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#653 - Dioxina y Precaución, 02-Jun-1999

Hace dos años, en 1997, la Agencia Internacional para la Investigación
del Cáncer (International Agency for Research on Cancer, IARC) concluyó
formalmente que la dioxina causa cáncer en los seres humanos [1]. La
IARC es una división de la Organización Mundial de la Salud, OMS (World
Health Organization, WHO) y sus recomendaciones tienen un peso
considerable en el mundo de las políticas de salud pública.

Dioxina es el nombre de una familia de 219 químicos tóxicos, muchos de
ellos originados como subproductos no deseados de muchos procesos
industriales: la incineración de desechos sólidos municipales, desechos
peligrosos y desechos médicos; la fundición de metales; la fabricación
de papel blanqueado con cloro y la producción de muchos pesticidas y
otros químicos tóxicos. Básicamente, siempre que usted tenga altas
temperaturas en presencia de químicos que contengan cloro, usted tiene
las condiciones que pueden producir las dioxinas.

A lo largo de los años, muchos estudios con animales de laboratorio han
demostrado que las dioxinas pueden causar muchos tipos de cáncer. Sin
embargo, para llegar a la conclusión de 1997, la IARC confió en
estudios de seres humanos; específicamente, cuatro estudios de
trabajadores expuestos a niveles altos de dioxina en el lugar de
trabajo. Los cuatro estudios revelaron un efecto sorprendentemente
consistente de la exposición a la dioxina: un 40% de aumento en la
probabilidad de morir de cáncer. En todos estos estudios, el efecto fue
muy significativo estadísticamente [2].

En tres de los cuatro estudios había datos disponibles en el año de
1997 para calcular las exposiciones a la dioxina. Usando los datos
disponibles de las exposiciones, los autores de los tres estudios
pudieron observar una clara "relación dosis-respuesta" --al aumentar el
nivel de exposición a la dioxina, también aumentó la probabilidad de
morir de cáncer. Observar una "relación dosis-respuesta" les da a los
investigadores más confianza en que la relación que han observado (en
este caso, entre la exposición a la dioxina y el cáncer) es real.

Ahora está disponible la información de las exposiciones a la dioxina
en el cuarto grupo de trabajadores y también en ellos puede verse una
relación dosis-respuesta [3]. Mientras mayor era la cantidad de dioxina
a la que estuvieron expuestos en el trabajo, mayores eran sus
probabilidades de morir de cáncer.

Este cuarto grupo era el más grande de todos --5132 trabajadores en 12
plantas industriales en los E.U.A., en las cuales estuvieron expuestos
a la dioxina durante muchos años. Los investigadores del Instituto
Nacional de los E.U.A. para la Seguridad y la Salud Laboral (U.S.
National Institute for Occupational Safety and Health, NIOSH) pudieron
encontrar las historias laborales de un 69% de los 5132 trabajadores y
de esta manera pudieron clasificarlos en siete grupos según sus
exposiciones a la dioxina.

La nueva información aparece en el ejemplar del 5 de mayo de la revista
JOURNAL OF THE NATIONAL CANCER INSTITUTE. En su reporte, los
investigadores del NIOSH explican que observaron un 13% de aumento en
la probabilidad de morir de cáncer entre los 5132 trabajadores, en
comparación a un grupo no expuesto. Dentro de los dos grupos de
exposición más altos observaron un 60% de aumento en la probabilidad de
morir de cáncer.

Resumiendo, ahora tenemos cuatro estudios por separado de grupos de
seres humanos que han estado expuestos a la dioxina y que están
muriendo de cáncer desproporcionadamente. Estos estudios apoyan a
muchos estudios previos con animales de laboratorio que muestran que la
dioxina causa varios tipos de cáncer.

¿Cierra esto el capítulo sobre la dioxina y el cáncer?
Desafortunadamente, no.

Todos los grupos de seres humanos que han sido expuestos a niveles de
dioxinas altos ya han sido estudiados. No hay ningún otro grupo que
estudiar. Debido a esto, los datos que están disponibles ahora
probablemente son los únicos datos humanos que tendremos jamás. (Por
supuesto que con el paso del tiempo los mismos grupos serán estudiados
aún más, pero no es probable que los resultados cambien dramáticamente).

Con los datos de hoy, aún es posible llegar a conclusiones que están
desfasadas entre sí en 180 grados. En un editorial de la revista
JOURNAL OF THE NATIONAL CANCER INSTITUTE del 5 de mayo, el Dr. Robert
N. Hoover, del Instituto Nacional del Cáncer de los E.U.A. (U.S.
National Cancer Institute) escribió: "Basándome en el peso actual de
las evidencias, pienso que la TCDD [la dioxina más potente] debería ser
considerada un carcinógeno humano" [2]. Esto es precisamente lo que la
Organización Mundial de la Salud concluyó hace dos años.

Por el contrario, cuando la revista médica británica LANCET publicó una
historia noticiosa reportando los últimos hallazgos sobre la dioxina
[publicados] en la revista JOURNAL OF THE NATIONAL CANCER INSTITUTE;
[LANCET] citó a Michael Kamrin, un toxicólogo de la Universidad del
Estado de Michigan (en East Lansing, Mich. E.U.A.) quien dijo que los
datos de la dioxina "no son convincentes y son poco sólidos en el
aspecto epidemiológico... Estos datos no me sugieren que haya ningún
riesgo a la salud por la dioxina [TCDD]. No lo pensaba antes y no lo
pienso ahora", le dijo Kamrin a LANCET [4].

Así que la pregunta es: ¿cómo debería reaccionar la gente común frente
a la dioxina? Cuando nos enteramos que nosotros y nuestros hijos
estamos respirando dioxinas producidas por un incinerador de desechos
médicos, o un incinerador de basura, o un horno de cemento quemando
desechos peligrosos, ¿qué deberíamos pensar? ¿Deberíamos aceptar la
opinión de Robert Hoover, del Instituto Nacional del Cáncer, que la
dioxina es probablemente una causa de los cánceres humanos? ¿O
deberíamos aceptar las palabras de Michael Kamrin, de la Universidad
del Estado de Michigan, quien dice que no hay ningún riesgo a la salud
por la dioxina? Los expertos siempre pueden estar en desacuerdo, pero
los ciudadanos tienen que tomar decisiones por el interés de ellos
mismos y de sus familias.

Parece claro que la ciencia no puede resolver esta clase de dilema.
Nunca ha existido un químico que haya sido estudiado más cuidadosamente
que la dioxina. Durante la década pasada, el gobierno de los E.U.A. ha
venido llevando a cabo un análisis detallado de muchos cientos de
estudios previos sobre los efectos de las dioxinas sobre la salud (en
animales y en seres humanos). Más aún, el gobierno ha gastado millones
de dólares llevando a cabo estudios nuevos sobre los efectos de las
dioxinas sobre los seres humanos (por ejemplo, el estudio del NIOSH,
discutido arriba) y los animales. Además, la Asociación de Fabricantes
de Químicos (Chemical Manufacturers Association) y el Consejo de la
Química del Cloro (Chlorine Chemistry Council) han gastado sumas
substanciales de dinero contratando a científicos de su estilo
particular para tratar de inclinar la balanza en la dirección de "la
dioxina no es un problema". (Como usted se puede imaginar, existen
inmensas sumas de dinero que dependen de los resultados del debate de
la dioxina).

Probablemente nunca podamos esperar obtener datos tan buenos para la
mayoría de los químicos como los que tenemos ahora para la dioxina.
Dado a que los financiamientos para los estudios son limitados, y dado
que en este momento hay 70.000 químicos en uso y 1000 químicos nuevos
agregados cada año, no podemos esperar de manera realista nada parecido
a datos "minuciosos" respecto a los efectos que tiene ningún químico
tóxico en particular sobre la salud.

Entonces, cómo deberíamos reaccionar nosotros, el público, frente a la
dioxina o cualquier otro químico tóxico? Hay dos maneras básicas
enfocar una pregunta como ésa --la evaluación de los riesgos y la
precaución.

La evaluación de los riesgos hace la pregunta: ¿cuánto daño estamos
dispuestos a tolerar de la exposición a la dioxina? Los analistas de
riesgos usualmente responden a esta pregunta diciendo que
es "aceptable" matar a una de cada millón de personas expuestas a la
dioxina. (A veces ellos dan una respuesta diferente, diciendo que está
bien matar tanto como a una de cada 10.000 personas expuestas al
químico A o al químico B, pero usualmente su respuesta es que una en un
millón es la proporción aceptable de muertes).

Ahora, quitémonos por sólo un momento nuestros lentes mágicos y seamos
francos. Usted rara vez encontrará un analista de riesgos que se lo
diga, pero la fórmula de uno en un millón es, en el fondo, una
prescripción para asesinatos legalizados. La persona muerta es
seleccionada al azar y es asesinada de manera anónima. Pero sigue
siendo una muerte premeditada y planeada. Si la "ciencia de la
evaluación de los riesgos" se mejorara hasta el punto en que se
conociera la identidad de la víctima, entonces todos estarían de
acuerdo en que se ha cometido un asesinato.

Una vez que la comunidad de analistas de riesgos acepta que está bien
matar a un ciudadano de cada millón exponiéndolos a la dioxina (o algún
otro tóxico del día), entonces los matemáticos y toxicólogos trabajan y
desarrollan una fórmula que dice "esta cantidad exacta de dioxina puede
ser emitida hacia la comunidad, y no más, si nos vamos a mantener en el
límite de 'riesgo aceptable' de uno en un millón". Entonces es tarea de
los ingenieros diseñar una máquina que emitirá sólo la
cantidad "aceptable" de dioxina u otro tóxico y no más. Y entonces los
reguladores del gobierno ratifican y hacen cumplir el límite de los
ingenieros. Esa es la síntesis y la substancia del enfoque de
la "evaluación de los riesgos" para controlar las exposiciones tóxicas
de la dioxina o de cualquier otro agente mortal.

Una manera diferente de ver el problema es preguntar: ¿cómo podemos
evitar las exposiciones a la dioxina y así evitar la posibilidad de
matar gente con dioxina? Este es el enfoque expresado en el "principio
de la acción preventiva" (o "principio de la precaución", Nota del
Traductor). El principio de la precaución dice:

"Cuando una actividad da lugar a amenazas de daños a la salud humana o
el medio ambiente, deberían tomarse medidas preventivas incluso si
algunas relaciones de causa y efecto no han sido totalmente
establecidas científicamente. En este contexto el proponente de una
actividad, en vez del público, debe llevar la carga de las pruebas".
[Ver REHW #586].

"El proceso de la aplicación del Principio de la Precaución debe ser
abierto, informado y democrático y debe incluir las partes
potencialmente afectadas. También tiene que suponer un estudio de toda
la gama de alternativas, incluyendo la no acción".

Un enfoque preventivo para la dioxina miraría las evidencias
disponibles (a veces conflictivas) acerca de la dioxina y
preguntaría: "si pensamos que es mejor estar seguro que arrepentido,
¿no deberíamos evitar las exposiciones a la dioxina cuando podamos?" Y
entonces comenzaría la búsqueda de formas alternativas para evitar las
exposiciones a la dioxina. Clausurar los incineradores --o, mejor aún,
no construir los incineradores-- sería un posible enfoque. Existen
muchas alternativas a la incineración, y una estrategia de "mejor
seguro que arrepentido" las estudiaría todas.

Reducir nuestro uso de químicos que contienen cloro sería un segundo
enfoque. Existen pocos usos de químicos clorados, si es que hay alguno,
que son esenciales e irreemplazables. Hay alternativas disponibles.

Resumiendo, un enfoque preventivo no preguntaría: "¿Cuántas muertes por
dioxina podemos tolerar en nuestra sociedad?" --en lugar de esto,
preguntaría: "¿Cómo puede nuestra sociedad evitar producir dioxina?"

El enfoque de evaluación de los riesgos, que ha sido el
enfoque "oficial" en los E.U.A. durante los últimos 25 años, la mayoría
de las veces excluye a los ciudadanos porque no tienen los
conocimientos para calcular la proporción de asesinatos de uno en un
millón. Sólo los "expertos en riesgos" son capaces de hacer eso. En ese
sentido, el enfoque de la evaluación de los riesgos no es democrático e
incluso es antidemocrático. Pero cuando es hora de decidir si un
incinerador es la mejor manera de manejar la basura de la comunidad, la
gente puede participar. Ellos les pueden preguntar a los ciudadanos de
otras comunidades cómo están manejando SU basura. Ellos pueden
auspiciar discusiones públicas en las cuales varios grupos (incluyendo
las compañías de desechos ) envíen representantes para decir cómo
manejarían los desechos de la comunidad. La gente puede preguntar
acerca de las fuentes de desechos en su comunidad y pueden exigirles a
esas fuentes un enfoque de "producción limpia". (Ver REHW #650, #651).
Luego, la gente puede discutir los pros y los contras de lo que han
escuchado y pueden decidir lo que sea mejor. A diferencia de la
evaluación de los riesgos, el enfoque preventivo fomenta la
participación ciudadana y promueve la democracia.

--Peter Montague (National Writers Union, UAW Local 1981/AFL-CIO)

=====

[1] Douglas B. McGregor y otros, "An IARC Evaluation of Polychlorinated
Dibenzo-P-dioxins and Polychlorinated Dibenzofurans as Risk Factors in
Human Carcinogenesis," ENVIRONMENTAL HEALTH PERSPECTIVES Vol. 106,
Supplement 2 (April 1998), págs. 755-760.

[2] Robert N. Hoover, "Dioxin Dilemmas," JOURNAL OF THE NATIONAL CANCER
INSTITUTE Vol. 91, No. 9 (May 5, 1999), págs. 745-746.

[3] Kyle Steenland y otros, "Cancer, Heart Disease, and Diabetes in
Workers Exposed to
2,3,7,8-Tetrachlorodibenzo-p-dioxin," JOURNAL OF THE NATIONAL CANCER
INSTITUTE Vol. 91, No. 9 (May 5, 1999), págs. 779-786.

[4] Marilynn Larkin, "Public-health message about dioxin remains
unclear," LANCET Vol. 353 (May 15, 1999), pág. 1681.

Palabras claves: iarc; oms; who; dioxina; carcinógenos; evaluación de
los riesgos; principio de la precaución; producción limpia; análisis de
alternativas;

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