del departamento de salud de Baltimore escribió en 1952 que la
tasa de envenenamiento entre los niños era "7,5 veces más alta entre la
población negra de lo que lo era entre la población blanca... Las altas
tasas entre los niños negros son un problema de salud pública de
significación considerable en vista de que un 30 por ciento de la
población preescolar de Baltimore es negra. La diferencia racial en la
incidencia se cree que es debida a factores ambientales que
probablemente resultan principalmente de desventajas económicas" [7].

Hoy, 47 años después, la situación ha cambiado poco. Según el estudio
del CDCP de 1998, hoy en día las concentraciones más altas de plomo se
encuentran en los niños afroamericanos no hispanos. Entre los niños
afroamericanos no hispanos de edades de 1 a 5 años que viven en
viviendas construidas antes de 1946, un 21,9% tienen niveles de plomo
en sangre de 10 ug/dl ó más, y entre aquellos que viven en viviendas
construidas entre 1946 y 1973, un 13,7% tienen niveles de plomo en
sangre de 10 ug/dl ó más, dice el estudio del CDCP de 1998.

Un reciente estudio de niños que van a una clínica de pediatría en las
zonas urbanas deprimidas de Filadelfia reportó que un 68% de los niños
de allí tienen niveles de plomo que exceden el [nivel] "seguro" de 10
ug/dl [8].

Resumiendo, aproximadamente un millón de niños afroamericanos que viven
en las zonas urbanas deprimidas están siendo continuamente envenenados
por la exposición al plomo.

En 1991, el Centro para el Control de Enfermedades (Centers for Disease
Control) publicó un estudio mostrando que los contribuyentes de la
nación ahorrarían 60 mil millones de dólares en costos de asistencia
médica y de educación especial gastando 32 mil millones de dólares en
erradicar el plomo de los hogares de las zonas urbanas deprimidas [9].
El Congreso nunca ha estado dispuesto a adoptar esta estrategia de
prevención efectiva respecto al costo, prefiriendo evidentemente
producir, en las zonas urbanas deprimidas, generación tras generación
de niños afroamericanos con capacidad intelectual reducida y propensión
hacia la violencia.

Niños, ¿saben cómo deletrear R-A-C-I-S-M-O?

--Peter Montague (National Writers Union, UAW Local 1981/AFL-CIO)

=====

[1] Tracey J. Woodruff y otros, "Public Health Implications of 1990 Air
Toxics Concentrations across the United States," ENVIRONMENTAL HEALTH
PERSPECTIVES Vol. 106, No. 5 (May 1998), págs. 245-251.

[2] James L. Pirkle y otros, "Exposure of the U.S. Population to Lead,
1991-1994," ENVIRONMENTAL HEALTH PERSPECTIVES Vol. 106, No. 11
(November 1998), págs. 745-750.

[3] William L. Roper y otros, PREVENTING LEAD POISONING IN YOUNG
CHILDREN (Atlanta, Ga.: Centers for Disease Control, October, 1991).

[4] National Research Council (Bruce A. Fowler y otros, editores),
MEASURING LEAD EXPOSURE IN INFANTS, CHILDREN, AND OTHER SENSITIVE
POPULATIONS (Washington, D.C.: National Academy Press, 1993).

[5] A. Russell Flegal y Donald R. Smith, "Lead Levels in Preindustrial
Humans," NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE Vol. 326 (May 7, 1992), págs.
1293-1294.

[6] Committee on Environmental Health, American Academy of
Pediatrics, "Lead Poisoning: From Screening to Primary Prevention,"
PEDIATRICS Vol. 92 (July 1993), págs. 176-183. Y ver: John F.
Rosen, "Health Effects of Lead at Low Exposure Levels," AMERICAN
JOURNAL OF DISEASES OF CHILDREN Vol. 146 (November 1992), págs. 1278-
1281. Y ver: John F. Rosen, "Effects of Low Levels of Lead Exposure,"
SCIENCE Vol. 256 (April 17, 1992), pág. 294. Y: Herbert L. Needleman y
otros, "Deficits in Psychologic and Classroom Performance of Children
with Elevated Dentine Lead Levels," NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE
Vol. 300, No. 13 (March 29, 1979), págs. 689-695. Y ver: Joel
Schwartz, "Low-Level Lead Exposure and Children's IQ: A Meta-analysis
and Search for a Threshold," ENVIRONMENTAL RESEARCH Vol. 65 (1994),
págs. 42-55. Y ver: Herbert L. Needleman and Constantine A.
Gastonis, "Low-Level Exposure and the IQ of Children," JOURNAL OF THE
AMERICAN MEDICAL ASSOCIATION Vol. 263, No. 5 (February 2, 1990), págs.
673-678.

[7] Huntington Williams y otros, "Lead Poisoning in Young Children,"
PUBLIC HEALTH REPORTS Vol. 67 (March, 1952), págs. 230-236.

[8] Shoshana T. Melman y otros, "Prevalence of Elevated Blood Lead
Levels in an Inner-city Pediatric Clinic Population," ENVIRONMENTAL
HEALTH PERSPECTIVES Vol. 106, No. 10 (October 1998), págs. 655-657.

[9] Este estudio fue descrito en Marianne C. Fahs, "White House Should
Stay With Lead Cleanup [carta al editor]," NEW YORK TIMES September 18,
1991, pág. A18.

Palabras claves: plomo; niños; salud infantil; racismo; contaminación
del aire; carcinógenos; epa;

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