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#648 - Los Pesticidas y la Agresividad, 28-Apr-1999

Durante los últimos 25 años, decenas de millones de estadounidenses en
cientos de ciudades y pueblos han venido bebiendo agua de la llave que
está contaminada a niveles bajos con insecticidas, herbicidas y
fertilizantes artificiales. Ellos no solamente la beben; también se
bañan y se duchan con ella, inhalando así pequeñas cantidades de
químicos agrícolas y absorbiéndolos a través de la piel. Naturalmente,
el problema es peor en las áreas agrícolas del país.

Los contaminantes más comunes son los insecticidas de carbamato (el
aldicarb y otros), los herbicidas de triazina (la atrazina y otros) y
el nitrógeno en forma de nitrato [1]. Por años, científicos del
gobierno han estudiado cada uno de estos químicos por separado a
niveles bajos en animales de laboratorio --buscando principalmente
señales de cáncer-- y han declarado a cada uno de ellos como un "riesgo
aceptable" a los niveles que se encuentran típicamente en las aguas
subterráneas.

Ahora, un grupo de biólogos e investigadores médicos de la Universidad
de Wisconsin en Madison dirigidos por Warren P. Porter, terminaron un
experimento de 5 años en el que pusieron mezclas de estos químicos a
niveles bajos en el agua potable de ratones machos y midieron
cuidadosamente los resultados. Los científicos reportaron recientemente
que las combinaciones de estos químicos --a niveles similares a
aquellos encontrados en el agua subterránea de las áreas agrícolas de
los E.U.A.-- tienen efectos perjudiciales medibles en los sistemas
nervioso, inmune y endocrino (hormonal) [2]. Más aún, ellos dicen que
sus investigaciones tienen implicaciones directas sobre los seres
humanos.

El Dr. Porter y sus colegas señalaron que el sistema nervioso, el
sistema inmune y el sistema endocrino (hormonal) están relacionados
estrechamente y se encuentran en comunicación constante entre sí. Si
cualquiera de los tres sistemas resulta dañado o degradado, los otros
dos pueden resultar afectados de manera adversa. Por esto, los
investigadores de Wisconsin diseñaron sus experimentos para examinar
los efectos de los químicos agrícolas sobre cada uno de los tres
sistemas simultáneamente. Para determinar la función del sistema inmune
midieron la capacidad de los ratones de producir anticuerpos en
respuesta a proteínas foráneas. Para determinar la función del sistema
endocrino midieron los niveles de hormona tiroidea en la sangre. Y para
determinar la función del sistema nervioso midieron el comportamiento
agresivo en presencia de ratones intrusos introducidos en las jaulas.
También buscaron efectos sobre el crecimiento midiendo el peso total
del cuerpo y el peso del bazo de cada animal.

Los experimentos se repitieron muchas veces para asegurar que los
resultados eran reproducibles. Encontraron efectos sobre el sistema
endocrino (según los niveles de la hormona tiroidea) y el sistema
inmune, y también encontraron peso corporal reducido, como consecuencia
de las mezclas a niveles bajos de aldicarb y nitrato, atrazina y
nitrato, y atrazina, aldicarb y nitrato juntos. Observaron un aumento
en la agresividad por la exposición a la atrazina y al nitrato juntos,
y a la atrazina, al aldicarb y al nitrato juntos.

El grupo de investigadores de Wisconsin escribió: "De particular
significación en el trabajo colectivo de Boyd y otros [3], Porter y
otros [4] y nuestro estudio actual [2] es que el CAMBIO EN LA
CONCENTRACION DE LA HORMONA TIROIDEA fue una respuesta consistente
debida a las mezclas, y usualmente NO fue debida a los químicos por
separado". [Enfasis en el original].

En el experimento de cinco años, los niveles de hormona tiroidea
subieron o cayeron dependiendo de la mezcla de químicos agrícolas
puesta en el agua potable. El Dr. Porter y sus colegas presentaron
evidencias de otros estudios que muestran que numerosos químicos
agrícolas pueden afectar los niveles de hormona tiroidea de los
animales silvestres y los seres humanos. Los PCBs y las dioxinas pueden
tener efectos parecidos, observan. Se requieren niveles adecuados de
hormona tiroidea para el desarrollo cerebral de los seres humanos antes
del nacimiento. Algunos estudios, aunque no todos, han mostrado que el
déficit de la atención y/o los desórdenes de hiperactividad en los
niños están relacionados a cambios en los niveles de hormona tiroidea
en la sangre. Los niños con sensibilidad química múltiple (MCS, por sus
siglas en inglés) tienen niveles anormales de hormona tiroidea. Más
aún, la irritabilidad y el comportamiento agresivo están relacionados a
los niveles de hormona tiroidea.

Entrevistado recientemente por Keith Hamm, del diario SANTA BARBARA
[CAL.] INDEPENDENT [5], el Dr. Porter explicó: "Trabajos previos han
mostrado que la hormona tiroidea cambió típicamente cuando hubo
exposición a estos pesticidas. La hormona tiroidea no sólo afecta y
controla la tasa metabólica, es decir, qué tan rápido se queman los
alimentos; también controla el nivel de irritabilidad. Por ejemplo, la
personalidad Tipo A es más enérgica, más agresiva, más hiper[activa].
Estas personas tienden a tener niveles de hormona tiroidea más altos.
La personalidad Tipo B tiene niveles de hormona tiroidea más bajos --
son individuos realmente relajados, que en verdad toman las cosas con
calma--. Nosotros esperábamos que los cambios en la [hormona] tiroidea
cambiarían los niveles de irritabilidad. Esto nos preocupaba debido a
que había información de que los niños se están volviendo más hiper
[activos] y [que sus] capacidades de aprendizaje están disminuyendo",
dijo el Dr. Porter.

Un estudio reciente de niños de 4 y 5 años de edad en México notó
específicamente una disminución en la capacidad mental y un aumento en
el comportamiento agresivo entre los niños expuestos a pesticidas [6].
Elizabeth A. Guillette y sus colegas estudiaron dos grupos de niños
indígenas Yaqui que viven en el Valle Yaqui en la parte norte de
Sonora, México. Un grupo de niños vive en las tierras bajas dominadas
por la agricultura con uso intensivo de pesticidas (45 o más rociadas
cada año) y el otro grupo vive en las tierras altas cercanas a las
estribaciones de las montañas, donde sus padres viven de la ganadería
sin usar pesticidas. Los niños expuestos a los pesticidas tenían una
resistencia física mucho menor en una prueba para ver cuánto tiempo
podían mantenerse saltando; tenían una menor coordinación manual-visual
y no podían dibujar una simple figura de un ser humano a base de
líneas, lo que los niños de las tierras altas podían hacer fácilmente.

Es de hacer notar que en el estudio de Guillette encontramos esta
descripción del comportamiento de los niños expuestos a los
pesticidas: "Se observó a algunos niños del valle golpeando a sus
hermanos al pasar, y se molestaron o se enojaron fácilmente con un
comentario menor de corrección de alguno de los padres. Este
comportamiento agresivo no se observó en los niños de las tierras altas
[libres de pesticidas]".

El cuerpo humano puede defenderse a sí mismo en cierto grado contra los
venenos, pero el Dr. Porter y sus colegas describen maneras en las
cuales mezclas a niveles bajos de pesticidas y fertilizantes pudieran
pasar por encima de las defensas del cuerpo:

El cuerpo está preparado para protegerse a sí mismo contra venenos
tomados oralmente. El hígado comienza a producir enzimas que tratan de
degradar los químicos solubles en las grasas. Sin embargo, el cuerpo no
ofrece la misma clase de defensas si un veneno entra a través de los
pulmones o la piel. Más aún, la capacidad del cuerpo para producir
defensas pudiera estar comprometida por la toma de ciertos medicamentos
(por ej., antibióticos), o por recibir "pulsos" de toxinas, más que por
una dosis constante.

Recibir "pulsos" de venenos sería normal en el caso de los venenos
agrícolas que son rociados sobre los cultivos sólo en ciertos momentos
del año. Durante esos lapsos, la gente que vive cerca de los campos
rociados pudiera recibir una dosis súbita de veneno a través de sus
pulmones, su piel y su agua potable. El Dr. Porter describe una
situación como ésa de esta manera:

"Imagínese [que] usted está parado en un cuadrilátero de boxeo y un
boxeador entra y camina sonriendo hacia usted con su mano estirada.
Usted extiende la mano para saludarlo y él lo golpea en el estómago tan
duro como puede. Y cuando usted levanta sus brazos para defenderse, él
se echa hacia atrás. Finalmente usted se cansa de mantener sus defensas
en alto y las baja y él corre y lo golpea de nuevo. Ese es el
equivalente físico de una 'dosis pulso', que es a lo que normalmente
tendemos a estar expuestos".

"Las defensas que tenemos toman un rato para inducirse, de la misma
manera en que a usted le toma un momento poner sus defensas en alto.
Toma algo entre medio día y cinco días para inducir aquellas [defensas]
a los niveles apropiados. Si usted está en una fase particular de su
ciclo hormonal o está tomando ciertos antibióticos, puede comprometer
su capacidad para defenderse incluso habiendo tenido suficiente tiempo
para inducir sus defensas. Si usted recibió una dosis pulso que pasó
por encima de sus defensas o que entró más rápido de lo que puede poner
sus defensas en alto, entonces usted tiene una situación en la que es
totalmente vulnerable".

"Si una mujer embarazada, por ejemplo, recibe una exposición en el día
20 cuando el tubo neural del feto se está cerrando, la mujer no ha
tenido suficiente tiempo para inducir sus defensas. Su nivel de hormona
tiroidea sube o baja, la hormona atraviesa la placenta y puede alterar
permanentemente el patrón de desarrollo del cerebro del feto. Y luego
la dosis pulso se va, nadie la detectó, la mujer ni siquiera sabe que
está embarazada y puede tener un hijo que está comprometido
neurológicamente y [entonces ella] se pregunta: '¿Cómo sucedió esto?'"

En la entrevista con Keith Hamm, el Dr. Porter expresó su preocupación
por el efecto general de los pesticidas sobre los niños de la nación:

Hamm: "¿Se usan los pesticidas, herbicidas y fertilizantes más o menos
en estos días que hace cincuenta años atrás y han cambiado las
toxicidades?"

Porter: "El uso ha seguido aumentando. En este momento hay una enorme
cantidad de estos [químicos siendo usados]. Hay un estudio reciente que
examinó la orina de gente en todo el país, [donde se preguntaba] si la
gente estaba siendo expuesta. En promedio estaban siendo excretados de
cinco a siete compuestos. Hay una gran cantidad de exposición entre la
población general".

"Y sí, definitivamente, las toxicidades han cambiado. [Algunas
toxicidades se miden ahora] en partes por billón. Quisiera señalar que
los fetos son sensibles a los químicos en partes por trillón".

Hamm: "Yo supondría que la mayoría de la gente en este país está
ingiriendo comida cultivada convencionalmente. Si ese es el caso, ¿no
serían más evidentes los problemas? ¿Por qué no hay más gente poco
inteligente e hiperagresiva con sistemas inmunes pobres?"

Porter: "Si realmente miramos con cuidado lo que está sucediendo en
este país, usted puede encontrar que eso es exactamente lo que está
pasando".

* * *

Debido a la violencia reciente en ciudades pequeñas y pueblos (tales
como Littleton, Colorado, Laramie, Wyoming y Jasper, Texas), esta es
una época en la que los estadounidenses están buscando las causas de la
violencia en su sociedad. Algunos le echan la culpa a un descenso en la
educación religiosa. Otros le echan la culpa a los hogares donde los
padres trabajan y nadie se ocupa de los niños. Algunos dicen que las
causas son las películas violentas, la violencia en la televisión y los
sitios extremistas en la internet, sumadas a lo fácil que es conseguir
armas de fuego baratas. Otros más señalan a un gobierno que ha
sancionado frecuentemente la violencia de la "diplomacia cañonera "
para abrir mercados extranjeros para las corporaciones de los E.U.A.

Nadie parece preguntar si los pesticidas, los fertilizantes y los
metales tóxicos [ver REHW #529, #551] están afectando la capacidad
mental, el balance emocional y el ajuste social de la gente joven. Por
lo que se desprende del trabajo de Warren Porter, Elizabeth Guillette y
otros, pareciera que estas preguntas son válidas.

--Peter Montague (National Writers Union, UAW Local 1981/AFL-CIO)

=====

[1] Jack E. Barbash y Elizabeth A. Resek, PESTICIDES IN GROUND WATER
(Chelsea, Michigan: Ann Arbor Press, 1996); Richard Wiles y otros, TAP
WATER BLUES (Washington, D.C.: Environmental Working Group, 1994);
Brian A. Cohen y Richard Wiles, TOUGH TO SWALLOW (Washington, D.C.:
Environmental Working Group, 1997); Environmental Working Group,
POURING IT ON; NITRATE CONTAMINATION OF DRINKING WATER (Washington,
D.C.: Environmental Working Group, 1996). Ver www.ewg.org. Y ver: Gina
M. Solomon y Lawrie Mott, TROUBLE ON THE FARM; GROWING UP WITH
PESTICIDES IN AGRICULTURAL COMMUNITIES (New York: Natural Resources
Defense Council, October, 1998).

[2] Warren P. Porter, James W. Jaeger y Ian H. Carlson, "Endocrine,
immune and behavioral effects of aldicarb (carbamate), atrazine
(triazine) and nitrate (fertilizer) mixtures at groundwater
concentrations," TOXICOLOGY AND INDUSTRIAL HEALTH Vol. 15, Nos. 1 y 2
(1999), págs. 133-150.

[3] C.A. Boyd, M.H. Weiler y W.P. Porter, "Behavioral and neurochemical
changes associated with chronic exposure to low-level concentration of
pesticide mixtures," JOURNAL OF TOXICOLOGY AND ENVIRONMENTAL HEALTH
Vol. 30, No. 3 (July 1990), págs. 209-221.

[4] W.P. Porter y otros, "Groundwater pesticides: interactive effects
of low concentrations of carbamates aldicarb and methamyl and the
triazine metribuzin on thyroxine and somatotropin levels in white
rats," JOURNAL OF TOXICOLOGY AND ENVIRONMENTAL HEALTH Vol. 40, No. 1
(September 1993), págs. 15-34. Y ver: W.P. Porter y otros, "Toxicant-
disease-environment interactions associated with suppression of immune
system, growth, and reproduction," SCIENCE Vol. 224, No. 4652 (June 1,
1984), págs. 1014-1017.

[5] Keith Hamm, "What's In the Mix?" SANTA BARBARA [CALIFORNIA]
INDEPENDENT April 15, 1999, pág. 21 y páginas siguientes. Ver
www.independent.com/007/001/002.html. Agradecemos a George Rauh por
habernos avisado sobre esta entrevista.

[6] Elizabeth A. Guillette y otros, "An Anthropological Approach to the
Evaluation of Preschool Children Exposed to Pesticides in Mexico,"
ENVIRONMENTAL HEALTH PERSPECTIVES Vol. 106, No. 6 (June 1998), págs.
347-353.

Palabras claves: violencia; hormonas; hormona tiroidea; desarrollo;
agresividad; químicos y comportamiento; comportamiento y químicos;
delincuencia; estudios; méxico; warren p. porter; elizabeth guillette;
adhd; desórdenes de la atención; hiperactividad; discapacidad de
aprendizaje; desarrollo del cerebro; estabilidad emocional;

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