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#610 - ¿Pueden las Corporaciones Rendir Cuentas?, 05-Aug-1998

por Richard Grossman*

A finales del siglo 19, la Corte Suprema de Georgia en el juicio de
RAILROAD CO. CONTRA COLLINS, escribió:

"La experiencia ha demostrado que grandes acumulaciones de propiedades
en manos que posiblemente las mantengan intactas por un largo tiempo
son perjudiciales para el bienestar público. Teniendo una sucesión
perpetua, cualquier tipo de corporación tiene una facilidad peculiar
para tales acumulaciones, y la mayoría de los gobiernos han encontrado
que es necesario tener precaución en sus subvenciones de los estatutos
de constitución corporativos. Incluso las corporaciones religiosas, que
no profesan, y en general, sinceramente, otra cosa que no sea el bien
general, han demostrado no soportar esta objeción, de manera que en
Inglaterra hace mucho tiempo se consideró necesario restringirlas en
sus poderes para adquirir bienes raíces. Libres, como lo son tales
cuerpos, de los límites seguros --la tumba-- que tienen los esquemas de
los individuos, estos cuerpos son capaces de sumar campo a campo y
poder a poder, hasta que en total se vuelven demasiado fuertes para la
sociedad que está formada por aquellos cuyos planes están limitados por
una sola vida" [1].

Los jueces White, Brennan y Marshall, disintiendo en un caso en 1978,
FIRST NATIONAL BANK OF BOSTON CONTRA BELOTTI, expresaron:

"Se ha reconocido hace tiempo, sin embargo, que el estatus especial de
las corporaciones las ha ubicado en una posición para controlar una
gran cantidad de poder económico que puede, si no es regulado, dominar
no sólo a la economía, sino también al corazón mismo de nuestra
democracia, el proceso electoral... El Estado no debe permitir que su
propia creación lo consuma" [2].

Rehnquist, el presidente del tribunal, disintiendo en el mismo caso:

"...la bendición de una vida potencialmente perpetua y de
responsabilidad limitada... tan beneficiosa [sic--R.G.] en la esfera
económica, representa un especial peligro en la esfera política" [3].

Un gran logro de las corporaciones, cuando se dirigían hacia el fin del
siglo 19 para transformar la ley y volver a crearse a ellas mismas, fue
reemplazar las herramientas básicas del pueblo soberano --la definición
de los privilegios, la definición de las leyes de constitución en
sociedad, las medidas de "¿por cuál autoridad?" y la revocación de las
escrituras de constitución-- con leyes reguladoras y administrativas,
nuevas doctrinas legales y multas como penalidades corporativas. Mucha
gente de esa época se dio cuenta de que estos cambios equivalían a una
contrarrevolución y de ésta manera resistió con gran pasión y energía.

Los agricultores y trabajadores no estaban dispuestos a reconocer que
la forma corporativa definiría el trabajo y el dinero, y el progreso, y
la eficiencia, y la productividad, y los gremios, y la justicia, y la
conducta ética, y el sostenimiento, y los alimentos, y el
comportamiento perjudicial y razonable. Ellos no estaban dispuestos a
reconocer que las corporaciones debían tener los derechos y privilegios
de las personas.

De manera que se organizaron, se educaron y resistieron. Fueron
aplastados por la capacidad de las corporaciones gigantes para usar a
los gobiernos estatal y federal para quitarles los derechos al pueblo y
conferírselos a las corporaciones.

Con el tiempo, las corporaciones se volvieron capaces de exigir para sí
mismas los derechos y privilegios que les fueron quitados al pueblo
soberano a través de la violencia con decisiones favorables de jueces
federales. A las corporaciones se les concedió la condición de personas
y una larga lista de derechos civiles y políticos como la libre
expresión, y los derechos de propiedad como el derecho a definir y
controlar las inversiones, la producción y la organización del trabajo.

A principios del siglo 20, las corporaciones se habían vuelto soberanas
y habían transformado a la gente en consumidores, o trabajadores, o
como quiera que la corporación del momento decidiera definir a los
seres humanos.

Sin una comprensión clara de la historia, la mayoría de los esfuerzos
ciudadanos contra las corporaciones en este siglo han sido luchas
contra los síntomas del dominio corporativo, el cual nosotros hemos
combatido en arenas administrativas y reguladoras.

Pero estas NO son arenas de soberanía. Estas son medidas manipuladas de
antemano donde el pueblo, las comunidades y la naturaleza son
fundamentalmente desfavorecidos frente a los derechos constitucionales
de las corporaciones. Aquí, nosotros no podemos preguntar ¿"por cuál
autoridad" la corporación X ha entrado en una pauta de comportamiento
que constituye un ataque al pueblo soberano? Aquí, nosotros no podemos
declarar a una corporación ULTRA VIRES, o "más allá de su autoridad".
Al contrario, las leyes reguladoras y administrativas sólo nos permiten
cuestionar los comportamientos corporativos específicos, uno a la vez,
generalmente después de que se hizo el daño...una y otra vez.

En estas medidas reguladoras y administrativas, tanto la ley como la
cultura reconocen los derechos, privilegios y poderes de la
corporación, que las generaciones anteriores sabían que no era legítimo
que poseyeran las corporaciones. Además de esto, en estas medidas, la
corporación tiene los derechos de las personas naturales: un ser humano
y una corporación se encuentran frente a frente en una "pelea justa".

Hoy en día, nuestra ley y cultura le confirieron a las corporaciones
nuestra soberanía. Así lo hacen la mayoría de nuestras propias
organizaciones civiles dedicadas a la justicia y la protección
ambiental y los derechos de los trabajadores y los derechos humanos.
Consecuentemente, nuestras organizaciones usan sus energías y recursos
para estudiar a cada corporación como si fuese la única, y para
protestar contra los actos corporativos uno a la vez, como si eso
pudiera cambiar la naturaleza de las corporaciones.

La gente lleva la cuenta de las agresiones corporativas incesantemente,
estudian las agencias reguladoras y tratan de fortalecerlas. Nosotros
tratamos de hacer un poco menos malos los químicos tóxicos corporativos
y la radiación corporativa y la energía corporativa y las actividades
bancarias corporativas y la agricultura corporativa y el transporte
corporativo, la compra corporativa de las elecciones, y la escritura
corporativa de la legislación, y la educación corporativa de nuestros
jueces y la distorsión corporativa de nuestras escuelas.

¿No es esta una historia antigua? Las personas crean lo que parece ser
una máquina ingeniosa, un robot, llamado la corporación. Con el tiempo,
los robots se juntan y dominan a las personas. Ellos se rediseñan a sí
mismos y reconstruyen la ley y la cultura de manera que las personas no
pueden recordar que ellos crearon a los robots en primer lugar, que los
robots son máquinas y no están vivos. Durante un siglo, los robots
hicieron propaganda e indoctrinaron a cada generación de personas de
manera que crecieron creyendo que los robots son también personas, un
regalo de Dios y de la Madre Naturaleza; que son inevitables y la
fuente de todo lo que es bueno. Qué raro que nosotros hayamos sido tan
crédulos, tan dóciles, tan obedientes.

¿No es extraño que nosotros no recordemos quiénes somos Nosotros, el
Pueblo? ¿De qué manera deberíamos como pueblo soberano contemplarnos a
nosotros mismos, de qué manera debería actuar el pueblo soberano?
Nosotros tenemos que darnos cuenta qué poder y autoridad poseemos, y
cómo los podemos usar PARA DEFINIR LA NATURALEZA DE LAS CORPORACIONES,
de manera que no tengamos que movilizarnos por cada una de las
decisiones corporativas que afectan a nuestras comunidades, a nuestras
vidas, al planeta.

En medio de lo que nosotros experimentamos acerca de las corporaciones,
de lo que nosotros sabemos que es cierto, ¿por qué tantas personas son
tan obedientes? ¿Por qué nosotros nos aferramos a la esperanza de que
la corporación puede volverse socialmente responsable? ¿No es esta una
noción absurda? Después de todo, las organizaciones no pueden rendir
cuentas. Esto es sólo un concepto irrelevante, ya que el propósito
principal de las corporaciones es proteger a los gerentes, directores y
accionistas de la responsabilidad de lo que hacen sus corporaciones.

Pero sólo las personas pueden ser responsables. ¿Cómo? Definiéndonos
nosotros mismos como pueblo soberano, de manera que podamos definir
entonces todos los cuerpos empresariales que nosotros generemos
(gubernamentales, de negocios, educativos, caritativos y cívicos).

Nosotros, el Pueblo somos quienes debemos rendir cuentas. Nosotros no
somos responsables cuando creamos robots monstruosos que galopan en
nuestras comunidades y quienes, en nuestro nombre, salen al mundo a
causar estragos en otros lugares y en la autonomía de otros pueblos.

Nosotros no estamos siendo responsables socialmente o cívicamente
cuando no actuamos como un pueblo soberano.

Nosotros no estamos siendo responsables socialmente o cívicamente
cuando jugamos en arenas corporativas con reglas corporativas.

Nosotros no estamos siendo responsables socialmente o cívicamente
cuando permitimos que nuestros representantes en el gobierno les
confieran nuestra soberanía a unas máquinas.

Nosotros no estamos siendo responsables socialmente o cívicamente
cuando organizamos a nuestras comunidades y luego vamos a los
ejecutivos corporativos y a los profesionales vendidos que dirigen
grupos corporativos de primera línea y pedirles que por favor ocasionen
un daño menor; o cuando nosotros les ofrecemos incluso más recompensas
por ser un poco menos dominantes.

Un pueblo soberano no les pide a, o negocia con, entidades subordinadas
que nosotros creamos. Un pueblo soberano INSTRUYE a las entidades
subordinadas. Un pueblo soberano DEFINE todas las entidades que genera.
Y cuando una entidad subordinada viola los términos de su creación y
debilita nuestra capacidad para gobernarnos a nosotros mismos, se
necesita que nosotros entremos en acción de manera rápida y responsable
para eliminar a este cáncer del cuerpo político.

Con hechos como éstos nosotros le hacemos honor a las millones de
personas que lucharon antes que nosotros para arrancarles el poder a
los tiranos, por definirse a ellas mismas en medio del terror y la
violencia. Y nosotros hacemos más fáciles todas las luchas por la
justicia y la democracia al debilitar la capacidad de las corporaciones
para hacer las reglas y para regirnos.

Algunos pudieran decir que esta no es una manera práctica de pensar y
actuar. ¿Por qué? Porque las corporaciones nos van a quitar nuestros
empleos? ¿Nuestra comida? ¿Nuestro papel sanitario? ¿Nuestros
hospitales? ¿Porque sin las corporaciones mundiales nosotros no sabemos
cómo dirigir nuestros pueblos y ciudades y nuestra nación? ¿Porque las
corporaciones escaparán a otro estado o a otro país? ¿Porque la Corte
Suprema ha hablado? ¿Porque las corporaciones filantrópicas no nos
darán dinero? ¿Porque todo esto es de terror? ¿Porque es demasiado
tarde para actuar como un pueblo soberano?

¿Porque, en 1997, para la gente a lo largo y ancho de la nación y
alrededor del mundo no es realista eliminar los derechos civiles y
políticos de todas las corporaciones, quitarles los derechos de
propiedad y las propiedades inmobiliarias que las corporaciones les han
quitado a los seres humanos y a la Tierra?

Sí, y ¿ES realista seguir concediéndoles poderes soberanos a las
corporaciones, seguir luchando contra corporaciones industriales y
corporaciones bancarias y corporaciones de los medios de comunicación y
corporaciones de extracción de recursos y corporaciones de relaciones
públicas y corporaciones de transporte y corporaciones educativas y
corporaciones de seguros y corporaciones de la agroindustria y
corporaciones de la energía y corporaciones del mercado de valores, una
a la vez y por siempre jamás?

El 10 de enero de 1997, el Presidente William Jefferson Clinton envió
una carta al alcalde de Toledo, Ohio. El alcalde le había pedido ayuda
al Presidente en hacer que la Corporación Chrysler construyera una
nueva fábrica Jeep dentro de los límites de la ciudad de Toledo para
reemplazar la antigua, la cual la Corporación Chrysler estaba cerrando.
El Presidente de los Estados Unidos, líder de la nación más poderosa
que el mundo ha conocido jamás, elegido jefe de un gobierno siempre
deseoso de celebrar la singularidad de su democracia hasta el punto de
imponerla sobre otras naciones, escribió:

"...Como estoy seguro que usted sabe, mi Administración no puede
aprobar ninguna ubicación potencial para el nuevo sitio de producción.
Mi equipo de Asuntos Intergubernamentales estará feliz de trabajar con
usted una vez que la Junta de Directores de Chrysler haya tomado su
decisión..."[4]

Nuestro Presidente puede no tener una idea, pero Nosotros, el Pueblo no
renunciamos a nuestra soberanía cuando convertimos a Chrysler en una
corporación. Cuando nosotros le dimos a la Corporación Chrysler
autoridad para fabricar automóviles, nosotros no hicimos al pueblo de
Toledo sus súbditos, ni a la Corporación Chrysler su autoridad suprema.

¿Cuánto tiempo tendremos Nosotros, el Pueblo, el pueblo soberano, que
estar afuera de los salones de juntas de las corporaciones esperando
con la mano extendida a que nos informen sobre nuestro destino? ¿Cuánto
tiempo tendrá que pasar hasta que nosotros instruyamos a nuestros
representantes para que cumplan sus deberes constitucionales? ¿Cuánto
tiempo tendrá que pasar hasta que NOSOTROS nos volvamos
responsables...hasta que NOSOTROS les rindamos cuentas a nuestros
antepasados, a nosotros mismos, a nuestros niños, a otros pueblos y
especies y a la Tierra?

=====

* Richard Grossman es codirector del Programa sobre Corporaciones,
Leyes y Democracia (Program on Corporations, Law and Democracy,
POCLAD), P.O. Box 246, South Yarmouth, MA 02664-0246. Teléfono (508)
398-1145; E-mail: people@poclad.org. Por $25,00; POCLAD ofrece
un "equipo de contacto" que incluye bibliografía, artículos, una lista
de recursos y una subscripción de un año a su nueva revista trimestral.

[1] RAILROAD CO. V. COLLINS, 40 GA 582.

[2] FIRST NATIONAL BANK OF BOSTON V. BELOTTI 435 US 765 (1978).

[3] La misma fuente de la Nota 2, arriba.

[4] Carta de Bill Clinton al Honorable Carleton S. Finkbiner, fechada
el 10 de enero de 1997, impresa en la publicación TOLEDO BLADE, el 25
de enero de 1997.

Palabras claves: richard grossman; corporaciones; historia
estadounidense; soberanía; democracia;

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