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#376 - Cómo la Evaluación de los Riesgos Envenenó a Nuestros Niños, 09-Feb-1994

Según la Academia Estadounidense de Pediatría (American Academy of
Pediatrics), de 2 a 4 millones de niños estadounidenses tienen
suficiente plomo en la sangre como para reducir su coeficiente
intelectual (IQ, por sus siglas en inglés), reducir su estatura,
perjudicar su audición, disminuir su coordinación visual-manual y
reducir su capacidad para prestar atención en la escuela. Se piensa que
estos daños son permanentes [1]. El plomo es un metal tóxico suave,
gris, que ha sido extraído de la tierra y se ha usado para producir
objetos utilitarios por 5000 años. Su toxicidad para los mineros y
trabajadores ya estaba bien establecida entre los antiguos griegos y
romanos mucho antes del nacimiento de Cristo.

La toxicidad específica del plomo para los niños fue descrita por
primera vez en una revista médica en 1897, y una fuente clave de
envenenamiento con plomo en niños --el desprendimiento de la pintura de
la reja de un porche-- fue identificada y descrita en una revista
médica en 1904. El Consejo Nacional de Investigaciones de los E.U.A.
(U.S. National Research Council) recientemente señaló que en 1897 se
comprendía suficientemente bien el problema de la pintura tóxica como
para que al menos un fabricante de pintura en la ciudad de Nueva York
anunciara: "El esmalte Aspinall NO está hecho con plomo y no es
venenoso" [2, pág. 25]. En 1920, para prevenir el envenenamiento de sus
niños, Australia aprobó una ley que le ponía un alto al plomo en la
pintura. Los E.U.A. se demoraron 50 años antes de tomar una medida
similar en 1970.

Como resultado de esa demora, un médico que escribía en la revista
AMERICAN JOURNAL OF PUBLIC HEALTH diría rotundamente en 1992: "El
envenenamiento con plomo es epidémico entre los niños estadounidenses"
[3]. En 1993, la Academia Estadounidense de Pediatría comenzó su
declaración oficial sobre el envenenamiento con plomo en la niñez
citando al Departamento federal de Salud y Servicios Humanos
(Department of Health and Human Services), el cual dice que el
envenenamiento con plomo es "el problema de salud ambiental más
importante que enfrentan nuestros niños".

La Academia volvió a contar entonces la historia de la regulación del
plomo, ilustrando de qué manera fueron envenenados millones de niños
estadounidenses. Leyendo entre líneas la triste historia que cuenta la
Academia, podemos deducir que las comunidades médica y de la salud
pública se doblegaron bajo la presión de la industria y abandonaron su
propio y más fundamental principio; la PREVENCION DE LAS ENFERMEDADES.
La Academia dijo rotundamente en 1993: "El envenenamiento con plomo en
la niñez es evitable". ¿Entonces por qué no se previno? Es una pregunta
justa.

Durante los últimos 30 años, en lugar de preguntar cómo prevenir el
envenenamiento con plomo, la comunidad médica usó el enfoque de la
evaluación de los riesgos, preguntando: "¿cuánto plomo es considerado
seguro por la industria para meter en los niños?" En 1960, la comunidad
médica respondió la pregunta diciendo que para un niño era seguro tener
60 microgramos de plomo en cada decilitro [la décima parte de un litro]
de sangre (ó 60 mcg/dl). Esa respuesta resultó ser errada, y en 1975 la
comunidad médica respondió la pregunta diciendo que 30 mcg/dl era una
concentración segura. Eso también resultó ser errado, y en 1985 fijaron
25 mcg/dl como nivel seguro. Eso también resultó ser errado, y en 1991
la comunidad médica dijo que 10 mcg/dl era seguro. Como podremos ver,
el Consejo Nacional de Investigaciones ahora cree que incluso este
nivel "seguro" puede no serlo.

Pero primero revisemos qué les sucede a los niños con más de 10 mcg/dl
plomo en sangre. La Academia Estadounidense de Pediatría revisó
recientemente 18 estudios científicos que muestran que el plomo reduce
la capacidad mental de un niño. "Se encontró que la relación entre el
nivel de plomo y la deficiencia del IQ era sorprendentemente
consistente", dijo la Academia. "Una cantidad de estudios encontraron
que por cada 10 mcg/dl de aumento en el nivel de plomo en sangre, había
una disminución de 4 a 7 puntos del IQ promedio en niños". Esto pudiera
no sonar como una gran pérdida, pero una disminución de 5 puntos del IQ
promedio pone a un 50% más de niños en la categoría de IQ 80, que
limita con la inteligencia normal. También reduce el número de sujetos
con IQ altos; por ejemplo, un pequeño grupo que debería haber contenido
5 niños con IQ de 125, no contenía ninguno [1].

La Academia Estadounidense de Pediatría dice que tales pérdidas son
permanentes y se traducen en el acortamiento de la trayectoria
educativa, la reducción de las posibilidades de trabajo y una reducción
en el poder de ingreso. Dos grupos de niños en primero y segundo grado -
-uno con 25 mcg/dl y el otro con 35 mcg/dl-- fueron estudiados hasta
llegar a adultos. El grupo con la cantidad de plomo alta tenía una
probabilidad siete veces mayor de no graduarse de bachillerato y seis
veces mayor de tener calificaciones dos grados por debajo de lo que se
esperaba en lectura, luego de hacer los ajustes para una cantidad de
factores, incluyendo el nivel socioeconómico y el IQ de los padres. Los
niños con mucho plomo también tenían un mayor ausentismo en su último
año escolar, menor rango en la clase, un vocabulario y un razonamiento
gramatical más pobres, tiempos de reacción más largos y una
coordinación visual-manual más pobre.

Debido a que los E.U.A. prohibieron el plomo en la gasolina y la
soldadura de plomo en las latas, el promedio del plomo en sangre en los
niños estadounidenses ha disminuido de 16 hasta aproximadamente 5
mcg/dl durante los últimos 15 años. Sin embargo, como dice la Academia
Estadounidense de Pediatría: "aún hay muchos niños corriendo un riesgo
de exposición alto".

Cuarenta y dos millones de familias viven en viviendas que contienen
unas 3 millones de toneladas de plomo en la pintura, equivalentes a
aproximadamente 140 libras de plomo por hogar, ó 63 mil millones de
microgramos de plomo en cada hogar. Al desintegrarse esa pintura
lentamente en forma de polvo del hogar, envenenará a un niño que reciba
dicho plomo sobre sus manos y en la boca al ritmo de sólo 150
microgramos por día, según el Consejo Nacional de Investigaciones [2,
pág. 18].

Además de la pintura, el polvo de los hogares también contiene plomo
traído a las viviendas desde el suelo de tierra. Entre 1920 y 1980, las
compañías petroleras y automotrices defendieron y protegieron
agresivamente su derecho a arrojar plomo tóxico en todos los
vecindarios de los Estados Unidos; las mismas dejaron un legado de 30
millones de toneladas de plomo en la tierra antes de que la nación
entrara en razón y le pusiera un bozal a estas industrias.

Pero el daño ya estaba hecho, y ahora el envenenamiento continúa en
todas partes. Un estudio a principios de los años 80 mostró que, entre
los niños caucásicos, un 7% en las áreas de niveles socioeconómicos
altos y un 25% en las comunidades más pobres tenían niveles de plomo en
sangre mayores de 15 mcg/dl. Entre los niños afroamericanos en las
comunidades pobres, esta cantidad era de un 55% [1].

El problema del plomo era inevitable; dada la decisión de permitir el
plomo en la pintura, la gasolina y otros productos. El Consejo Nacional
de Investigaciones, en su libro de 1993 sobre el problema del plomo,
resumió la situación de manera cruda: "Una vez que se extrae el plomo y
se introduce en el ambiente, dicho plomo persiste. Con el tiempo, el
plomo de formas distintas se vuelve disponible para el cuerpo como
partículas pequeñas. La mayoría de las 300 millones de toneladas
métricas de plomo que se produjeron desde el principio permanecen en el
ambiente; la mayor parte en la tierra y el polvo. Eso explica, en
parte, por qué las concentraciones de fondo de plomo en los
norteamericanos de hoy en día son mayores en un factor de 100 a 1000 de
lo que eran en los americanos precolombinos. La producción de hoy se
convierte en la exposición de fondo de mañana, y a pesar de las
reducciones en el uso del plomo en la gasolina, la producción total de
plomo continúa creciendo y las agencias federales no han tratado el
impacto de futuros aumentos del plomo en el ambiente" [2, pág. 18].

Resumiendo, si usted extrae plomo del suelo, éste se dispersará
eventualmente en el ambiente. Se meterá en la tierra, luego en los
alimentos y el agua. Eventualmente se meterá en los seres humanos (sin
mencionar los animales silvestres), en los que afectará su salud. Esto
es inevitable. La única manera de impedir este resultado, es dejar de
extraer el plomo del fondo de la tierra. La cero descarga.

El Consejo Nacional de Investigaciones dice que se calcula que los
seres humanos modernos tienen una carga corporal total de plomo
aproximadamente entre 300 y 500 veces mayor que la de nuestros
ancestros prehistóricos... [2, pág. xii]. De acuerdo a medidas
cuidadosas de huesos humanos, los habitantes precolombinos de
Norteamérica tenían niveles promedio de plomo en sangre de 0,016
mcg/dl --unas 625 veces menores que los 10 mcg/dl establecidos ahora
como "seguros" para nuestros niños [4]. Según parece, es improbable que
los niveles de un potente veneno nervioso 625 veces mayores que los
niveles naturales de fondo puedan ser "seguros" para los niños.

El Consejo Nacional de Investigaciones admite tanto como esto: "Existe
una evidencia creciente de que incluso exposiciones muy pequeñas al
plomo pueden producir efectos sutiles en los seres humanos. Debido a
esto, existe la posibilidad de que los parámetros futuros pudieran caer
por debajo de los 10 mcg/dl al comprenderse mejor los mecanismos de la
toxicidad del plomo" [2, pág. 3].

A pesar de 80 años de investigaciones, la toxicidad del plomo en los
niños aún no se comprende totalmente. Según el Consejo: "El
envenenamiento con plomo en la niñez involucra daños en al menos 3
sistemas de órganos: el sistema nervioso central (específicamente, el
cerebro), el riñón y los órganos que producen la sangre. Otros sistemas
también resultan afectados, pero la naturaleza de su daño tóxico no se
ha caracterizado igual de bien" [2, pág. 32]. En otras palabras,
sabemos que ocurren daños adicionales (aparte de los 3 sistemas de
órganos), pero no los comprendemos.

Más aún, dice el Consejo: "Una vez que el plomo es absorbido desde una
fuente específica, se suma a una carga corporal que contribuye a varios
efectos a la salud. Debido a esto, las exposiciones suficientemente
pequeñas para haberse considerado de poca importancia ahora se toman
más seriamente. En otras palabras, tenemos que considerar el impacto
agregado de múltiples fuentes de plomo pequeñas en la evaluación del
riesgo a la salud" [2, pág. 99].

Como revelan estas citas, el Consejo Nacional de Investigaciones
continúa operando en la manera de pensar antigua, científicamente
quebrada, de la "evaluación de los riesgos" --tratando de establecer un
nivel "seguro" de veneno que se le permitirá a la industria meter en
los niños. Para que esta manera de pensar proteja a los niños, deben
comprenderse a fondo todas las formas de daños, lo cual no se puede.
Deben comprenderse los efectos de todas las fuentes de exposición al
plomo, lo cual no se puede. El impacto acumulativo del plomo, la
malnutrición y muchas otras presiones sobre un niño (los PCBs, los
pesticidas, etc.) deben ser tomados en cuenta para establecer los
niveles acumulativos "seguros". La ciencia no tiene manera de calcular
los efectos acumulativos de las exposiciones múltiples.

Esta manera de pensar no científica y quebrada --la evaluación de los
riesgos-- garantiza permitir que continúe el envenenamiento a algún
nivel. Un enfoque verdaderamente preventivo no pregunta "¿cuánto plomo
es seguro?" sino que en lugar de esto, pregunta "¿cuáles son las
alternativas para cada uso del plomo? ¿cómo podemos evitar el plomo por
completo?" Dado el reciente compromiso general de la administración
Clinton respecto a la evaluación de los riesgos como la base para todas
las regulaciones federales [RHWN #359], también tenemos que preguntar
¿hay tantos de nosotros con el cerebro dañado por el plomo y otras
toxinas que ya no somos capaces, como sociedad, de hacer las preguntas
correctas?

--Peter Montague

=====

[1] Committee on Environmental Health, American Academy of
Pediatrics, "Lead Poisoning: From Screening to Primary Prevention,"
PEDIATRICS Vol. 92 (July 1993), págs. 176-183.

[2] National Research Council, MEASURING LEAD EXPOSURE IN INFANTS,
CHILDREN, AND OTHER SENSITIVE POPULATIONS (Washington, D.C.: National
Academy Press, 1993).

[3] Philip J. Landrigan, "Commentary: Environmental Disease --A
Preventable Epidemic," AMERICAN JOURNAL OF PUBLIC HEALTH Vol. 82 (July
1992), págs. 941-943.

[4] A. Russell Flegal y Donald R. Smith, "Lead Levels in Preindustrial
Humans," NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE Vol. 326 (May 7, 1992), págs.
1293-1294.

Palabras claves: niños; plomo; pintura; australia; national research
council; american academy of pediatrics; iq; daño cerebral; vivienda;
gasolina; tierra; polvo; sistema nervioso central; enfermedad renal;
sangre;

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