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#677 - Los Derechos Corporativos Frente a la Necesidad Humana, 17-Nov-1999

[Nota: en la semana del 22 de noviembre no se publicará el
semanario "Salud y medio ambiente"].

Durante muchos años, en los países "desarrollados", el mercado
potencial de los alimentos infantiles y la leche de fórmula infantil se
ha ido reduciendo debido a la disminución de la natalidad. Debido a
esto, con el fin de crear una nueva demanda para sus productos, las
corporaciones de alimentos infantiles han buscado agresivamente "abrir
nuevos mercados" en el Tercer Mundo.

Una forma de "abrir nuevos mercados" es mediante la publicidad dirigida
a convencer a las mujeres de que amamantar a sus bebés no es "moderno"
y darles el biberón es más sano. Por supuesto que la premisa de tal
publicidad es falsa desde el punto de vista médico -amamantar
proporciona mayores beneficios en comparación con todos los substitutos
sintéticos. (Amamantar le proporciona al bebé inmunidad considerable
frente a las enfermedades; crea un fuerte nexo emocional entre madre e
hijo; ayuda a prevenir el cáncer de seno en la madre, etc.) Sin
embargo, muchas mujeres son engañadas por la publicidad falsa; como
resultado de esto, según el Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia (United Nations Children's Fund, UNICEF), sólo 44% de los
bebés son amamantados en el Tercer Mundo. (La proporción es incluso más
baja en los países "desarrollados").

Principalmente debido a esta publicidad falsa, según la UNICEF, 1,5
millones de bebés mueren cada año debido a que sus madres, sin darse
cuenta, preparan leche de fórmula infantil con agua contaminada,
ocasionando diarreas fatales.

Durante la década de los 70, una campaña mundial de grupos de base
dirigió su atención hacia este problema, boicoteando los productos de
Nestle, un importante productor de leche de fórmula infantil.

En parte debido al boicot de Nestle, la Organización Mundial de la
Salud OMS, desarrolló y publicó un "Código para la comercialización de
substitutos de leche materna". El código de la OMS prohibe frases
como "leche materna humanizada" y "equivalente a la leche materna". Más
aun, para proteger a las mujeres iletradas de ser engañadas, el código
de la OMS prohibe las fotografías en las etiquetas "que idealicen la
alimentación con biberón".

En 1983, Guatemala aprobó una ley y varias regulaciones que
incorporaban el código de la OMS. La meta del gobierno guatemalteco era
animar a las nuevas madres para que (1) amamantaran a sus bebés y (2)
comprendieran completamente los riesgos de sus bebés al usar leche de
fórmula infantil como substituto para la leche materna. La ley
guatemalteca prohibía el uso de etiquetas que asociaran la leche de
fórmula infantil con un bebé sano y regordete; específicamente, la ley
prohibía las fotos de bebés idealizados sobre los empaques de alimentos
infantiles destinados a niños menores de 2 años. Más aun, la ley
guatemalteca exigía que las etiquetas llevaran una declaración que
dijera que amamantar es superior en términos nutricionales.

La ley también les prohibía a los fabricantes de alimentos infantiles
que distribuyeran muestras gratis de sus productos (si un bebé comienza
a tomar las muestras gratis, la madre deja de lactar; convirtiéndose la
madre y el bebé en clientes a tiempo completo). Y finalmente, la ley
les prohibía a los fabricantes de alimentos infantiles que comerciaran
sus productos directamente a las madres jóvenes en los hospitales.

Las regulaciones entraron en efecto en 1988 y todos los fabricantes de
alimentos infantiles, domésticos y extranjeros, -con una notable
excepción- las cumplieron. La mortalidad infantil atribuible a la
alimentación con biberón disminuyó y la UNICEF comenzó a destacar a
Guatemala como modelo de lo que puede funcionar.

Sin embargo, el fabricante estadounidense de alimentos infantiles,
Gerber (cuyo lema es: "Los bebés son nuestra empresa"), objetó la nueva
ley de Guatemala. Según se informa, aunque el Ministerio de Sanidad de
Guatemala hizo muchos intentos de negociar con Gerber, la compañía
continuó vendiéndole su leche de fórmula infantil directamente a las
madres en el hospital y continuó distribuyendo muestras gratis entre
los médicos y las guarderías infantiles.

Lo que es más importante, Gerber se negó a quitar de las etiquetas de
sus productos su foto de marca registrada que muestra a un bebé
sonriente y regordete, y se negó a añadir una frase que dijera que la
leche materna era superior. Resumiendo, Gerber se burló de las
autoridades sanitarias guatemaltecas, que estaban tratando de proteger
del peligro a sus ciudadanos más vulnerables, los bebés.

En noviembre de 1993 -diez años después de que Guatemala aprobara su
ley, y cinco años después de hacerse efectivas sus regulaciones- Gerber
perdió su última apelación. Un Tribunal Administrativo guatemalteco
falló a favor del Ministerio de Sanidad y parecía que incluso Gerber
tendría que acatar la ley guatemalteca.

Pero Gerber lanzó una nueva ofensiva sobre Guatemala, argumentando que
la ley guatemalteca era ilegal según los estatutos internacionales
debido a que en realidad la ley era una "expropiación de la marca
comercial de Gerber". Esta táctica le dio a Gerber cierto tiempo
mientras se creaba la Organización Mundial del Comercio, OMC (World
Trade Organization, WTO). Entonces, en 1995, cuando comenzó a funcionar
la OMC, Gerber retiró su demanda de expropiación ilegal de su marca
comercial y comenzó a amenazar a Guatemala con protestar contra ella
ante un tribunal de la OMC.

En poco tiempo, Guatemala se dio cuenta de que se encontraba frente a
un inmenso poder y el gobierno guatemalteco cambió su ley para
permitirle a Gerber salirse con la suya. Gerber ganó sin nunca haber
tenido que pedirle formalmente a los E.U.A. que llevaran su caso a la
OMC. Fueron suficientes tan sólo unas cuantas cartas con la amenaza de
la OMC.

Este ejemplo ilustra otra propiedad maravillosa de la OMC -la facilidad
con la que los países pequeños y pobres pueden ser intimidados por las
corporaciones transnacionales para que "abran sus mercados". Según las
reglas de la OMC, los países tienen que abrir sus mercados a las
corporaciones extranjeras y los gobiernos no pueden establecer, como
condición para hacer negocios, que se respeten sus leyes domésticas. De
hecho, la OMC les ha dado a las corporaciones una vía nueva y poderosa
para desafiar las leyes de cualquier gobierno (federal, estatal o
municipal).

Muchos países pobres, incluyendo Guatemala, no tienen los medios para
mantener una delegación a tiempo completo que observe a la OMC en
Ginebra, Suiza. Tampoco pueden mantener a expertos legales propios
especializados en las normas de la OMC que cambian constantemente.
Estos países podrían contratar legalmente asesores y expertos de afuera
para defenderse de un desafío de la OMC, pero el costo de una defensa
como ésa podría ser de varios millones de dólares. Los países que saben
mover las cuerdas en Suiza y tienen dinero para gastar pueden usar
procedimientos tretas que hacen de la OMC una arena muy costosa en la
cual litigar. Por ejemplo, un país puede desafiar las credenciales de
la delegación de otro país, prolongando de esta manera las reuniones
por tiempo indefinido. Como escribió la organización de Ralph Nader,
Public Citizen: "La práctica de la OMC de permitirles a los adversarios
ricos objetar las delegaciones de los países pobres debilita la
participación significativa de los países pobres en la OMC -y convierte
las amenazas de protesta de la OMC en herramientas enormemente
poderosas para impedir la adopción de medidas preventivas de salud
pública por los países pobres que son los que más las necesitan" [1,
pág. 117].

Las corporaciones farmacéuticas de los E.U.A. y Europa evidentemente
aprendieron una lección importante de la victoria de Gerber sobre
Guatemala. Las corporaciones de medicinas han lanzado una campaña de
amenazas contra los países que están tratando de hacer medicinas más
asequibles y accesibles para sus ciudadanos. Suráfrica, Tailandia y la
India son ejemplos de esto.

En 1997, bajo el liderazgo de Nelson Mandela, Suráfrica aprobó una Ley
de Medicinas que todavía no ha entrado en efecto por completo. Cuando
todas las disposiciones de la ley sean implementadas, se fomentará el
uso de las medicinas genéricas de bajo costo y se les prohibirá a las
compañías de medicinas que les paguen recompensas a los doctores por
recetar medicinas específicas. La Ley de Medicinas tiene dos
disposiciones adicionales que las corporaciones farmacéuticas
encuentran particularmente de mal gusto:

(1) La ley les exige a las compañías farmacéuticas que otorguen sus
productos bajo licencia a otras compañías que entonces tienen que
pagarles regalías a quienes desarrollaron el fármaco. Una ley como ésta
estimula la competencia en la fabricación de fármacos nuevos, poniendo
así los fármacos modernos a la disposición a un costo reducido.

(2) La segunda disposición es la llamada "importación paralela", que
permite que un producto farmacéutico sea importado de varios países
distintos simultáneamente, tomando ventaja de esta manera de los
precios más bajos disponibles. Por ejemplo, el antibiótico Amoxicilina
cuesta 50 centavos por tableta en Suráfrica, 30 centavos en Nueva York
y sólo 4 centavos en Zimbabwe [1, pág. 114]. La nueva ley de Suráfrica
haría que la Amoxicilina fuese más barata y que por lo tanto estuviese
más disponible para la gente de Suráfrica, en gran parte gente pobre.

Ahora las corporaciones farmacéuticas transnacionales, con ayuda de la
administración Clinton/Gore, están usando amenazas de acción de la OMC
para obligar a Suráfrica a que revoque su Ley de Medicinas. Cuando los
activistas del SIDA protestaron el papel de la administración
Clinton/Gore al tratar de anular la Ley de Medicinas de Suráfrica,
un "asesor veterano de Gore" emitió una declaración defendiendo a
Gore: "Obviamente, el Vicepresidente tiene que dar la cara por los
intereses comerciales de las compañías estadounidenses" [1, pág. 121].
Gore está haciendo más que meramente dar la cara por las corporaciones
estadounidenses. Los memorándums del Departamento de Estado de los
E.U.A. describen una "fuerte ofensiva", dirigida por Gore, para obligar
a Suráfrica a "anular, suspender o finalizar" su Ley de Medicinas. De
la manera en la que lo ven los E.U.A., sencillamente no hay
alternativa -según las normas de la OMC, los derechos de propiedad
intelectual de las corporaciones tienen una prioridad mayor que la
salud humana. Esta es, de hecho, la interpretación correcta de las
normas de la OMC. Sin embargo, Gore parece reconocer que su campaña
contra la asistencia médica para los pobres en Suráfrica pudiera
volverse contra él. Cuando se vio presionado por el grupo ACT-UP en
junio de 1999, Gore emitió una declaración negando que estaba
presionando a Suráfrica [1, pág. 123].

El caso de Suráfrica no es único. En 1992, Tailandia formó un Comité de
Revisión Farmacéutica, el cual estableció la licencia obligatoria de
las medicinas. A una compañía con una patente exclusiva para una
medicina de importancia crítica se le exigía que la diera en licencia a
otras compañías para que la produjeran, con regalías pagadas a quien
tuviera la patente. Esto originó competencia y bajó el precio de las
medicinas de importancia crítica para la gente de Tailandia; como por
ejemplo el Flucanazole de Pfizer, usado para tratar la meningitis.
Después de la licencia obligatoria, el costo del tratamiento con
Flucanazole en Tailandia cayó de $14 por día a $1 por día. Sin embargo,
los E.U.A. presionaron incesantemente a Tailandia durante 7 años, hasta
que el Comité tailandés de Revisión Farmacéutica fue abolido
formalmente. Los E.U.A. argumentaron con éxito que un comité como ése
era ilegal según las normas de la OMC [1, pág. 113]. Según las normas
de la OMC, los derechos corporativos de la propiedad intelectual tienen
una prioridad mayor que la salud humana.

Por muchos años, la India tuvo una ley que hacía ilegal patentar una
sustancia "destinada al uso, o capaz de ser usada como alimento o
medicina o fármaco" [1, pág. 105]. En 1997, un tribunal de la OMC
dictaminó que la ley de la India era ilegal. Usando a la OMC como
ariete, los E.U.A. presionaron con éxito a la India para que abandonara
su prohibición de patentar alimentos y fármacos.

Ahora, W.R. Grace ha presentado una petición para una patente
estadounidense de un subproducto con propiedades pesticidas fabricado a
partir del árbol de Neem, que sólo crece en la India. El árbol de Neem
ha sido usado durante siglos en la India para hacer medicinas y
pesticidas biológicos. De hecho, el árbol de Neem tiene el apodo de "la
farmacia de la aldea". W.R. Grace alega que tiene un nuevo método para
producir los pesticidas que la gente del lugar lleva produciendo hace
cientos de años. Grace ahora dice que merece el derecho exclusivo de
vender los productos que fueron desarrollados por las comunidades
nativas -y Grace argumenta que según las normas de la OMC, el gobierno
de la India tiene la obligación de hacer cumplir los derechos de
patente de Grace [1, pág. 110].

Pareciera que la OMC es un vehículo casi perfecto para extender el
dominio corporativo en cada rincón del mundo. Pero las corporaciones
todavía no están satisfechas. El propósito de la reunión de la OMC en
Seattle del 29 de noviembre al 3 de diciembre es consolidar y extender
aun más el poder de la OMC. Para participar, llame gratis al 1-877-
STOPWTO.

--Peter Montague

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[1] Lori Wallach y Michelle Sforza, WHOSE TRADE ORGANIZATION?:
CORPORATE GLOBALIZATION AND THE EROSION OF DEMOCRACY (Washington, D.C.:
Public Citizen, Inc., 1999). ISBN 1582310017; teléfono (202) 588-1000.

Palabras claves: corporaciones; organización mundial del comercio, omc;
suráfrica; tailandia; guatemala; libre comercio;

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