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#541 - Malas Decisiones Una y Otra Vez, 09-Apr-1997

En 1923 la decisión corporativa de agregar plomo tóxico a la gasolina
cambió la química del planeta Tierra, particularmente en el hemisferio
norte. De acuerdo al Consejo Nacional de Investigaciones (National
Research Council, NRC), en 1983 las emisiones industriales de plomo
hacia la atmósfera excedieron las emisiones naturales de este metal por
un factor de 700 [1, pág. 105]. En otras palabras, para 1983, los
humanos estaban poniendo en la atmósfera 700 veces la cantidad de plomo
que hay normalmente debido a procesos naturales como la actividad
volcánica, el rocío marino, etc. [1, pág. 103]. En 1983, los humanos
pusieron 363.000 toneladas (330.000 toneladas métricas) de plomo en la
atmósfera, viniendo el 75% (272.800 toneladas) de esta cantidad de los
escapes de los automóviles. (Una tonelada son 2.000 libras; una
tonelada métrica son 2.200 libras.)

Aproximadamente un 90% de las emisiones de plomo se encuentran en el
hemisferio norte, donde este metal permanece porque cae a la Tierra
antes de que le de tiempo de sobrepasar el ecuador [1, pág. 105].

Además de poner 363.000 toneladas de plomo en la atmósfera, en 1983,
los humanos pusieron otras 1,2 millones de toneladas de plomo
directamente sobre la tierra en forma de desechos comerciales (330.000
toneladas), desechos de las minas (330.000 toneladas), desechos urbanos
(8.800 toneladas), desechos del tratamiento de las aguas (6.600
toneladas), cenizas provenientes de la quema del carbón (154.000
toneladas), y todo lo demás [1, pág. 105].

Como resultado de esto, dice el NRC, "la escala pandémica de la
contaminación con plomo... ha aumentado las concentraciones de plomo en
todo el hemisferio norte en un factor de al menos 10" [1, pág. 107]. En
otras palabras, la mitad del norte del planeta tiene ahora por lo menos
10 veces la cantidad de plomo, en la tierra y en el agua, de lo que
tenía antes de la llegada de los europeos a Norteamérica.

Naturalmente, esto se traduce en la contaminación de todas las partes
del ecosistema. De acuerdo al NRC:

** Las concentraciones de plomo en organismos terrestres de todo tipo
son 100 veces más altas que las concentraciones naturales [1, pág.
107]. En otras palabras, todos los animales; pájaros, gusanos,
insectos, etc., tienen ahora 100 veces las cantidades de plomo que
solían tener. En resumen, todo ha sido envenenado.

** El NRC dice que los humanos han sacado aproximadamente 300 millones
de toneladas métricas (330 millones de toneladas) de plomo de la Tierra
y "la mayor parte de las 300 millones de toneladas métricas de plomo
que se han producido permanece en el ambiente, mayormente en el suelo y
en el polvo... La producción de hoy se convierte en la exposición basal
de mañana; y a pesar de las reducciones en el uso de plomo para la
gasolina, la producción total continúa creciendo y las agencias
federales no han dirigido su atención hacia el impacto de futuros
aumentos de plomo en el ambiente" [1, pág. 18].

En otras palabras, todo el plomo que es sacado de las profundidades de
la tierra eventualmente se convierte en contaminación ambiental; se
mantiene durante mucho tiempo, resultando en el envenenamiento
progresivo y acumulativo del ambiente con una potente neurotoxina.
Todas las criaturas --especialmente los humanos, que se encuentran al
final de la cadena alimentaria-- han sido severamente contaminados y
sin duda están sufriendo hoy de impedimentos sutiles y no tan sutiles
[2].

Vale la pena enfatizar que el "consumo" de plomo en los EUA disminuyó
solamente en un 8% entre 1970 y 1990, a pesar de que los principales
usos del plomo fueron prohibidos por el gobierno de los EUA [3]. La
industria del plomo es muy creativa para encontrar nuevos usos del
plomo, y, debido a que está organizada en forma de corporaciones, la
industria es incapaz de sentir remordimientos por los daños
irreversibles que le está haciendo a la vida en la Tierra. Las
corporaciones no pueden reprimir voluntariamente su mal comportamiento
porque ellas tienen sólo un deber: devolverle una ganancia a los
inversionistas, sin importar el costo que pueda representar para otros.
Mientras el envenenamiento sea legal, las corporaciones van a envenenar
(y si los envenenamientos son lucrativos, ellas gastarán millones en
campañas electorales para asegurar que los envenenamientos permanezcan
legales). (Ver REHW #308, #388, #449, #488, #489.)

Hoy en día, la cantidad de plomo en sangre considerada "segura" en una
persona es de 10 microgramos por cada decilitro de sangre, o sea 10
ug/dl. (Un microgramo es la millonésima parte de un gramo; hay 28
gramos en una onza. Un decilitro es la décima parte de un litro; un
litro es aproximadamente un cuarto de galón.) De acuerdo a las
estimaciones más recientes, en el período de 1991-1994, un número entre
613.000 y 1,4 millones de niños estadounidenses menores de 6 años (en
su mayoría afroamericanos e hispanos que vivían en grandes ciudades)
tenía niveles promedio de plomo en sangre de 10 ug/dl ó más; un tercio
de estos niños tenía niveles de plomo en la sangre de 15 ug/dl ó más
[4].

El NRC dijo en 1993: "Hay una evidencia creciente de que hasta las
exposiciones muy pequeñas al plomo pueden producir efectos sutiles en
humanos. Por esto, existe la posibilidad de que futuros lineamientos
[de seguridad] puedan caer por debajo de 10 ug/dl cuando se comprendan
mejor los mecanismos de toxicidad del plomo" [1, pág. 3]. El NRC ofrece
evidencia de que el plomo, en cantidades de 5 ug/dl (la mitad del nivel
oficial de "seguridad") puede causar atención deficiente en niños y
monos; poco peso al nacer en niños; y pérdida del sentido del oído en
niños [1, págs. 69, 254-256].

El NRC resume una serie de estudios recientes, y manifiesta: "Esos
estudios apoyan la conclusión general de que existe una creciente
evidencia de que no hay un umbral concreto para algunos de los efectos
adversos del plomo" [1, pág. 67]. En otras palabras, hay una evidencia
creciente de que NO hay un nivel de plomo por debajo del cual no
ocurran efectos adversos. Si esto es cierto, significa que el único
nivel seguro es cero.

Una forma de poner el nivel "seguro" de plomo (10 ug/dl) en
perspectiva, es compararlo con los niveles basales naturales
encontrados en la sangre de pueblos prehistóricos --gente que vivió en
un ambiente que no había sido envenenado por los miembros de la
Asociación de Industrias del Plomo (Lead Industries Association).

De acuerdo a mediciones cuidadosas realizadas en huesos de humanos, los
habitantes precolombinos de Norteamérica tenían niveles promedio de
plomo en sangre de 0,016 ug/dl --unas 625 veces más bajos que los 10
ug/dl establecidos ahora como "seguros" para nuestros niños. En base a
esto, parece improbable que niveles de un potente veneno nervioso que
sean 625 veces tan altos como los que hay basalmente en la naturaleza,
puedan ser "seguros" para los niños [5]

La decisión de agregar plomo tóxico a la gasolina pudo haber sido
diferente en 1925. Charles F. Kettering, presidente la Ethyl
Corporation, explicó las opciones que tenía la corporación: "...Vamos a
usar 12 billones de galones de gasolina este año [1925] y 15 billones
el próximo año, y con la tasa de aumento TENEMOS que hacer una de dos
cosas: tenemos que construir motores que sean más eficientes --tenemos
que construir motores de tamaños mucho menores y sacrificar muchos
factores que ahora disfrutamos en la industria automotriz, o tenemos
que hacer algo que nos permita obtener más trabajo a partir de una
unidad de combustible. Ahora, con respecto a la construcción de tales
motores, no hay nada desconocido o exclusivo en la construcción de
motores de alta eficiencia. Nuestros vecinos del otro lado [del Océano
Atlántico] hace pocos años construyeron motores de alta compresión, con
una eficiencia relativa mayor, porque nosotros les enviamos una
gasolina de mejor calidad que la que usamos en este país" [6, págs. 8,
9].

El problema básico era el "ruido" del motor. En un motor de alta
compresión, la gasolina tendía a explotar en vez de quemarse
uniformemente. Como resultado, el motor hacía un ruido como de "golpe",
la potencia caía dramáticamente y el motor podía dañarse eventualmente.
Como dijo el Sr. Kettering, los ingleses (y más tarde los japoneses)
resolvieron este problema quemando una gasolina de mayor grado en un
motor más pequeño y eficiente. Los estadounidenses escogieron otra vía:
ellos continuaron desarrollando motores más grandes y menos eficientes,
que usaban gasolina de menor calidad, que ellos mejoraron con un
aditivo anti "ruido" [7]. Como resultado de esta estrategia básica, los
estadounidenses consumieron el 80% de toda la gasolina del mundo hasta
1970 [2, págs. 16-17].

Hasta la decisión de escoger el plomo como aditivo anti "ruido" pudo
haber tomado otro rumbo. En 1925, la Dra. Harriet Hardy, de Harvard,
dijo en una conferencia sobre el plomo en la gasolina: "Yo quisiera
pedirles a los químicos que encuentren algo diferente, y me niego
totalmente a creer que la única sustancia que puede ser usada para
eliminar el ruido de un motor de gasolina sea el tetraetilo de plomo...
Creo que no es excesivo pedir que nuestros químicos se dediquen a
suprimir el tetraetilo de plomo, encontrando algo diferente que haga el
mismo trabajo" [6, pág. 99]. Y Yandell Henderson, de Yale, dijo en la
misma conferencia que tales alternativas existían: "Les he preguntado a
algunos de los químicos, mis colegas de la Universidad de Yale, y he
encontrado que el plomo no es, de ninguna forma, la única sustancia que
pueda ser usada, en teoría, o hasta sobre la base experimental, como un
medio anti ruido" [6, pág. 63].

El verdadero problema fue el proceso de toma de decisiones que las
corporaciones tenían permitido seguir.

Si se les ha exigido a las corporaciones que por ley deben estudiar
todas las alternativas disponibles (un proceso descrito en el Decreto
Federal de Ley Ambiental Nacional de 1969 [federal National
Environmental Policy Act of 1969]), y entonces adoptar la alternativa
menos perjudicial, el envenenamiento del hemisferio norte pudo haberse
prevenido.

En cambio, las corporaciones envenenaron a cada criatura de la mitad
del planeta SIN UNA DISCUSION SERIA Y ABIERTA SOBRE COMO HUBIESEN
PODIDO COMPORTARSE DIFERENTEMENTE. Si se les ha exigido determinar
todas las alternativas disponibles y entonces escoger la vía menos
perjudicial, toda criatura en el hemisferio norte --incluyendo cada ser
humano-- sería más saludable, se sentiría mejor, y sería más
inteligente hoy.

La Ethyl Corporation continuó acumulando errores. Cuando, en 1972, la
corporación fue obligada a descontinuar gradualmente la gasolina con
plomo, Ethyl empezó a vender uno de los componentes de la gasolina con
plomo --dibromuro de etileno, o EDB (por sus siglas en inglés)-- como
pesticida. Once años después, en 1983, la Agencia de Protección
Ambiental de los EUA (U.S. Environmental Protection Agency, EPA) sacó
el EDB del mercado porque causaba cáncer rápidamente en varias especies
de animales, lesionaba los espermatozoides y dañaba la producción de
semen en humanos, y perjudicaba la reproducción de otras maneras. En el
momento en que el EDB fue prohibido, los EUA habían puesto 20 millones
de libras de éste en las tierras cada año, y estaba apareciendo en
mezclas para pasteles y en los cereales [8].

Esta es otra instancia donde la determinación adecuada de las
alternativas le hubiera ahorrado al mundo millones de libras de un
veneno potente en el más alto grado.

En 1995 la Ethyl Corporation lo hizo OTRA VEZ. La corporación empezó a
vender un nuevo aditivo anti "ruido" para la gasolina, el
metilciclopentadienil tricarbonil manganeso, o MMT (por sus siglas en
inglés), un compuesto del metal tóxico manganeso.

De acuerdo a un grupo de científicos que han estudiado los peligros del
manganeso, el MMT nos da razones para tener "grandes
preocupaciones". "La inhalación es una ruta anormal para la entrada del
manganeso, y puede estar asociada con un aumento del riesgo de la
toxicidad, particularmente para el sistema nervioso central y los
pulmones. Ciertos sectores susceptibles de la población, como los
niños, los viejos, y los malnutridos, pueden tener un riesgo aumentado
de efectos adversos por la exposición al manganeso en el ambiente"
[10]. La Ethyl Corporation insiste en que el manganeso es seguro.

Sin embargo, hasta el día de hoy, la Ethyl Corporation también insiste
en que la gasolina con plomo es segura. ¿No es tiempo de que cambiemos
la manera en que las corporaciones toman las decisiones? No deberíamos
exigir una determinación de todas las alternativas disponibles y
escoger la menos perjudicial? Y, ¿no debería el conjunto de evidencias
concernientes a la seguridad ser asignado a la Ethyl Corporation --y a
otras como ella-- en vez de al público? ¿Hacia dónde puede estar
llevándonos todo este envenenamiento?

--Peter Montague (Unión Nacional de Escritores, UAW Local 1981/AFL-CIO)

=====

[1] National Research Council (Bruce A. Fowler and others, editors),
MEASURING LEAD EXPOSURE IN INFANTS, CHILDREN, AND OTHER SENSITIVE
POPULATIONS (Washington, D.C.: National Academy Press, 1993).

[2] C.C. Patterson and others, "Lead in Ancient Human Bones and Its
Relevance to Historical Developments of Social Problems with Lead," THE
SCIENCE OF THE TOTAL ENVIRONMENT Vol. 61 (1987), págs. 167-200.

[3] En 1970 los EUA refinaron 666.730 toneladas de producción primaria
de plomo (incluyendo tanto el mineral doméstico como el importado). La
producción secundaria fue de 597.390 toneladas. También importamos
244.623 toneladas de metal refinado. Las exportaciones fueron de 7.747
toneladas (0,51% del "consumo" doméstico total) del metal refinado. Ver
HISTORICAL STATISTICS OF THE UNITED STATES; COLONIAL TIMES TO 1970;
VOLUME 1; Tablas M243, M244, M246, M247. Por esto, el "consumo"
doméstico total en 1970 fue de (666.730 + 597.390 + 244.623 -7.747) x
2.000 = 3 billones de libras. En 1989, el "consumo" total fue de
1.283.000 toneladas métricas; las exportaciones fueron de 29.000
toneladas métricas (2,3% del "consumo" doméstico total). Ver
STATISTICAL ABSTRACT OF THE UNITED STATES, 1991, Tabla 1243. Así,
el "consumo" doméstico fue de (128.3000-29.000) x 2.200 = 2,76 billones
de libras.

[4] "Update: Blood Lead Levels --United States, 1991-1994," MORBIDITY
AND MORTALITY WEEKLY REPORT [MMWR] Vol. 46, No. 7 (February 21, 1997),
págs. 141-146. Ver tabla 2, pág. 143.

[5] A. Russell Flegal and Donald R. Smith, "Lead Levels in
Preindustrial Humans," NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE Vol. 326 (May 7,
1992), págs. 1293-1294.

[6] Treasury Department, United States Public Health Service,
PROCEEDINGS OF A CONFERENCE TO DETERMINE WHETHER OR NOT THERE IS A
PUBLIC HEALTH QUESTION IN THE MANUFACTURE, DISTRIBUTION OR USE OF
TETRAETHYL LEAD GASOLINE [PUBLIC HEALTH BULLETIN NO. 158] (Washington,
D.C.: Treasury Department, United States Public Health Service, 1925).
Disponible a través de William Davis en el Archivo Nacional en
Washington, D.C.: (202) 501-5350. [National Archives Record Group No.
287; T27.12:158/3S1 [posiblemente 351?] 24/2316 Box T777. RG 287.]

[7] Jerome O. Nriagu, "The Rise and Fall of Leaded Gasoline," THE
SCIENCE OF THE TOTAL ENVIRONMENT Vol. 92 (1990), págs. 13-28.

[8] Josh Karliner, "Barons of Bromide: A History of Methyl Bromide,"
GLOBAL PESTICIDE CAMPAIGNER Vol. 7, No. 1 (March, 1997), págs. 1, 14-
17. GLOBAL PESTICIDE CAMPAIGNER está disponible a través de Pesticide
Action Network, North American Regional Center, 116 New Montgomery St.,
#810, San Francisco, CA 94105; $25/año para particulares.

[9] Gina M. Solomon, Annette M. Huddle, Ellen K. Silbergeld, and Joseph
Herman, "Manganese in Gasoline: Are We Repeating History?" NEW
SOLUTIONS (Winter, 1997), págs. 17-25.

[10] Gina M. Solomon, Annette M. Huddle, Ellen K. Silbergeld, and
Joseph Herman, "Manganese in Gasoline: Are We Repeating History?" NEW
SOLUTIONS (Winter, 1997), pgs. 17-25.

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