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#637 - Contra el Grano, 10-Feb-1999

Un nuevo libro escrito por Marc Lappe y Britt Bailey, AGAINST THE GRAIN
("CONTRA EL GRANO"), pone en claro que la ingeniería genética está
revolucionando la agricultura en los EUA casi de un día para el otro
[1].

En 1997, un 15% de la cosecha de soya de los EUA fue cultivada a partir
de semillas de ingeniería genética. Para el próximo año, si la agenda
de la Corporación Monsanto se desarrolla según lo programado, un 100%
de la cosecha de soya de los EUA (60 millones de acres) será de
ingeniería genética [1, pág. 5]. La misma revolución está sucediendo,
al mismo ritmo, con el algodón. El maíz, las papas, los tomates y otros
cultivos de alimentos están ligeramente rezagados pero, en comparación
con las velocidades tradicionales de cambio en los cultivos, están
siendo distribuidos en el ecosistema global a una velocidad altísima.

Los medios de comunicación han mantenido silencio en buena medida
acerca de la revolución de la ingeniería genética en la agricultura, y
los reguladores del gobierno no han impuesto requerimientos de
etiquetado, de manera que el público tiene poco o ningún conocimiento
de que ciertos alimentos alterados genéticamente ya están siendo
vendidos en las tiendas de comestibles en todas partes, y que pronto
pudieran quedar pocas formas tradicionales de alimentos en las repisas.

La ingeniería genética es el proceso por el cual se implantan genes de
una especie en otra para darle nuevas características a la recipiente.
Tradicionalmente, el movimiento de genes sólo era posible entre
especies estrechamente relacionadas. En el orden natural establecido
por el Creador, no había manera de que los genes de los perros pudieran
entrar en los gatos. Ahora, sin embargo, la ingeniería genética les
permite a los científicos jugar a ser Dios, sacando genes de una trucha
o un mosquito e implantándolos en un tomate, para bien o para mal.

Tres agencias federales regulan los cultivos y los alimentos de
ingeniería genética --el Departamento de Agricultura de los EUA (U.S.
Department of Agriculture, USDA), la Dirección de Alimentos y Drogas de
los EUA (U.S. Food and Drug Administration, FDA) y la Agencia de
Protección Ambiental de los EUA (U.S. Environmental Protection Agency,
EPA). Se han escuchado discursos de los directores de las tres agencias
que los hacen sonar notablemente como porristas de la ingeniería
genética, más que jueces imparciales de una tecnología nueva y
poderosa; y las tres agencias han determinado políticas de que:

** No es necesario mantener registros públicos de cuáles granjas están
usando las semillas de ingeniería genética;

** Las compañías que les compran a los agricultores y les venden a los
productores de alimentos y a las cadenas de tiendas de alimentos no
tienen que mantener las cosechas de ingeniería genética separadas de
las cosechas tradicionales, de manera que los compradores no tienen
forma de evitar comprar los alimentos de ingeniería genética;

** Nadie tiene que etiquetar ninguna cosecha, o ningún producto
alimenticio, con información acerca de su origen de ingeniería
genética, de manera que los consumidores no tienen forma de escoger con
fundamento en la tienda de alimentos. En los EUA, todo alimento lleva
una etiqueta mencionando sus ingredientes importantes, con la notable
excepción de los alimentos de ingeniería genética.

Estas políticas tienen dos efectos principales:

(1) han mantenido al público en la ignorancia acerca de la rápida
propagación de los alimentos de ingeniería genética en la mesa
familiar, y

(2) evitarán que los epidemiólogos sean capaces de rastrear los efectos
a la salud, en caso de que aparecieran, ya que nadie sabrá quién ha
sido expuesto a los productos genéticos nuevos y quién no.

Actualmente, los productos alimenticios Pillsbury están hechos a partir
de cultivos de ingeniería genética. Otros alimentos que ahora son de
ingeniería genética incluyen la margarina Crisco; los aliños Kraft para
ensaladas; el chocolate Nestle; las hamburguesas vegetarianas Green
Giant; la margarina Parkay; las leches de fórmula infantil Isomil y
ProSobee; y los aceites vegetales Wesson. Las papas fritas Fritos,
Doritos, Tostitos y Ruffles --y las que se venden en McDonald's-- son
de ingeniería genética [1, pág. 92].

Para el próximo año, si los planes de Monsanto se desarrollan según lo
programado --y no hay razón para pensar que no suceda así-- un 100% del
cultivo de soya de los EUA será de ingeniería genética. Un ochenta por
ciento de todos los aceites vegetales en los alimentos estadounidenses
son derivados de granos de soya, de manera que para el próximo año o el
año siguiente la mayoría de los alimentos que contienen aceites
vegetales van a contener componentes de ingeniería genética [1, pág.
52].

Podemos decir con certeza que nunca antes en la historia del mundo ha
sucedido una revolución tan rápida y a escala tan grande en el
suministro de alimentos de una nación. Y no sólo los EUA están
destinados al cambio. Las compañías de ingeniería genética (todas ellas
solían ser compañías químicas) --Dow, DuPont, Novartis, y
predominantemente, Monsanto-- están promoviendo agresivamente sus
semillas de ingeniería genética en Europa, Brasil, Argentina, México,
India, China y en otras partes. Se ha desarrollado una inmensa
oposición a la tecnología de Monsanto en todas partes en donde ha sido
introducida fuera de los Estados Unidos. Sólo en los EUA la
revolución "agbiotec" ha sido recibida con un silencio aplastante.

Monsanto --el líder indudable en los cultivos de ingeniería genética--
argumenta que la ingeniería genética es necesaria (y no sólo eso, sino
ESENCIAL) si se quiere que el suministro mundial de alimento esté a la
par del crecimiento de la población humana. Sin la ingeniería genética,
miles de millones [de personas] morirán de hambre, dice Monsanto. Sin
embargo, ni Monsanto ni ninguna de las otras compañías de ingeniería
genética parecieran estar desarrollando cultivos de ingeniería genética
que pudieran solucionar la escasez global de alimento. Todo lo
contrario.

Si los cultivos de ingeniería genética estuviesen dirigidos a alimentar
a los hambrientos, entonces Monsanto y los otros estarían desarrollando
semillas con ciertas características predecibles: (a) capacidad para
crecer en tierras de baja calidad o marginales; (b) plantas capaces de
producir proteínas de más alta calidad, con un aumento en el
rendimiento por acre, sin aumentar la necesidad de maquinaria costosa,
químicos, fertilizantes o agua; (c) estarían dirigidas a favorecer a
las granjas pequeñas frente a las granjas más grandes; (d) las semillas
serían baratas y estarían disponibles libremente sin licencias
restrictivas; y (e) serían para cultivos que alimenten gente, no
animales productores de carne.

Ninguno de los cultivos de ingeniería genética disponibles ahora o en
desarrollo (hasta donde estos han sido anunciados) tiene ninguna de
estas características deseables. Todo lo contrario. Las nuevas semillas
de ingeniería genética requieren suelos de alta calidad, inversiones
enormes en maquinaria y un aumento en el uso de químicos. Existen
evidencias de que sus rendimientos por acre son aproximadamente un 10%
más bajos que los de las variedades tradicionales (al menos en el caso
de la soya) [1, pág. 84], y ellas producen cultivos principalmente
dirigidos a ser alimento para animales productores de carne, no para
proporcionar proteína para la gente. La revolución de la ingeniería
genética no tiene nada que ver con alimentar a los hambrientos del
mundo.

El hecho real es que dos tercios de los cultivos de ingeniería genética
disponibles ahora o en desarrollo, están diseñados específicamente para
aumentar la venta de los pesticidas producidos por las compañías que
están vendiendo las semillas de ingeniería genética [1, pág. 55]. Por
ejemplo, Monsanto está vendiendo una linea de productos "Roundup
Ready", creados por ingeniería genética para resistir altas dosis del
herbicida que siempre ha producido mucho dinero, el Roundup (glifosato)
de Monsanto. Un cultivo "Roundup Ready" de soya puede resistir un
torrente de Roundup que mate a todas las malezas que compitan con el
cultivo. El agricultor gana 20 dólares por acre como ahorro de costos
(en comparación con las técnicas más antiguas que dependían de
cantidades menores de químicos más caros), pero el ecosistema recibe
mucho más Roundup que antes. Para hacer legal la tecnología "Roundup
Ready", la EPA tuvo que complacer a Monsanto al triplicar [la cantidad
de] residuos permitidos de Roundup que pueden permanecer en el cultivo
[1, pág. 75]. La patente de Monsanto para el Roundup vence en el año
2000, pero cualquier agricultor que use las semillas "Roundup Ready"
tiene que acceder a comprar sólo la marca de herbicida de Roundup de
Monsanto. De esta manera, el monopolio de la patente del Roundup de
Monsanto se extiende efectivamente al futuro inmediato --una astuta
maniobra de negocios si alguna vez la hubo. Sin embargo, esto no
debería confundirse con alimentar a los hambrientos del mundo. Es
vender más de los químicos de Monsanto y llenar los fondos
corporativos, que es lo que se quiere hacer. "Alimentar a los
hambrientos" es un truco de ventas, no una realidad.

La otra linea principal de Monsanto en los cultivos de ingeniería
genética contiene el gen de un pesticida natural llamado Bt. El Bt es
un organismo que mata muchas clases de orugas que comen las hojas de
los cultivos y está presente de manera natural en la tierra. El Bt es
el pesticida preferido en los cultivos de poco uso de químicos, de
manejo integrado de la plaga o IPM (por sus siglas en inglés) y de los
cultivos orgánicos. Los agricultores que intentan minimizar el uso de
pesticidas químicos sintéticos dependen de un rociado ocasional con Bt
para prevenir que un cultivo sea invadido por orugas comedoras de
hojas. Para ellos, el Bt es un regalo de Dios, un milagro de la
naturaleza.

Monsanto ha tomado el gen Bt y lo introdujo por medio de la ingeniería
genética en el algodón, el maíz y las papas. Cada célula de cada planta
contiene el gen Bt y por lo tanto produce la toxina Bt. Es como rociar
el cultivo fuertemente con Bt, día tras día . El resultado es
totalmente predecible y no está en discusión. Cuando las plagas de
insectos comen cualquier parte de estos cultivos, los únicos insectos
que sobreviven son aquellos que (a) son resistentes a la toxina Bt, o
(b) cambian su dieta para preferir comer otras plantas, trastornando
así el ecosistema local y quizás perjudicando los cultivos agrícolas
vecinos.

Según los científicos de la Dow Chemical que están comercializando su
propia línea de cultivos contenedores de Bt, dentro de 10 años el Bt
habrá perdido su utilidad debido a que demasiados insectos habrán
desarrollado resistencia a su toxina [1, pág. 70]. Así, Monsanto y Dow
están ganando abundantemente en el corto plazo, mientras destruyen la
utilidad del único pesticida natural que proporciona apoyo fundamental
al enfoque de poco pesticida del IPM y los cultivos orgánicos. Es otro
plan de negocios brillante --aunque totalmente despiadado y antisocial--
de Monsanto.

En última instancia, para que haya sustentabilidad y rendimiento máximo
a largo plazo, los ecosistemas agrícolas tienen que volverse
diversificados otra vez. Esta es la idea clave subyacente a los
cultivos orgánicos. Los monocultivos --cultivar acre por acre de lo
mismo-- es la antítesis de la sustentabilidad debido a que los
monocultivos son frágiles e inestables, están sujetos a enjambres de
insectos, sequías y añublos. Los monocultivos sólo pueden sustentarse
con aportes intensivos y costosos de agua, energía, químicos y
maquinaria. El cambio hacia el IPM y los cultivos orgánicos ha
comenzado a afianzarse lentamente en este país en las dos décadas
pasadas --a pesar de la oposición del gobierno federal, de las
compañías químicas, de los bancos que dan préstamos agrícolas y de las
corporaciones que venden seguros. Ahora viene la revolución de la
ingeniería genética, la cual está arrastrando a la agricultura de los
EUA nuevamente por el sendero viejo hacia los grandes monocultivos,
dependiendo fuertemente de la maquinaria, la energía, el agua y los
químicos, todo lo cual favorece a la gran granja frente a la pequeña
operación familiar. Es precisamente la dirección equivocada a tomar en
cuanto a la tecnología agrícola a finales del siglo 20, si las metas
son el rendimiento máximo a largo plazo, la seguridad en los alimentos
y la sustentabilidad.

Es una dirección errada también por otra razón.

Cuando un 100% de la soya en los EUA sean cultivadas a partir de la
semilla "Roundup Ready" --el próximo año-- entonces un 100% de los
agricultores estadounidenses de la soya serán dependientes de un único
proveedor para todas sus semillas y los químicos necesarios para
permitir que aquellas semillas prosperen. Resumiendo, Monsanto habrá
logrado el monopolio de un cultivo de un alimento fundamental. Resulta
claro que la meta de Monsanto es un monopolio similar de todo cultivo
importante de alimentos aquí y en el exterior. Si algo no cambia
pronto, podemos predecir sin temor a equivocarnos que un pequeño número
de las corporaciones de "ciencias de la vida" (como les gusta llamarse
a sí mismas) --la mayoría de estas estadounidenses y el resto europeas--
tendrán el monopolio de las semillas necesarias para crecer todos los
cultivos principales de alimentos en el mundo. Entonces los
hambrientos, al igual que los bien alimentados, tendrán que pagarles a
los propietarios corporativos de esta nueva tecnología por el permiso a
comer.

[Continuará].

=====

[1] Marc Lappe y Britt Bailey, AGAINST THE GRAIN; BIOTECHNOLOGY AND THE
CORPORATE TAKEOVER OF YOUR FOOD [ISBN 1567511503] (Monroe, Maine:
Common Courage Press, 1998). Disponible a través de Common Courage
Press, P.O. Box 207, Monroe, ME 04951. Teléfono: (207) 525-3068.

Palabras claves: agricultura; biotecnología; ingeniería genética;
regulación; usda; fda; epa; corporaciones; seguridad de los alimentos;
pesticidas; bt; glifosato; roundup; monsanto; dow; dupont;

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