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#540 - Historia de la Precaución -- Parte 2, 02-Apr-1997

Como vimos la semana pasada, el Servicio de Salud Pública de los EUA
(U.S. Public Health Service) sostuvo un día de conferencias el 20 de
mayo de 1925, para determinar si la salud pública resultaría
perjudicada cuando las corporaciones petroleras y automotrices
agregaran plomo, el metal tóxico, a la gasolina [1]. (Ver REHN #539.)
Para 1925, el plomo había sido un peligro documentado en los EUA por al
menos 100 años, pero las corporaciones descubrieron que la gasolina con
plomo les permitía crear motores más potentes. De manera que en 1923
comenzaron a agregarle plomo a la gasolina. En la fabricación del
producto de plomo (llamado tetraetilo de plomo por los químicos,
y "etilo" por las corporaciones) cientos de trabajadores resultaron
envenenados, lo que trajo consigo titulares en los diarios. Las
corporaciones suspendieron temporalmente la venta de gasolina con plomo
y el Servicio de Salud Pública de los EUA convocó una conferencia para
determinar si (a) la gasolina con plomo podía ser fabricada de una
manera segura; y (b) si el plomo de los escapes de los automóviles
podía perjudicar al público en general.

La sesión de la mañana del 20 de mayo estuvo destinada a discursos de
la General Motors, la Standard Oil of New Jersey, la DuPont, y la nueva
compañía Ethyl Corporation; creada por las tres anteriores para
comerciar la gasolina con plomo. La tarde estuvo destinada a
discusiones sobre la salud.

Entrada la tarde, el Dr. Yandell Henderson, de la Universidad de Yale,
resumió de esta forma: "Tenemos en este recinto, yo creo, dos
concepciones diametralmente opuestas. Los hombres comprometidos con la
industria, químicos e ingenieros, toman como cosa obvia que a algo tan
mínimo como el envenenamiento industrial no debe permitírsele
obstaculizar un gran avance industrial. Por otro lado, los expertos de
la salud toman como algo obvio que lo primero que debe considerarse es
la salud de la gente" [1, pág. 62].

Varios conferencistas establecieron que: el plomo sería liberado de los
escapes de los automóviles como un polvo fino; el plomo es un potente
veneno que lesiona el cerebro y su forma más peligrosa es en polvo;
cuando se someten animales de laboratorio a dosis medidas de gases de
escape de automóviles, el polvo de plomo se acumula en los fondos de
las jaulas; el plomo es un veneno acumulativo; el plomo pasa a través
de la placenta y perjudica a los fetos; el plomo causa bajo peso al
nacer, abortos espontáneos y muerte al nacer. (Ver REHN #539.) En estos
puntos no hubo desacuerdos.

Sin embargo, ese día en 1925, los puntos de vista estuvieron divididos:
las corporaciones querían avanzar rápidamente, poniendo aproximadamente
2 gramos (1/14 onza) de plomo en cada galón de gasolina. Los oficiales
de la salud, por el otro lado, solicitaban prudencia; ellos querían
considerar las consecuencias para la salud pública. Sin darle un
nombre, los oficiales de la salud estaban adoptando, en 1925, el
principio de la acción preventiva, que dice, primero, que el conjunto
de evidencias concernientes a la seguridad debería ser aportado por el
proponente de la nueva tecnología, y no por el público; y segundo, que
donde haya amenazas de daños serios o irreversibles, la ausencia de
certeza científica no debería ser usada como una excusa para posponer
medidas que prevengan la destrucción del ambiente [2].

Por ejemplo, Yandell Henderson terminó su charla de la tarde
describiendo un artículo reciente de la Dra. Harriet Hardy (profesora
de la Universidad de Harvard, y reconocida nacionalmente como una de
las autoridades expertas en plomo) aparecido en el último número de la
Revista de la Asociación Médica de los EUA (JOURNAL OF THE AMERICAN
MEDICAL ASSOCIATION): "En ese artículo, la Dra. Hamilton expresa el
punto de la manera más completa y clara posible. En la última frase de
su artículo, ella propone de manera sencilla que esta sustancia, este
nuevo peligro industrial, no debería usarse en forma generalizada, o
que su uso no debería extenderse hasta que tengamos la información
total y adecuada que nos asegure que no estamos introduciendo otro
peligro para la salud en nuestra vida diaria" [1, pág. 66]. Una
enunciación clara del principio preventivo.

El profesor Joseph C. Aub, de Harvard, calculó que si toda la gasolina
a ser vendida en 1926 tuviera plomo, entonces 50.000 toneladas de plomo
serían escupidas en forma de polvo fino sobre las autopistas,
carreteras y calles de los EUA. "No estoy seguro de que esto pueda
causar envenenamiento", dijo el profesor Aub, "pero el hecho de que
pueda causar envenenamiento es una cuestión seria... Me parece que esto
debería ser investigado muy cuidadosamente antes de que el tetraetilo
de plomo sea puesto otra vez en el mercado" [1, págs. 72-73]. Otra
clara enunciación del principio preventivo.

La Federación de Trabajadores de los EUA (American Federation of Labor,
AFL) tenía dos representantes en la conferencia, ambos ceñidos al
principio preventivo:

Grace M. Burnham, representando a la Oficina de Salud de los
Trabajadores de la AFL (Workers' Health Bureau of the AFL),
dijo, "...creo que los EUA deben tener suficiente autoestima para darse
cuenta de que, cuando esté involucrado un peligro para la salud pública
que afecte a toda la población, ese peligro debe ser investigado con
financiamiento de los fondos públicos y por una agencia pública
responsable. ...Y creo que hasta ese momento, y hasta que la
fabricación, distribución, y uso del tetraetilo de plomo se haya
probado concluyentemente que sean seguros, su uso debería ser
discontinuado" [1, pág. 95].

El Sr. A.L. Berres, representando al Departamento de Comercio de
Metales de la AFL (Metal Trades Department of the AFL), dijo: "Yo
siento que, como ha sido declarado aquí por algunos de los ponentes
anteriores, debe prohibirse el uso de esta gasolina [gasolina con
plomo], hasta el momento en que se determine definitivamente que no hay
peligro en su fabricación y manejo..." [1, pág. 96].

El Dr. Haven Emerson, profesor de salud pública en la Universidad de
Columbia en Nueva York, resumió: "Yo presumo que todo oficial de la
salud estará inclinado a urgir a que continúe suspendido el uso o venta
de gasolina con etilo, como ha sido determinado voluntariamente por la
compañía" [1, pág. 84].

En resumen, en 1925 la comunidad de la salud pública, representada en
la conferencia del 20 de mayo, demandó el principio de la acción
preventiva: enfrentados a un riesgo conocido de dimensiones ignoradas,
ellos instaron a la prevención del peligro.

Las corporaciones, por otra parte, usaron argumentos que siguen siendo
comunes hoy en día:

** Los riesgos no han sido demostrados;

** Los estudios realizados en animales no nos pueden decir lo que
necesitamos saber sobre los humanos;

** La eficiencia requiere que adoptemos nuevas tecnologías aunque
algunas personas tengan que resultar sacrificadas;

** La gente debería actuar estrictamente según los hechos de que se
dispone, no según temores por el futuro u opiniones sobre lo que PUEDA
ocurrir.

A veces estos argumentos estaban combinados. Por ejemplo, Frank A.
Howard en representación de Ethyl Corporation, dijo: "Nuestro
desarrollo continuo de gasolinas para motores es esencial en nuestra
civilización... Ahora, como resultado de unos 10 años de estudios
llevados a cabo por la Corporación General Motors y 5 años, o un poco
más, de investigaciones realizadas por la Standard Oil Co., tenemos
este aparente regalo de Dios-- ...el tetraetilo de plomo..."

"...¿Debemos abandonar esto completamente debido a que en ciertos
experimentos hay algunos animales que mueren y otros que no?... Creo
que sería un error inaudito el tener que abandonar algo de este tipo
simplemente por nuestros miedos... No podemos dejar que las
posibilidades nos influencien en un grado tal como el de este caso.
Tenemos que guiarnos por hechos y no por temores. No creo que se
justifique de ninguna manera que tratemos de alcanzar una conclusión
final en este caso basándonos en miedos; tampoco tenemos razón en decir
que vamos a detener este desarrollo debido a los temores que
albergamos. Este desarrollo debe ser detenido, en todo caso, por hechos
comprobados" [1, pág. 106].

El Dr. Robert Kehoe, asesor médico de Ethyl Corporation, dio un
argumento similar: "Debo decir, desde el punto de vista de la
industria, que cuando se considera que un material es de tal
importancia para la conservación de la gasolina y para aumentar la
eficiencia de los automóviles, no puede ser algo que se descarte en
base a opiniones. Es algo que debe ser tratado solamente en base a los
hechos" [1, pág. 70].

Debido a que los "hechos" no podían incluir ningún envenenamiento hasta
que hubiese habido uno (hasta que ocurrieran, no hubiesen sido más
que "temores" u "opiniones" especulativas), el argumento de basar los
lineamientos estrictamente en los "hechos" produjo una política de
experimentación con el público, y de esperar a que se acumularan los
enfermos y los muertos. Esto, entonces, se convirtió en la manera
oficial de hacer negocios en los EUA. Hoy en día el lenguaje es
ligeramente diferente; escuchamos demandas de políticas basadas en
la "ciencia infalible" (no en los "hechos"), pero es el mismo argumento.

Poco después de la conferencia de mayo, el Dr. Emery Hayhurst --un
asesor contratado por Ethyl Corporation-- escribió un editorial anónimo
para la Revista de Salud Pública de los EUA (AMERICAN JOURNAL OF PUBLIC
HEALTH) titulado "Gasolina con Etilo" [4]. (El Dr. Hayhurst era miembro
del cuerpo editorial de la Revista.) En este editorial describió
anuncios publicitarios de Ethyl Corporation en diarios, que aseguraban
que la gasolina con plomo estaba siendo usada en todo el país
con "total seguridad y satisfacción". El editorial de Hayhurst concluía
de la siguiente manera: "La evidencia de las observaciones y los
reportes a diferentes oficiales de la salud en todo el país, previos y
posteriores a los anuncios publicitarios, hasta donde hemos podido ver,
han corroborado el principio de la 'seguridad total' en lo referente al
problema de la salud pública".

La conferencia de mayo de 1925 terminó con una resolución unánime
pidiendo al Jefe de Cirugía de los EUA (U.S. Surgeon General) designar
un panel de siete miembros especialmente escogidos, por ser eminencias
en sus respectivos ramos, para dar su opinión sobre los riesgos del
plomo el 1 de enero de 1926. Durante aproximadamente seis meses, el
comité examinó a 252 mecánicos de motores, empleados de estaciones de
gasolina y choferes en Dayton y Cincinnati, y concluyeron que: "No hay,
en el presente, buenas bases para prohibir el uso de la gasolina con
etilo". En resumen, los argumentos de los "hechos" abatieron al
principio preventivo.

En junio de 1926, GM, DuPont, Standard Oil of New Jersey y su
corporación conjunta, Ethyl Corporation, comenzaron a vender gasolina
con plomo otra vez, y continuaron haciéndolo hasta que finalmente el
Congreso la prohibió completamente en 1989 [5]. Hoy en día ellos
todavía venden su producto "lesionador de cerebros" en naciones del
tercer mundo. Entre 1926 y 1985, 7 millones de toneladas métricas de
polvo de plomo tóxico (15,4 billones de libras) fueron diseminados en
el ambiente por las corporaciones automotrices.

En 1965, la profesora Clair C. Patterson, del MIT, examinó la situación
y concluyó que "el residente promedio de los EUA está siendo sometido a
una agresión severa y crónica con plomo" [6]. Patterson continuó, "la
irritabilidad y las disfunciones intelectuales están asociadas con los
envenenamientos clásicos de plomo, y es posible, y en mi opinión
probable, que puedan ocurrir impedimentos similares, en una escala
menor pero significativa, en personas sujetas a agresiones crónicas
severas con plomo". Estudios posteriores han confirmado y ratificado
esta visión.

El período de mayor uso del plomo fue de 1945 a 1971, después del cual
empezó a declinar. En ese tiempo, de 165.000 a 275.000 TONELADAS de
polvo de plomo fueron escupidos CADA AÑO por los tubos de escape de los
automóviles de los EUA. Los estadounidenses nacidos durante estos años
tienen en su cuerpo de 300 a 1.000 veces la cantidad de plomo que
tenían los indígenas precolombinos [7]. Así que, hoy en día, la
generación con poder de decisión --tanto en el gobierno como en las
corporaciones-- está constituida por gente que sufre de irritabilidad y
disfunciones mentales como resultado de agresiones severas y crónicas
con plomo. Revisando la historia de los pasados 25 años, parece claro
que la nación y el mundo ya pagaron un terrible precio por su
irritabilidad y disfunción. El liderazgo de los más afectados por el
plomo (los que nacieron alrededor de 1970) está justo delante de
nosotros.

--Peter Montague (Unión Nacional de Escritores, UAW Local 1981/AFL-CIO)

=====

[1] Treasury Department, United States Public Health Service,
PROCEEDINGS OF A CONFERENCE TO DETERMINE WHETHER OR NOT THERE IS A
PUBLIC HEALTH QUESTION IN THE MANUFACTURE, DISTRIBUTION OR USE OF
TETRAETHYL LEAD GASOLINE [PUBLIC HEALTH BULLETIN NO. 158] (Washington,
D.C.: Treasury Department, United States Public Health Service, 1925).
Disponible por medio de William Davis en el Archivo Nacional en
Washington, D.C.: (202) 501-5350. [National Archives Record Group No.
287; T27.12:158/3S1 [posiblemente 351?] 24/2316 Box T777. RG 287.]

[2] Ver David Freestone y Ellen Hey, "Origins and Development of the
Precautionary Principle," in David Freestone and Ellen Hey, editors,
THE PRECAUTIONARY PRINCIPLE AND INTERNATIONAL LAW (The Hague, London,
and Boston: Kluwer Law International, 1996), págs. 3-15.

[3] David Rosner and Gerald Markowitz, "A 'Gift of God'?: The Public
Health Controversy over Leaded Gasoline during the 1920s," AMERICAN
JOURNAL OF PUBLIC HEALTH Vol. 75, No. 4 (April 1985), págs. 344-352.

[4] "Ethyl Gasoline," AMERICAN JOURNAL OF PUBLIC HEALTH Vol. 15 (1925),
págs. 239-240. Rosner y Markowitz, citados arriba, pág. 347 identifican
a Hayhurst como el autor del editorial anónimo, basados en su
correspondencia con R.R. Sayers de la Oficina de minas de los EUA (U.S.
Bureau of Mines).

[5] Jerome O. Nriagu, "The Rise and Fall of Leaded Gasoline," THE
SCIENCE OF THE TOTAL ENVIRONMENT Vol. 92 (1990), págs. 13-28.

[6] Clair C. Patterson, "Contaminated and Natural Lead Environments of
Man," ARCHIVES OF ENVIRONMENTAL HEALTH Vol. 11 (September 1965), págs.
344-360.

[7] Bruce A. Fowler and others, MEASURING LEAD EXPOSURE IN INFANTS,
CHILDREN, AND OTHER SENSITIVE POPULATIONS (Washington, D.C.: National
Academy Press, 1993), págs. 14-15, 107.

Palabras claves: plomo; principio de la precaución; general motors;
dupont; ethyl corporation; standard oil of new jersey; bloqueadores
endocrinos; bloqueadores de hormonas; hormonas; tetraetilo de plomo;
gasolina; salud pública; epa; robert kehoe; joseph aub; automóviles;
industria petrolera; alice hamilton; e.r. hayhurst; r.r. sayers;
oficina de minas; servicio de salud pública de los eua; yandell
henderson; harriet hardy; federación de trabajadores de los eua; afl;
grace burnham; a.l. berres; haven emerson;

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