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#548 - Los Origenes de las Ideas Ecologistas, 28-May-1997

¿De dónde vino el movimiento ecológico comunitario? La mayoría de la
gente diría que comenzó con acciones de ciudadanos a finales de los
años 70 y principios de los 80 --y por supuesto que, en parte, tendrían
razón. Pero el mundo estaba preparado para el ecologismo comunitario
debido a ciertas IDEAS, y esas ideas se originaron, sorprendentemente,
con una persona --un científico en San Luis, Missouri, llamado Barry
Commoner.

Commoner nació el 28 de mayo de 1917, en Brooklyn, Nueva York, hijo de
un sastre inmigrante ruso. En 1933 inició estudios en la Universidad de
Columbia, y luego Harvard, recibiendo su Ph.D. en Biología Celular en
1941. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Fuerza Aérea
Naval. En 1947 ocupó una posición académica en la Universidad de
Washington en San Luis, donde se distinguió rápidamente como un
investigador excepcionalmente creativo y de conocimientos profundos,
estudiando los virus y los elusivos "radicales libres" en tejidos vivos.

Commoner continuó publicando trabajos sobre proteínas y radicales
libres por 20 años, pero a principios de la década de los 50 ocurrió
algo que atrapó su atención y llevó su interés hacia cuestiones más
grandes. En la mañana del 25 de abril de 1953, una bomba nuclear fue
detonada en el Campo de Pruebas Atómicas de Nevada. Treinta y seis
horas después, hubo una intensa tormenta en la ciudad de Troy, Nueva
York, a 2.300 millas de distancia del Campo de Pruebas Atómicas de
Nevada, y los conteos de radiación en el Instituto Politécnico
Rensselaer (Rensselaer Polytechnic Institute, RPI) comenzaron a
registrar el descenso de partículas atómicas en cantidades de tres
veces la radiación natural de fondo [1]. El detrito radioactivo que
estaba cayendo sobre Troy se convirtió en un evento noticioso
importante y repentinamente el público empezó a entender que no se
tiene que vivir cerca del Campo de Pruebas Atómicas de Nevada para
resultar irradiado por pruebas de bombas atómicas.

Ese evento hizo que Barry Commoner pensara en una nueva dirección --una
dirección que eventualmente llevaría al actual movimiento ecologista
comunitario.

Cuando Commoner intentó informarse más acerca de la lluvia atómica en
1953, encontró que mucha de la información era secreta --clasificada
así por el gobierno de los EUA. Esto les hizo imposible a los
científicos académicos examinar los datos --una violación de los
principios de la ciencia.

Como lo expresó Commoner, la ciencia sólo puede funcionar si los
científicos pueden comunicar libremente sus datos y sus
interpretaciones de los datos. "Necesitamos recordar", escribió en la
revista SCIENCE en 1958, "que el desarrollo de una verdad científica es
un resultado directo del grado de comunicación que normalmente existe
en ciencia. Como individuos, los científicos no son menos falibles que
cualquier otra persona razonablemente precavida. Lo que nosotros
llamamos una verdad científica surge de la insistencia de los
investigadores en la publicación libre de sus propias observaciones.
Esto le permite al resto de la comunidad científica revisar los datos y
evaluar las interpretaciones, de manera que eventualmente se origina un
cuerpo de hechos e ideas sostenido comúnmente. Cualquier omisión en
comunicar la información a toda la comunidad científica estorba el
logro de un entendimiento común" [2]. El corazón de la ciencia es la
comunicación abierta, así que los secretos --bien sean impuestos por el
gobierno o por corporaciones privadas-- son opuestos a la ciencia.

Commoner enfatizó muchas veces su punto de vista de que el método
científico se apoya firmemente en la comunicación abierta: "Los
científicos no son, individualmente, más veraces que cualquier otro. No
obstante, la ciencia ES un camino para llegar a la verdad, y los
científicos --la mayoría de ellos-- practican su arte de manera veraz.
¿Por qué? La razón es que la ciencia llega a la verdad a través del
discurso abierto. Los científicos aprenden a practicar la ciencia de
manera veraz cometiendo sus errores en público. Esto les permite a sus
colegas corregir información incorrecta y modificar conclusiones
erradas. Este es el sentido de la publicación abierta de resultados
científicos; es la manera esencial en la que la ciencia se acerca a la
verdad" [3].

El tema de la lluvia atómica ocupó a Commoner por más de una década.
Mientras lo estudiaba, derivó muchos de los principios de la protección
ecológica que ahora constituyen la base implícita del movimiento
ecológico comunitario.

Por ejemplo, Commoner estableció claramente el principio de que, en una
democracia, los científicos no tienen mayor derecho de tomar decisiones
que cualquier otra persona. Hoy en día los activistas comunitarios
podrían expresar esto de la siguiente manera: "Es su mundo. No se lo
deje a los expertos". Commoner dijo lo mismo 40 años atrás: las
decisiones con grandes consecuencias sociales no deben ser dejadas a
los expertos. Por el contrario, dijo Commoner, los expertos tienen la
obligación de informar al público sobre los hechos científicos y
entonces dejar que el público decida:

"Quienquiera que intente determinar si los riesgos biológicos de la
lluvia atómica mundial pueden o no ser justificados por la necesidad
debe, de alguna manera, considerar un número de vidas humanas en contra
de la acción deliberada para lograr la ventaja militar o política
deseada. Tales decisiones han sido tomadas antes --por ejemplo, por
comandos militares-- pero nunca en la historia de la humanidad una de
esas resoluciones ha involucrado literalmente a cada uno de los
individuos que viven ahora y que esperan vivir por algunas generaciones
en la tierra" [2].

Commoner continuó preguntando quién debería tomar tales resoluciones
que requieren una determinación del valor de la vida humana: ¿expertos
científicos o representantes políticos electos? [2].

Commoner señaló que los científicos no tienen una competencia especial
en asuntos de juicios morales. Más aún, dijo que "los científicos deben
hacer un esfuerzo en renunciar a cualquier conocimiento moral especial"
sobre el punto de experimentos nucleares continuos en la superficie.
Los científicos deberían hablar sobre el tema, si tienen información
relevante que comunicar, pero su experiencia no les confiere ninguna
capacidad especial para sacar conclusiones morales de sus datos. Cuando
se trata de poner en la balanza las vidas de los ciudadanos frente a
los objetivos militares, un científico es sólo un ciudadano más
haciendo un juicio moral --su experiencia científica no entra en la
ecuación moral.

Commoner dijo, "No debemos dejar que esta materia [la experimentación
nuclear] descanse, por omisión, en las manos de los científicos
solamente. Un asunto de esta gravedad no puede ser entregado para su
decisión a cualquier grupo menos inclusivo que la ciudadanía entera"
[2].

De hecho, "es evidente", Commoner argumentó en 1958, que "debe dársele
al público suficiente información sobre la necesidad de las
experimentaciones y los peligros de las lluvias atómicas para permitir
que cada ciudadano decida por sí mismo si las pruebas nucleares deben
continuar o ser detenidas" [2].

Commoner puso sus ideas en práctica: ayudó a los científicos y
ciudadanos a organizarse en el Comité para Información Nuclear de San
Luis (St. Louis Committee for Nuclear Information, CNI). Lanzaron un
periódico llamado NUCLEAR INFORMATION (INFORMACION NUCLEAR), que se
transformó en una revista con el importante (y alusivo) título,
SCIENTIST AND CITIZEN (CIENTIFICO Y CIUDADANO).

Commoner, y sus compañeros científicos en el CNI en San Luis, formaron
una alianza de trabajo con muchos ciudadanos locales. El trabajo de
Commoner estudiando la lluvia atómica lo convenció de que ésta
representaba un peligro biológico para los humanos. Sin embargo, el
gobierno de los EUA insistió que la lluvia atómica era benigna. Por
ejemplo, el Presidente Eisenhower dijo en 1956: "El mantenimiento de la
frecuencia actual de pruebas de bombas de hidrógeno[,] por el juicio
científico más sobrio y responsable... no pone en peligro la salud de
la humanidad" [4].

El Comité para Información Nuclear comenzó a recolectar dientes de
bebés y a enviarlos a un laboratorio para análisis de radioactividad.
El fin era demostrar que se estaba acumulando estroncio 90 en humanos.
El estroncio 90 es uno de los componentes principales de la lluvia
atómica de las pruebas de bombas atómicas. Tuvieron éxito. Ocho años
después, la posición oficial de los EUA respecto a la lluvia atómica
había cambiado completamente. En un discurso televisado en 1964, el
Presidente Johnson dijo: "Los productos mortíferos de las explosiones
atómicas estaban envenenando nuestros suelos y nuestra comida y la
leche que bebían nuestros niños y el aire que todos respirábamos... Los
venenos radioactivos estaban comenzando a amenazar la seguridad de la
gente alrededor del mundo. Eran una amenaza creciente a la salud de
cada niño no nacido" [4]. De hecho, ya en 1963, el Presidente Kennedy
había firmado un tratado internacional cesando las pruebas de armas
nucleares en la superficie. Fue un triunfo de la acción ciudadana, con
los científicos ayudando a traer hechos críticos a la luz.

Commoner reconocía frecuentemente el importante papel de una ciudadanía
activa: "La colaboración entre el científico y el ciudadano no es en
una sola dirección. Los ciudadanos han contribuido significativamente a
lo que los científicos ahora saben sobre la lluvia atómica. A través de
la Inspección Dental Infantil de San Luis, los niños de esa ciudad han
contribuido a la causa del conocimiento científico sobre la lluvia
atómica, hasta el momento, con unos 150.000 dientes... Por estos
medios, y mediante el trabajo duro y el apoyo financiero, muchos
ciudadanos se han vuelto compañeros en el esfuerzo científico para
elucidar el problema de la lluvia atómica" [5].

>Podemos aprender de esta historia, que Commoner fue el pionero de otro
aspecto del pensamiento moderno sobre el ambiente. El no hacía un
llamado por menos pruebas atómicas. El pedía el CESE de las pruebas
atómicas. Su entrenamiento como biólogo lo convenció de que las
intervenciones humanas en toda la biosfera tendrían consecuencias
insospechadas:

"Más aún, siempre que el sistema biológico expuesto a un posible agente
tóxico sea muy grande y complejo, la probabilidad de que cualquier
aumento en la contaminación lleve a algún nuevo punto de ataque en
algún lugar en este intrincado sistema, no puede ser ignorado.
Finalmente, los efectos tóxicos de muchos contaminantes orgánicos, como
aquellos de la radiación, pueden aparecer sólo después de un desfase de
muchos años. Por estas razones, es prudente considerar cualquier
adición de una sustancia potencialmente tóxica a la biosfera como capaz
de producir un efecto biológico total que será aproximadamente
proporcional a su concentración en la biosfera", escribió Commoner [5].

De esta manera, la única forma de prevenir el deterioro ecológico de
los tóxicos sería excluirlos completamente del ambiente. Hoy en día
llamamos a esto la PREVENCION DE LA CONTAMINACION. Barry Commoner
argumentó a favor de esto, y proporcionó los razonamientos para ello,
hace casi 40 años.

Al discutir el papel de los científicos en controversias que
involucraban lluvia nuclear, guerra nuclear, o "contaminación ambiental
en general", un comité presidido por Barry Commoner escribió en
1965: "En un número de instancias, científicos individuales, comités
científicos independientes y grupos consultores científicos al gobierno
han declarado que un peligro particular es 'insignificante'
o 'aceptable' o 'inaceptable' --sin aclarar que la conclusión NO ES UNA
CONCLUSION CIENTIFICA, SINO UN JUICIO SOCIAL. [Sustituya la
palabra 'peligro' por 'riesgo' en la última frase y note el tono
moderno que toma. --P.M.] No obstante, es natural que el público
debería asumir que tales pronunciamientos son conclusiones científicas.
Ya que tales conclusiones, propuestas por científicos individuales, o
por grupos de científicos, frecuentemente son contradictorias, una
pregunta que surge comúnmente entre el público es: '¿Cómo sabemos
cuáles científicos están diciendo la verdad?' [6].

Así, en 1965, Commoner y sus colegas nos previnieron de que las
determinaciones de los riesgos son de naturaleza política, no meramente
científica, y de que muchos científicos exceden los límites de la
legitimidad científica y tratan de imponer sus decisiones políticas (o
las de sus empleadores) y puntos de vista al público, usando la ciencia
como una pantalla.

Estas ideas parecen totalmente modernas y universales porque son
sostenidas profundamente hoy en día (basadas en experiencias) por
ecologistas comunitarios en todas partes. Pero realmente estas ideas
sólo suenan modernas y universales. Ellas tienen al menos 35 años, y
llegaron a nosotros a través del trabajo arduo de un hombre con una
visión extraordinaria --Barry Commoner.

--Peter Montague (Unión Nacional de Escritores, UAW Local 1981/AFL-CIO)

=====

[1] Herbert M. Clark, "The Occurrence of Unusually High-Level
Radioactive Rainout in the Area of Troy, N.Y.," SCIENCE Vol. 119 (May
7, 1954), págs. 619-622.

[2] Barry Commoner, "The Fallout Problem," SCIENCE Vol. 127, No. 3305
(May 2, 1958), págs. 1023-1026.

[3] Barry Commoner, "Toward a Humane Science" Reed College SALLYPORT
(August, 1970), pág. 7.

[4] Quoted in Barry Commoner, "The Myth of Omnipotence," ENVIRONMENT
Vol. 11, No. 2 (March 1969), págs. 8-13, 26-28.

[5] Barry Commoner, "Fallout and Water Pollution--Parallel Cases,"
SCIENTIST AND CITIZEN Vol. 7, No. 2 (December 1964), págs. 2-7.

[6] AAAS Committee on Science in the Promotion of Human Welfare, "The
Integrity of Science" AMERICAN SCIENTIST Vol. 53 (1965), págs. 174-198.

Palabras claves: barry commoner; determinacion de los riesgos; guerra
nuclear; lluvia atomica; radiacion; estroncio 90; troy, ny; ciencia;
prevencion de la contaminacion; historia del movimiento ecológico;

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