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#657 - Los Usos de la Incertidumbre Científica, 30-Jun-1999

Está ocurriendo una revolución en la manera en que se usa la ciencia en
la regulación ambiental. Al igual que la mayoría de las revoluciones,
está causando algún dolor y algún trastorno, y por supuesto que está
siendo opuesta ferozmente por quienes se benefician del sistema actual.
Pero la revolución está ocurriendo a pesar de esto, y el resultado
final parece estar garantizado. Cuando la revolución sea completa, será
un gran día para la salud pública y para el medio ambiente.

Los científicos definen frecuentemente la "certeza científica"
como "estar un 95% seguros de que la causa y el efecto se han
identificado correctamente". Es sumamente raro que un grupo grande de
científicos esté un 95% seguro de algo, especialmente de algo tan
complejo como un problema ambiental. Cuando se habla de sistemas vivos,
la norma es una gran incertidumbre científica. Incluso en el caso de un
químico ultra bien estudiado como la dioxina, la incertidumbre
científica es mucho mayor que el conocimiento firme de causa y efecto.

¿Cómo se trata actualmente la incertidumbre científica en la protección
ambiental? Por 50 años, [la incertidumbre científica] ha sido usada de
manera permisiva. Ha sido usada para posponer acciones que protegerían
la salud pública. El caso clásico es la introducción del tetraetilo de
plomo en la gasolina. (Ver REHW #539, #540). Cuando las corporaciones
químicas y automotrices anunciaron que estaban comenzando a poner el
tetraetilo de plomo sumamente tóxico en la gasolina en 1922, muchos
oficiales de la salud pública pensaron que era una idea peligrosa, e
instaron a una prórroga y a su estudio meticuloso. Pero las
corporaciones argumentaron que no había un acuerdo científico respecto
a la amenaza; en ausencia de evidencias convincentes de daños
generalizados (los cuales no habían sucedido todavía, por lo que no
podían ser documentados), insistieron en que tenían el derecho a
proceder. Básicamente, expresaron: "Nosotros podemos hacer lo que
queramos hasta el momento en que ustedes puedan apilar los cadáveres".
Sobre esa base, las corporaciones siguieron adelante irresponsablemente
con la nueva tecnología tóxica, definiendo así el parámetro para el
comportamiento corporativo en los siguientes 50 años. Las consecuencias
de esa decisión en particular son ahora temas de registro --decenas de
millones de estadounidenses sufrieron daños cerebrales; sus
coeficientes intelectuales quedaron reducidos permanentemente por la
exposición al polvo de plomo.

Debido a que hemos permitido que la incertidumbre científica posponga
los controles sobre las actividades peligrosas, tenemos ahora niveles
peligrosos de mercurio en la mayoría de los peces de agua dulce de la
nación; la capa de ozono de la Tierra se ha reducido peligrosamente;
tenemos encima el calentamiento global con las sequías, los incendios,
las inundaciones, los huracanes, los tornados y los tifones que éste
conlleva; las principales pesquerías del océano están disminuyendo
seriamente; la proporción sexual normal de los bebés ha sido cambiada
en muchos países industrializados y las cuentas espermáticas humanas
han disminuido un 50% en 50 años; los desórdenes del sistema inmune
como el asma y la diabetes están aumentando considerablemente; muchos
de los arrecifes de coral del mundo están muriendo; los cánceres del
cerebro, del sistema linfático, del sistema sanguíneo y de los
testículos están aumentando; se está intensificando el cáncer en los
niños; muchas especies se han extinto... Esta lista de calamidades
contemporáneas podría alargarse fácilmente.

Pero ahora la gente está despertando. Está despertando al hecho de que
la incertidumbre científica debería ser causa de prudencia, no algo
para lanzarse de cabeza insensatamente. Cuando usted vuela con poca
visibilidad, si no está seguro de si la forma que surge adelante es una
nube o una montaña, vaya más despacio. Una puntada a tiempo ahorra
ciento. Si usted no está seguro de lo que está haciendo, debería
proceder despacio y con cuidado, o quizás no proceder para nada. Mejor
seguro que arrepentido. Esa es la filosofía de la precaución.

En realidad, el principio de la acción preventiva ha parecido un poco
abstracto hasta ahora. Ha parecido una filosofía excelente, pero ¿cómo
funcionaría en la práctica? Ahora, un nuevo manual de la Red de Ciencia
y Salud Ambiental (Science and Environmental Health Network, SEHN)
desarrolla esta importante filosofía de protección ambiental,
describiendo cómo puede funcionar a nivel local [1].

Los Estados Unidos ya están en la obligación de operar por el principio
de la precaución. El gobierno federal firmó y ratificó la Declaración
de Rio de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Ambiente y el
Desarrollo, en 1992. La Declaración de Rio dice: "Para proteger el
medio ambiente, el enfoque preventivo tendrá que ser aplicado
ampliamente por los Estados [significando las naciones--P.M.] según sus
capacidades. Donde hay amenazas de daños serios o irreversibles, la
ausencia de una certeza científica completa no deberá ser usada como
razón para posponer medidas efectivas respecto al costo para prevenir
la degradación ambiental". Por consiguiente, no es cuestión de SI los
E.U.A. van a acatar el principio de la precaución, sino de COMO.

El principio de la precaución está grabado ahora en muchos tratados y
convenciones internacionales: la Segunda Declaración del Mar del Norte;
la Declaración de Bergen sobre el Desarrollo Sostenible; la Declaración
Ministerial de la Segunda Conferencia Climática Mundial; el Tratado de
Maestricht de la Unión Europea; la Convención de Helsinki sobre la
Protección y el Uso de Corrientes y Lagos Internacionales; y otros.

Ya está todo preparado. Lo que falta es que los organizadores y los
activistas apliquen el principio de la precaución a los niveles local y
estatal. La nueva guía de la SEHN nos muestra cómo.

El principio de la precaución dice que quienes toman las decisiones
tienen el deber general de tomar acciones preventivas para evitar daños
antes de que se haya establecido la certeza científica.

La prueba para saber cuándo aplicar el principio de la precaución es la
suma de las amenazas de daños y la incertidumbre científica. Algunas
personas dirían que los daños que amenazan tienen que ser serios o
irreversibles, pero otros señalan que esto no toma en cuenta los
efectos acumulativos de daños relativamente pequeños.

En lugar de preguntar cuántos perjuicios o daños vamos a tolerar (que
es el enfoque que toma la evaluación de los riesgos), el principio de
la precaución pregunta cómo reducir o eliminar los peligros y toma en
consideración todos los medios posibles para lograr esa meta,
incluyendo abandonar la actividad propuesta. (Por supuesto, tiene que
examinar las alternativas a una actividad peligrosa con el mismo
cuidado con que se examina la misma actividad peligrosa).

El principio de la precaución cambia a los responsables de la carga de
las pruebas. Los proponentes de una actividad deben probar que su
actividad no causará demasiado daño a la salud humana o al ecosistema.
Quienes tienen el poder y los recursos para actuar en la prevención de
daños tienen la responsabilidad de hacerlo. Esa responsabilidad tiene 2
partes: la responsabilidad financiera por cualquier cosa que salga mal.
[La mejor manera de manejar esto es con un bono de garantía (común en
la industria de la construcción). Ver REHW #510]. La segunda parte de
la responsabilidad es el deber de monitorear, comprender, investigar,
informar y actuar. La ignorancia y la incertidumbre ya no son excusas
para posponer las acciones para prevenir los daños.

Los pasos para tomar acciones preventivas no son complicados:

1. Describir y entender el problema o amenaza. ¿Qué tan grande es? ¿Qué
tan lejos puede llegar en espacio y tiempo? ¿Existen impactos
indirectos (por ejemplo, después de que se tira el producto)? ¿Qué tan
serios pudieran ser los efectos? Preguntas parecidas a estas aparecen
siempre que se escribe una declaración de impacto ambiental en
respuesta a la Ley de Política Ambiental Nacional (National
Environmental Policy Act, NEPA); de manera que no hay mucho de nuevo
aquí.

2. Describir lo que se sabe y lo que no se sabe. Existen muchas clases
de incertidumbre (las cuales el MANUAL de la SEHN describe de manera
excelente). ¿Estamos tratando con algo que no se puede conocer, o
acerca de lo cual somos completamente ignorantes? (Si es así, esta es
una buena razón para no proceder). ¿Qué se necesita para reducir las
incertidumbres? (Algunas incertidumbres pueden reducirse y otras no).
El MANUAL de la SEHN proporciona una buena guía para entender las
incertidumbres: "Los defensores ambientales y de la salud pública
tienen que hacer preguntas difíciles sobre la industria y los
reguladores para exponer lo grande de nuestra ignorancia. Una vez que
esta falta de conocimiento se haya puesto al descubierto, la noción de
exponer innecesariamente a los seres humanos y al medio ambiente a los
peligros sin la información sobre sus efectos parece irracional, y
parece lógica la precaución".

3. Identificar alternativas para la actividad o el producto. Primero,
replantear el problema para describir el propósito de la actividad. Un
desarrollo urbanístico proporciona vivienda; un solvente proporciona la
eliminación de la grasa; un pesticida proporciona el control de la
plaga. Entonces, estudiar todas las formas alternativas de cumplir el
propósito, para encontrar la que minimiza los daños a la gente y al
medio ambiente.

4. Determinar un curso de acción. ¿Cuánta precaución hay que tener?
¿Debe detenerse la actividad propuesta? ¿Hay que exigir alternativas?
¿Hay que exigir modificaciones para reducir los impactos negativos?
¿Hay que exigir un bono de garantía?

5. Monitorear. Quienes van a llevar a cabo la actividad deberían cargar
con el costo de su control, pero este control debería ser ejecutado por
una parte independiente (cuando sea posible). La información del
control podría justificar acciones adicionales o acciones diferentes.

El MANUAL compara entonces la precaución con la manera en que se toman
las decisiones ahora --por medio de la evaluación de los riesgos. La
evaluación de los riesgos no entra bien en la comparación.

El MANUAL termina con una sección llamada "Respondiéndoles a los
críticos". Los críticos del enfoque preventivo dicen cosas como: "no se
basa en ciencia infalible" y, "esto es emotivo e irracional" y, "esto
detendrá el desarrollo y nos regresará a la edad de piedra,"
y, "nosotros cumplimos con las regulaciones, de manera que ya estamos
ejerciendo la precaución". El MANUAL proporciona, con paciencia,
respuestas razonadas a cada una de estas expresiones tontas y a varias
otras también.

El principio de la precaución tiene aterrada a la industria
estadounidense. La acción preventiva le parece razonable a la gente de
manera inmediata. Todos pueden entender la sabiduría de: "No les hagas
a otros lo que no quieres que te hagan a ti" y, "Mejor seguro que
arrepentido". El principio de la precaución combina la validez
científica con la fuerza ética. No es de extrañar que las corporaciones
(y sus siervos en el gobierno) lo consideren como una amenaza a la
manera usual de hacer negocios. ES una amenaza a la manera usual de
hacer negocios.

La mayor esperanza de la industria es adoptar el lenguaje de la
precaución con gran fanfarria, mientras siguen presionando con los
mismos proyectos y programas de siempre que se basan en los riesgos,
esperando que nadie se de cuenta. Con este fin, el Centro de Harvard
para el Análisis de los Riesgos, un comité asesor de la industria
química, sostuvo una conferencia el mes pasado para desarrollar
estrategias para contrarrestar el principio de la precaución. Los
participantes se burlaron abiertamente de la precaución. Un
participante describió cómo su madre solía hacerlo usar un suéter cada
vez que salía, a pesar de que vivían en el sur de California. Esa
pequeña anécdota patética originó una carcajada nerviosa de la multitud
reunida, como si hubiera ganado muchos puntos en contra de la sabiduría
de la precaución.

Los participantes pagaron bastante dinero para poder asistir al
seminario de Harvard, esperando enterarse de cómo detener el
debilitamiento de la evaluación de los riesgos. Pero incluso las
Grandes Cabezas de Harvard no pueden rescatar una mala idea cuyo tiempo
ha pasado. Todas las evaluaciones de los riesgos son ficción, con un
matiz de suposiciones, cálculos aproximados, juicios y parcialidades --
todos disfrazados falsamente como "buena ciencia". La única cosa que
permite que los evaluadores de riesgos mantengan sus frentes en alto en
público es que la mayoría de la gente no tiene ni la más remota idea de
con qué se ganan la vida los evaluadores de riesgos, ni de las
consecuencias que implica su trabajo.

El principio de la acción preventiva, por el otro lado, personifica
todos los aspectos de la ciencia --incluyendo la incertidumbre-- en un
procedimiento ético dirigido a ELIMINAR los riesgos (algo que ninguna
evaluación de los riesgos ha intentado hacer nunca).

A la larga, la manera ética prevalecerá.

--Peter Montague (National Writers Union, UAW Local 1981/AFL-CIO)

=====

[1] Joel Tickner, Carolyn Raffensperger, y Nancy Myers, THE
PRECAUTIONARY PRINCIPLE IN ACTION-- A HANDBOOK (Windsor, North Dakota:
Science and Environmental Health Network, 1999). E-mail:
craffensperger@compuserve.com; dirección postal: SEHN, Rt. 1, Box 73,
Windsor, ND 58424; teléfono y fax: (701) 763-6286.

Palabras claves: precaución; principio de la precaución; evaluación de
los riesgos; carolyn raffensperger; joel tickner; ciencia en la toma de
decisiones; toma de decisiones; regulación;

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