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  • In August 2002, the Los Angeles Unified School District (LAUSD) Board voted to ban soft drinks from all of the district’s schools

#618 - The Bridge to the High Road -- Parte 1, 30-Sep-1998

El movimiento ecologísta está pataleando sin avanzar y se está ahogando
lentamente. Existen evidencias abundantes de que nuestros esfuerzos --y
éstos han sido formidables, incluso heroicos-- han fracasado en gran
parte. (Por ejemplo, ver REHW #613). Después de 30 años de trabajo
extremadamente duros y sacrificios tremendos, hemos fracasado en
contener la corriente de deterioro ambiental.

No se equivoque: nuestros esfuerzos han tenido un efecto beneficioso.
Las cosas estarían mucho peores hoy en día si nuestro trabajo de los
pasados 30 años nunca hubiese tenido lugar. Sin embargo, la manera
correcta de juzgarnos a nosotros mismos no es preguntándonos: ¿Hemos
mejorado las cosas? Evidentemente sí. Las preguntas correctas son: ¿Han
sido adecuados nuestros esfuerzos? ¿Hemos tenido éxito? ¿Siquiera nos
hemos acercado a controlar la corriente de destrucción? Y, más
profundamente: ¿Ha sido nuestra visión acorde con la escala y el
alcance de los problemas que nos propusimos solucionar? Para ésas
preguntas, si somos honestos con nosotros mismos, tenemos que
responder: No.

¿Qué tenemos que hacer entonces? Unas pocas cosas se han vuelto
evidentes con la evolución de nuestro trabajo durante el último cuarto
de siglo. Esta corta serie reforzará algunas viejas ideas e introducirá
algunas ideas nuevas para el desarrollo sostenible. La serie está
dirigida a provocar reflexión y debate, y ciertamente no se intenta
ofrecer la última palabra sobre nada.

Ideas claves

La toma de decisiones abierta y democrática será un componente esencial
de toda estrategia exitosa. Después de la caída del muro de Berlín,
pudimos alcanzar a ver lo que le había ocurrido al medio ambiente y a
la gente bajo la dictadura soviética [1]. Los soviéticos tenían una de
las leyes ambientales más estrictas del mundo en los libros, pero sin
la capacidad de los ciudadanos para participar en las decisiones o dar
el pitazo frente a violaciones mayúsculas, aquellas leyes no
significaban nada. Europa Oriental resultó completamente "embasurada"
bajo el régimen soviético, y pasarán décadas (o más) antes de que se
pueda lograr su recuperación. Varias generaciones de seres humanos
fueron sacrificadas y su ambiente natural fue diezmado.

Por la misma razón que la ciencia no puede encontrar respuestas
confiables sin una revisión crítica abierta, las burocracias (bien sean
públicas o privadas) no pueden lograr resultados beneficiosos sin la
participación activa de los ciudadanos en las decisiones, y sin
protección fuerte para los centinelas [2]. Si no hay mucha gente
estudiando un problema y dando sus diferentes puntos de vista para
tratarlo, los errores permanecen sin ser corregidos, las perspectivas
estrechas y los motivos egoístas son recompensados, y el bienestar
general usualmente no será promovido (parafraseando la Constitución).

La importancia fundamental de la toma de decisiones democrática
significa que nuestras estrategias no deben estar enfocadas en batallas
legislativas. Claramente, tenemos que exigir que el poder total del
gobierno sea aprovechado hacia lograr nuestras metas, pero esto es
totalmente diferente de enfocar nuestros esfuerzos en campañas de
cabildeos para convencer al Congreso o a una asamblea legislativa
estatal para que haga lo correcto de tiempo en tiempo. El cabildeo
puede movilizar gente a corto plazo, pero la sola movilización no crea
organización a largo plazo. Movilizar no es lo mismo que organizar.
Durante los últimos 30 años, el movimiento ecologísta ha tenido algún
éxito notable movilizando gente, pero poco éxito construyendo a largo
plazo organizaciones alrededor y dentro de las cuales la gente pueda
vivir sus vidas (de la manera en que muchas familias en las décadas de
los años 30, 40 y 50 vivieron sus vidas alrededor y dentro de sus
luchas gremiales por salarios decentes, condiciones decentes de
trabajo, un día de 8 horas, etcétera). El foco de nuestras estrategias
tiene que estar en construir organizaciones que involucren gente y, en
ese proceso, encontrar nuevos aliados. El poder para gobernar vendría
naturalmente de aquellos esfuerzos.

Esta pregunta de la democracia no es trivial, es profunda. Y divide
profundamente el movimiento ecologista, o más bien los movimientos en
general. Muchos miembros del movimiento ecologista de la corriente
principal tienden a ver a la gente común como el enemigo (por ejemplo,
les encanta señalar a Pogo diciendo: "Hemos visto al enemigo y él [el
enemigo] somos nosotros"). Ellos fundamentalmente no confían en que la
gente tome buenas decisiones, de manera que prefieren dejar a la gente
común fuera de la ecuación. En vez de esto, ellos confabulan con
abogados y expertos a puertas cerradas y luego anuncian su "solución"
(cualquiera que sea). Después cabildean al Congreso esperando que el
Congreso imponga esta última "solución" sobre todos nosotros.

Naturalmente, gente como ésa no tiene un gran arrastre y
sus "soluciones" --incluso cuando el Congreso ha estado dispuesto a
imponerlas sobre nosotros-- frecuentemente han probado ser caras,
pesadas y ultimadamente infructuosas.

Desde los días de la revolución estadounidense, personas concienzudas
han reconocido que nuestra democracia depende decisivamente de una
ciudadanía informada. Thomas Jefferson escribió en 1820: "No conozco un
lugar seguro para depositar los poderes últimos de la sociedad sino el
mismo pueblo; y si pensamos que no es suficientemente inteligente para
ejercer su control con una sana discreción, la solución no es
quitárselo, sino informar su discreción". Y Franklin Roosevelt dijo en
una charla en 1938: "El único baluarte seguro de libertad continua es
un gobierno suficientemente fuerte para proteger los intereses del
pueblo, y un pueblo suficientemente fuerte y suficientemente bien
informado para mantener el control soberano sobre su gobierno".

En la era moderna, la toma de decisiones democrática abierta es
esencial para la supervivencia. Sólo informando a la gente y confiando
en sus decisiones, podremos sobrevivir como una sociedad humana.
Nuestras tecnologías son ahora demasiado complejas y demasiado
poderosas para ser dejadas solamente en las manos de unos pocos
expertos. Si se les permite tomar decisiones a puertas cerradas,
pequeños grupos de expertos pueden cometer errores fatales. Uno piensa
en la vieja Comisión de Energía Atómica (Atomic Energy Commission, AEC)
justificando las pruebas de armas nucleares sobre la superficie de la
tierra. A principios de los años 1950, su precipitación atómica estaba
regando la población con estroncio-90, un elemento altamente
radioactivo que se hace pasar por calcio cuando entra en el cuerpo. Una
vez dentro del cuerpo, el estroncio-90 se mueve hacia los huesos, donde
irradia la médula ósea, causando cáncer. Los mejores y más brillantes
[científicos] de la AEC estudiaron este problema en detalle y
concluyeron que la lluvia de estroncio-90 sobre las praderas de la
parte central de los EUA no le haría daño a nadie. Expresaron en
memorándums secretos que la única forma en que el estroncio-90 podría
entrar en los seres humanos sería a través del ganado pastando sobre
grama contaminada. Calcularon la ingestión de estroncio-90 por las
reses y la cantidad que terminaría en los huesos de las reses. Después
midieron cuidadosamente las pequeñas astillas de fragmentos de huesos
encontrados en una hamburguesa típica. Sobre esa base, la AEC reportó
al Congreso en 1953: "El único peligro potencial para los seres humanos
sería la ingestión de astillas de huesos que pudieran estar
entremezcladas con tejido muscular al matar [las reses] y cortar la
carne. De ésta manera entraría en el cuerpo una cantidad
insignificante" [4]. Así, concluyeron, el estroncio-90 no estaba
poniendo en peligro a la gente.

Al año siguiente, en 1954, el Congreso le dio acceso al público a
muchas de las deliberaciones de la AEC. Tan pronto como esos
memorándums se hicieron públicos, los científicos y los ciudadanos en
St. Louis comenzaron a preguntar: "¿Qué hay de la leche de vaca?" Los
científicos de la AEC no tenían una respuesta. Fueron negligentes en
preguntarse si el estroncio-90, imitando al calcio, podría contaminar
la leche de vaca, lo que por supuesto hace. A éstos expertos de la AEC
en particular no se les permitió tomar más decisiones en secreto, y la
comunidad mundial pronto le dio fin a las pruebas de armas nucleares
sobre la superficie de la tierra, formalizando un tratado hace 35 años.
(Recientemente incluso China y Francia parecen haber captado la
sabiduría de este enfoque). Sin embargo, los secretos en el gobierno y
la toma de decisiones corporativa continúan amenazando el bienestar de
todos nosotros sobre el planeta a medida que se despliegan las nuevas
tecnologías a una velocidad acelerada después de una consideración
inadecuada de sus efectos. Sólo informando a la gente ampliamente y
confiando en sus decisiones podremos sobrevivir como una sociedad
humana. La toma de decisiones democrática abierta ya no es un lujo. En
el mundo moderno, es una necesidad para la supervivencia humana.

Para que la democracia funcione, la economía también debe servir a
nuestras metas democráticas. Parece obvio que el propósito primordial
de la economía es servir a las necesidades humanas básicas de todos
según un criterio de justicia ampliamente compartido. Pero cada vez más
nuestra propia economía en los EUA está violando este principio. Un
cinco por ciento de la gente se las arregla como bandidos, un 40% está
bien; sin embargo la mayoría es excluida cada vez más de la cornucopia,
abandonados para que se peleen entre ellos por las migajas. Y el abismo
entre ricos y pobres continúa haciéndose más grande.

El economista Lester Thurow, del MIT ha observado: "Ningún país que no
esté experimentando una revolución por una derrota militar con una
subsecuente ocupación probablemente ha tenido jamás un aumento en
desigualdad tan rápido o tan generalizado como ha sucedido en los EUA
en las últimas dos décadas" [3].

Nadie está abogando por una distribución igual de ingresos y riqueza.
Algunas personas quieren trabajar más duro que otras y ellas merecen
mayores premios por sus esfuerzos. Sin embargo, es obvio que toda la
riqueza ultimadamente se deriva de, y depende de, la comunidad. Solo,
Bill Gates no creó la riqueza que ahora tiene la Corporación Microsoft.
Con trabajo duro y algo de suerte, el Sr. Gates combinó
inteligentemente detalles técnicos y capacidades que heredó de la
sociedad más grande que vino antes que él. Estos siglos de desarrollo
acumulado son el legado de la comunidad para cada uno de nosotros, y
ellos son los que nos permiten crear riqueza. Los empresarios
individuales son importantes, pero la riqueza es creada en la mayor
medida por la comunidad, no por los individuos. Cada miembro de la
comunidad, por lo tanto, puede reclamar precisamente una porción justa
de los beneficios de la economía.

Los ciudadanos que no pueden tomar parte en los beneficios de la
economía rara vez pueden participar en la toma de decisiones
democrática y, en consecuencia, la república resulta debilitada. Más
aún, si un gran segmento de la sociedad se deja fuera de los beneficios
de la economía, esto siembra envidia, desconfianza, animosidad y
ultimadamente miedo y peligro para todos. Debilita la tela que hace de
muchos, uno ('e pluribus unum', como dice en las monedas de los EUA).
Una amplia distribución de la riqueza y del desarrollo humano debería
ser la meta de nuestra economía porque es moral y éticamente correcto,
porque le traerá el mayor bienestar al mayor número de gente, y porque
es la única manera de preservar nuestro ideal más importante --nuestra
democracia, sin la cual seguramente perderemos nuestra libertad.

Un reciente manifiesto ha llamado mi atención. Se llama BUILDING THE
BRIDGE TO THE HIGH ROAD ("CONSTRUYENDO EL PUENTE HACIA LA CARRETERA")
por Dan Swinney quien dirige el Centro del Centrooeste para las
Investigaciones Laborales (Midwest Center for Labor Research) en
Chicago. Me parece que es una nueva declaración importante de cómo
pudiéramos lograr algunas de nuestras metas fundamentales. Y
precisamente podría ofrecerle al movimiento ambientalista nuevas
perspectivas acerca de las maneras para dejar de patalear y avanzar de
nuevo. Usted puede adquirir una copia a través del world wide web --
www.mclr.com, aunque tendrá que bajarlo en 14 secciones y
reensamblarlas en una sola pieza. También puede ordenar una copia en
papel por $10 a través de: MCLR, Room 10, 3411 W. Diversy, Chicago, IL
60647; teléfono (773) 278-5418. La semana que viene le echaremos un
vistazo al manifiesto prometedor de Dan.

--Peter Montague (National Writers Union, UAW Local 1981/AFL-CIO)

=====

[1] Por ejemplo, ver Antonin Kratochvil y Marlise Simons, "Eastern
Europe, The Polluted Lands," NEW YORK TIMES MAGAZINE 29 de abril de
1990, págs. 31-35.

[2] William Sanjour y Stephen M. Cohen, ENVIRONMENTAL WHISTLEBLOWERS:
AN ENDANGERED SPECIES (Annapolis, Maryland: Environmental Research
Foundation, 1994). Y ver REHW #484.

[3] Lester Thurow, THE FUTURE OF CAPITALISM (New York: William Morrow,
1966), pág. 42.

[4] H. Peter Metzger, THE ATOMIC ESTABLISHMENT (New York: Simon and
Schuster, 1972), págs. 93-94, citando el 13TH SEMI-ANNUAL REPORT OF THE
AEC [TO CONGRESS] fechado 28 de enero de 1953.

Palabras claves: democracia; economía; desigualdad; riqueza; pobreza;
estroncio-90; armas nucleares;

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