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#581 - Sigan el Dinero, 14-Jan-1998

Con la "reducción" del gobierno en años recientes, las corporaciones
han encontrado oportunidades para financiar las investigaciones
científicas y la educación que el gobierno solía financiar. ¿Le dará
esto a las corporaciones la oportunidad de influenciar las opiniones
científicas y médicas? Dicho de otra manera: ¿son los expertos en
ciencia y medicina capaces de recibir dinero corporativo sin alterar
sutilmente sus opiniones científicas y médicas?

Un reciente artículo en la revista NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE
(NEJM) --la primera investigación de su tipo-- muestra con bastante
claridad que los expertos en ciencia y medicina que reciben dinero
corporativo tienen opiniones que difieren significativamente de las de
los expertos que no reciben dinero corporativo [1].

Investigadores en Toronto, Canadá, examinaron una controversia médica
para ver cuáles científicos tenían qué tipo de opinión. La controversia
que ellos estudiaron fue el uso de los bloqueadores de los canales de
calcio, que son usados para tratar la presión sanguínea alta y las
enfermedades cardíacas. En 1995, el Instituto Nacional del Corazón, los
Pulmones y la Sangre (National Heart, Lung and Blood Institute) alertó
a los médicos que uno de tales bloqueadores de canales aumentaba el
riesgo de muerte de ataques al corazón [2]. Otros bloqueadores de
canales fueron sospechosos de ser peligrosos.

Los investigadores de Toronto examinaron 70 artículos sobre
bloqueadores de canales, clasificaron a los autores en tres categorías
(partidarios, neutrales y críticos), luego enviaron encuestas por
correo a los autores, preguntándoles acerca de sus vínculos financieros
con corporaciones farmacéuticas. Los 70 artículos tenían un total de 86
autores, y 71 de éstos devolvieron las encuestas. El propósito de las
encuestas era contestar a 3 preguntas:

1) Si era más probable que los partidarios de los bloqueadores de los
canales de calcio tuvieran vínculos financieros con los fabricantes de
estos bloqueadores, que otros autores. La respuesta fue sí. Un 96% de
los autores partidarios tenían relaciones financieras con los
fabricantes, en comparación con un 60% de los autores neutrales y un
37% de los autores críticos.

2) Si era más probable que los críticos de los bloqueadores de los
canales de calcio tuvieran vínculos financieros con los fabricantes de
productos que compiten con ellos (bloqueadores beta, inhibidores
enzimáticos de la conversión de angiotensina, diuréticos y nitratos),
que otros autores. La respuesta fue no. De hecho, los partidarios y
autores neutrales tenían una mayor probabilidad de tener vínculos
financieros con fabricantes de productos que compiten con ellos, que
los autores críticos (un 88% y 53% respectivamente, frente a un 37%).

3) Si era más probable que los partidarios de los bloqueadores de los
canales de calcio tuvieran vínculos financieros con CUALQUIER
fabricante de fármacos, que otros autores. La respuesta fue sí. Un 100%
de los autores partidarios, en comparación con un 67% de los autores
neutrales y un 43% de los autores críticos, tenían vínculos financieros
con al menos un fabricante de fármacos.

Los vínculos financieros son definidos como cualquiera de estos cinco:
financiamientos para viáticos; honorarios por discursos; apoyo
económico para programas educativos; subvenciones para investigaciones
y empleo o remuneración por asesorías.

Los investigadores observaron que su estudio dependía de los datos
reportados por los propios científicos y debido a esto probablemente
subestimaron los vínculos reales entre los científicos y los
financieros corporativos.

Los autores del estudio observaron que en sólo 2 de los 70 artículos
los autores divulgaron sus conexiones con las corporaciones. Ellos
concluyeron: "La profesión médica ha fracasado en desarrollar y hacer
cumplir lineamientos estrictos para revelar conflictos de intereses".
Y: "Es necesaria la revelación total de las relaciones entre los
médicos y los fabricantes de fármacos para mantener la integridad de la
profesión médica y mantener la confianza del público".

Desafortunadamente, hasta las columnas de la revista médica más
prestigiosa en los EUA --la NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE (NEJM)--
han sido infiltradas por empleados corporativos encubiertos que se
hacen pasar por expertos médicos objetivos.

El pasado 20 de noviembre, la NEJM publicó una reseña mordaz del libro
de Sandra Steingraber, LIVING DOWNSTREAM: AN ECOLOGIST LOOKS AT CANCER
(VIVIENDO RIO ABAJO --UN ECOLOGO OBSERVA EL CANCER) --un libro que, en
nuestra opinión, eclipsa a SILENT SPRING, de Rachel Carson. (Ver REHW
#565). La reseña estaba firmada "Jerry H. Berke, M.D., M.P.H., 49
Windsor Ave., Acton, MA 01720" --simplemente de la manera en que
cualquier profesional médico no afiliado firmaría una reseña como ésa
[3].

La reseña de Berke comenzaba con un ataque a todos los
ambientalistas: "Un viejo colega mío una vez sugirió que el producto
del trabajo de un ambientalista es la controversia. El miedo y la
amenaza de peligros ocultos, no escogidos, aumentan la recaudación de
financiamiento para las organizaciones políticas ambientalistas y para
financiar la investigación ambiental, sugirió". La reseña de Berke
prosiguió diciendo que el libro de Steingraber está "parcializado"
y "obsesionado con la contaminación ambiental". Berke finaliza
diciendo: "El objetivo de LIVING DOWNSTREAM en última instancia parece
ser la controversia".

Esta fue la primera reseña negativa que recibió el libro de
Steingraber. El libro está ahora en su segunda edición y ha sido
ampliamente elogiado. La misma Steingraber fue nombrada recientemente
como una "mujer destacada del año" por la revista MS. Magazine.

A principios de diciembre, Bill Ravanesi, un productor de cine que
tiene su base en Boston, y Paul Brodeur, el muy conocido autor de
libros sobre asbestos y radiaciones electromagnéticas, revelaron que
Jerry H. Berke es director de toxicología de W.R. Grace, uno de los
fabricantes de productos químicos más grande del mundo y un
contaminador bien conocido. A Grace se le conoce mejor como la compañía
que contaminó el agua potable de la ciudad de Woburn, en Massachusetts,
y después pagó 8 millones de dólares a un grupo de niños (o sus padres
sobrevivientes) que se enfermaron de leucemia. Durante la investigación
Woburn, Grace fue descubierta en dos mentiras graves a la Agencia de
Protección Ambiental de los EUA (U.S. Environmental Protection Agency,
EPA), por las cuales pagaron una multa insignificante de 10.000 dólares
[4].

La historia de Woburn ha sido contada en el libro de gran éxito de
ventas A CIVIL ACTION (UNA ACCION CIVIL) y pronto volverá a ser
relatada en una película protagonizada por John Travolta, que
interpreta a un abogado muy trabajador que juega a ser David contra el
Goliat de Grace.

Por su parte, la NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE parece nerviosa e
incapaz de enderezar su historia. En una entrevista, Sandra Steingraber
dijo que cuando ella llamó por primera vez a la oficina de Robert S.
Schwartz, el editor de las reseñas de libros de la NEJM, habló con la
asistente de Schwartz, Lisa Lum, quien negó que Berke era empleado de
Grace actualmente. Lum le dijo a Steingraber que Berke era un asesor
independiente.

Cuando Steingraber volvió a llamar y habló con el propio Dr. Schwartz,
éste insistió en que él no sabía que Berke trabajaba para Grace.
Schwartz le dijo a Steingraber que los críticos tenían que hacer
declaraciones diciendo que ellos no tienen conflictos de intereses,
pero que la NEJM no "verifica los antecedentes" de los críticos.

Schwartz le dijo a Steingraber que los críticos son seleccionados de
una base de datos de nombres de personas que han manifestado un interés
en escribir reseñas de libros para la NEJM. Lisa Lum me dijo (14/01/98)
que la base de datos SI CONTIENE las afiliaciones de los críticos
potenciales. "Oh, sí", dijo, "las afiliaciones están allí". ¿Cómo se
les escapó entonces la afiliación de Berke? La Sra. Lum no lo diría.

Según Steingraber, recientemente la NEJM ha cambiado su historia una
vez más, diciendo que ellos sabían que Berke estaba afiliado con W.R.
Grace, pero que ellos pensaban que W.R. Grace era un hospital.

Jerry Berke le dijo a Michele Landsberg, un columnista del diario
TORONTO STAR, que (1) el formulario de conflictos de intereses que él
firmó para la NEJM identificaba claramente su conexión con Grace; (2)
toda la correspondencia que recibió de Schwartz estaba dirigida a él en
W.R. Grace [5]. Más aún, Berke fue identificado como un empleado de
Grace en otra reseña de un libro que fue publicada en la NEJM en 1995
[6]. Sin embargo, Schwartz insiste en que él no sabía nada acerca de la
conexión de Berke con Grace, y de HABERLO sabido, no le hubiera pedido
reseñar el libro de Steingraber.

Berke dice que funcionarios de Grace decidieron hacerle eliminar su
afiliación de la reseña de la NEJM en el último minuto [7]. Grace
evidentemente quería evitar alimentar el escándalo anti Grace que
probablemente estalle cuando la película de Travolta sea estrenada más
adelante este año. Sin embargo, habiendo admitido que sus superiores en
Grace le hicieron eliminar el nombre de Grace para evitar la
controversia obvia, Berke continúa insistiendo en que él no tenía un
conflicto de intereses. Berke le dijo al columnista Michele Landsberg
que está "horrorizado" de que su exposición de una "visión personal"
sea interpretada como un conflicto de intereses [5].

El editor en jefe de la NEJM, Jerome P. Kassirer, le dijo a la
Associated Press: "Es risible que Berke pensara que él podría escribir
una reseña objetiva del libro, siendo que él era un empleado de W.R.
Grace" [7]. Desafortunadamente, el propio Kassirer no siempre reconoce
un conflicto de intereses cuando ve uno. A finales de 1997, Kassirer le
entregó las columnas editoriales de la NEJM a Stephen Safe, un
investigador que a lo largo de 1997 estaba recibiendo 150.000 dólares
(un 20% del presupuesto de investigación de Safe) de la Asociación de
Fabricantes de Químicos (Chemical Manufacturers Association, CMA) [8].
El editorial de Safe --al igual que la reseña de Jerry Berke--
comenzaba con un ataque irracional contra el
ambientalismo: "La 'quimiofobia', el miedo irracional a los químicos,
es una reacción pública común frente a los informes científicos o de
los medios de comunicación que sugieren que la exposición a varios
contaminantes ambientales puede representar una amenaza a la salud".
Sin duda este es un extraño mensaje de un científico. Está diciendo que
si usted le teme a los químicos porque los informes científicos indican
que ellos pudieran perjudicar su salud, usted está sufriendo de una
fobia irracional. Quizás el Dr. Safe no escribió el editorial en su
calidad de científico. Quizás lo escribió como un subordinado de la
CMA. (Ver REHW #574).

En cualquier caso, el mismo Safe le dijo al reportero Larry Tye, del
diario BOSTON GLOBE: "Sentí una pequeña puntada" acerca de la
posibilidad de un conflicto de intereses cuando estaba escribiendo el
editorial, "pero no era muy grande", dijo. Sin embargo dijo: "Puedo ver
por qué lo mencionaría la gente". Safe se defendió
diciendo: "Difícilmente hay en el país algún científico de las ciencias
biológicas o médicas que no haya tenido financiamiento de la
industria" --la vieja excusa del "todos lo hacen".

Desafortunadamente, casi todos LO ESTAN haciendo. En estos tiempos,
conviene estar alerta cuando usted recibe opiniones de investigadores
científicos y médicos "imparciales". Como señala George Annas, profesor
de derecho sanitario en la Escuela de Salud Pública de la Universidad
de Boston: "Casi todos los expertos en el área han recibido, en algún
momento, dinero de subvenciones o un honorario de alguien". En otras
palabras, si usted quiere entender la "objetividad" en la ciencia y la
medicina del ambiente y la salud en estos días, se aplica la misma
recomendación que en la política: siga el dinero. Los crecientes
financiamientos corporativos de la ciencia y la medicina tienen la
capacidad para corromper casi a cualquiera.

--Peter Montague
(National Writers Union, UAW Local 1981/AFL-CIO)

=====

[1] Henry Thomas Stelfox y otros, "Conflict of Interest in the Debate
over Calcium-Channel Antagonists," NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE Vol.
338, No. 2 (January 8, 1998), págs. 101-106.

[2] Richard A. Knox, "Study finds conflict in medical reports," BOSTON
GLOBE January 8, 1998, A12.

[3] Jerry H. Berke, "Book Review: Living Downstream: An Ecologist Looks
at Cancer and the Environment," NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE Vol.
337, No. 21 (November 20, 1997), pág. 1562.

[4] Peter B. Lord, "How Important is One Negative Book Review?"
PROVIDENCE [Rhode Island] JOURNAL-BULLETIN December 24, 1997, pág. A-1.

[5] Michele Landsberg, "Famed journal's objectivity gets a black eye,"
TORONTO STAR December 21, 1997, pág. A2.

[6] Jerry H. Berke, "[Book Review] Textbook of Clinical Occupational
and Environmental Medicine," NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE Vol. 332,
No. 5 (February 2, 1995), págs. 340-341. Esta reseña está
firmada: "Jerry H. Berke, M.D., M.P.H., Lexington, MA 02173 W.R. Grace
& Co."

[7] Associated Press, "Medical Journal Apologizes for Ethics Blunder,"
WASHINGTON POST December 28, 1997, pág. A3..

[8] Larry Tye, "Journal fuels conflict-of-interest debate," BOSTON
GLOBE January 6, 1998, págs. B1, B8.

Palabras claves: new england journal of medicine; conflicto de
intereses; ciencia; jerry berke; stephen safe; chemical manufacturers
association; cma; corporaciones; sandra steingraber; living downstream;
bill ravanesi; paul brodeur; woburn, ma; a civil action;

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