Environmental Health News

What's Working

  • Garden Mosaics projects promote science education while connecting young and old people as they work together in local gardens.
  • Hope Meadows is a planned inter-generational community containing foster and adoptive parents, children, and senior citizens
  • In August 2002, the Los Angeles Unified School District (LAUSD) Board voted to ban soft drinks from all of the district’s schools

#705 - Protección Ambiental Moderna -- Parte 2, 02-Aug-2000

A partir de ahora, Salud y Medio Ambiente será publicado
quincenalmente.-P.M.

¿Será una simple coincidencia el hecho que el diario NEW YORK TIMES
escogiera el aniversario de la independencia de los Estados Unidos -el
4 de julio- para discutir las metáforas usadas ahora por los
científicos para describir la destrucción del ecosistema global? [1]

¿Cuál es la mejor metáfora para ayudarnos a entender la desaparición
acelerada de la vida animal y vegetal y de los pueblos indígenas en
todo el mundo, incluyendo los E.U.A., donde un tercio de todos los
animales y todas las plantas están en peligro de extinción y donde la
destrucción de los pueblos indígenas sobrepasaba 90% hace ya algún
tiempo?

** ¿Es la mejor metáfora el avión que pierde los remaches? Muchos
remaches pueden salirse sin que tengan ningún efecto sobre las
condiciones de vuelo del avión, pero eventualmente la pérdida de un
remache de más hará que el avión se estrelle.

** O tal vez sea más apropiado comparar el ecosistema global con un
tapiz suntuoso, diverso; una metáfora usada por Carlos Davidson,
biólogo conservacionista de la Universidad de California (en Davis) en
una entrevista con William K. Stevens, escritor del diario TIMES. "La
función y belleza del tapiz resulta ligeramente disminuida con la
eliminación de cada hebra. Si se sacan demasiadas hebras -especialmente
si se sacan del mismo área- el tapiz comenzará a verse desgastado y
puede romperse en esa zona". En esta metáfora no hay un "accidente",
sino más bien una "degradación continua" de "un mundo rico en
biodiversidad a un retazo gastado con menos especies, menos áreas
naturales, menos belleza y menos servicios del ecosistema". De acuerdo
con esta metáfora, cualquier accidente que pueda ocurrir (tal como el
colapso de una pesquería) es relativamente raro y local.

** Pero, dice Stevens, incluso la metáfora del tapiz
pareciera "incompleta" debido a que "si el impacto humano sobre el
resto de la naturaleza es tan fuerte y abarca tanto como dicen muchos
científicos", entonces los seres humanos no están solamente
deshilachando el tapiz; están tejiéndolo nuevamente con diseños
completamente nuevos que son "mucho más simples, aburridos y menos
funcionales que el original".

El principal impacto de los seres humanos es simplificar la Tierra, y
la misma simplificación lleva al peligro del colapso; según G. David
Tilman y Kevin S. McCann, autores de artículos sobre biodiversidad
publicados recientemente en la revista británica NATURE [2, 3]. Sólo en
los últimos 10 años los científicos han podido demostrar que la
diversidad es importante para la estabilidad de los ecosistemas. David
Tilman le dijo a William K. Stevens: "Estamos simplificando el mundo a
una escala generalizada, una escala sin precedentes".

Tilman señala que ahora sabemos con certeza que los ecosistemas
simplificados están sujetos al colapso y que podemos ver cómo la
metáfora del tapiz comienza a convergir con la metáfora del remache. Es
la diversidad lo que permite que un ecosistema sobreviva en tiempos de
estrés, como por ejemplo durante una sequía. Debido a la diversidad, la
sequía no exterminará todas las partes del ecosistema, de manera que
queda algo a partir de lo cual volver a reconstruirlo. Un ecosistema
simplificado extremadamente puede no ser capaz de reconstruirse, y las
condiciones desérticas (por ejemplo) pudieran convertirse en la norma.
(Se calcula que 35% de las tierras del mundo se encuentran amenazadas
en este momento por el avance de los desiertos [4]). Desde el punto de
vista humano, los ecosistemas simples pueden ser muy productivos (los
campos agrícolas de maíz, por ejemplo), pero son frágiles y están
sujetos al colapso (por ejemplo, de 1845 a 1851, la hambruna de la papa
en Irlanda mató a un millón de personas). De manera que incluso el
colapso "local" puede ser extremadamente doloroso para aquellos que
están involucrados.

Los seres humanos están alterando la faz de la tierra de tres maneras
importantes, según Jane Lubchenco, antigua presidenta de la Asociación
Estadounidense para el Avance de la Ciencia (American Association for
the Advancement of Science): (a) transformando la tierra y el mar a
través del despoblamiento de árboles, la silvicultura, el pastoreo, la
urbanización, la minería, la pesca de arrastre, el dragado, etcétera -
todas las actividades que llamamos erróneamente "desarrollo"; (b)
agregando o eliminando especies y poblaciones genéticamente distintas a
través de la alteración o pérdida del hábitat, la cacería, la pesca y
las introducciones e invasiones de especies; y (c) alterando los
principales ciclos biogeoquímicos, como el ciclo del carbono, del
nitrógeno, del agua y de los químicos sintéticos...[5]

Probablemente el problema más fácil de solucionar es la contaminación
industrial del globo con químicos exóticos y peligrosos. Jane Lubchenco
describe el problema de esta manera: "Se están sintetizando y poniendo
en el mercado compuestos químicos nuevos -desde los clorofluorocarbonos
hasta los compuestos orgánicos persistentes como el DDT y los PCBs
(bifenilos policlorados, por sus siglas en inglés). Sólo unos pocos de
los miles de químicos nuevos comercializados cada año son monitoreados;
los efectos biológicos de la mayoría de ellos son desconocidos,
especialmente las interacciones sinérgicas de los distintos compuestos
y su interferencia con los sistemas hormonal y del desarrollo". Note
que todos los ejemplos de Lubchenco son compuestos clorados -los
clorofluorocarbonos (CFCs, por sus siglas en inglés) que destruyen la
capa de ozono, el DDT y los PCBs. Estos son buenos ejemplos debido a
que los compuestos clorados tienden a ser tóxicos, de vida larga e
incompatibles con los ecosistemas. Dejar de producir cloro según un
programa definido -la manera en que el mundo está intentando retirar
paulatinamente los CFCs mediante el Protocolo de Montreal- sería un
paso razonable que los seres humanos podrían dar para reducir la
destrucción de la Tierra.

El Consejo de la Química del Cloro (Chlorine Chemistry Council) -la
asociación de corporaciones que producen y venden químicos clorados-
alega que el mundo debería seguir regulando los químicos clorados uno
por uno usando la evaluación de los riesgos, el statu quo de la
regulación. El CCC tiene una gran razón para abogar por esta posición,
ya que sabe que la misma nunca podrá llevar a una reducción
significativa de la industria de los químicos clorados.

La única política racional y protectora sería retirar todo el grupo de
los químicos clorados. Todos. Si se retuviese alguno, estaría eximido
del retiro mediante un estudio caso por caso. En otras palabras, la
carga de las pruebas debería ser levantada del público y colocada sobre
los contaminadores que usan el cloro: ellos deberían tener que
demostrar que sus mercancías no están causando, o van a causar, daños
significativos.

En otras palabras -como dice Joe Thornton en su excelente nuevo libro,
PANDORA'S POISON ("EL VENENO DE PANDORA") [6]- antes de que una
sustancia pueda ser introducida en el comercio, el fabricante debería
tener que demostrar que la sustancia y sus subproductos y productos de
descomposición relacionados no son persistentes ni se bioacumulan y que
no son cancerígenos, mutagénicos, bloqueadores de señales
intracelulares (por hormonas, neurotransmisores, factores de
crecimiento, citoquinas, etcétera) o tóxicos a bajas dosis para el
desarrollo, la reproducción, la inmunidad o la función neurológica. Muy
pocos compuestos organoclorados podrían pasar una prueba como ésa. De
manera que esta sería una carga demasiado grande para la industria de
los químicos clorados y ellos lo saben. Así que la industria de los
químicos clorados apoya la continuación del sistema regulador actual,
totalmente ineficaz, basado en las evaluaciones de los riesgos químico
por químico, uno a la vez.

Como señala Thornton, hay siete razones por las cuales ha fracasado la
regulación de los químicos clorados uno por uno:

1) Hay 11.000 compuestos clorados creados intencionalmente y miles más
creados involuntariamente. Además, los químicos nuevos son lanzados al
mercado mucho más rápido de lo que los toxicólogos pueden evaluar sus
peligros. A principios de la década de 1990, la Agencia de Protección
Ambiental de los E.U.A. [U.S. Environmental Protection Agency, EPA]
había establecido directrices para 128 químicos en las aguas
residuales, había preparado evaluaciones sanitarias de menos de 100
químicos y había expedido parámetros de la emisión en el aire para
menos de 10 químicos. Este es el resultado de 30 años de intensos
esfuerzos. La reexaminación científica de la EPA sobre los peligros de
un sólo químico organoclorado -la dioxina- ha estado en camino desde
1991 y continúa como borrador. Incluso si a la EPA se le asignaran
recursos inmensos para la tarea de evaluar los peligros de los químicos
clorados, tomaría muchos, muchos siglos para completar dicha tarea.

2) Los compuestos organoclorados se forman como mezclas complejas de
miles de compuestos, y la gran mayoría de los subproductos clorados no
se conoce y está sin identificar. No es posible evaluar y controlar uno
por uno los compuestos que no han sido identificados.

3) Incluso si nuestra meta fuese eliminar sólo los compuestos
organoclorados más tóxicos, más persistentes y que más se bioacumulan,
la única manera factible de lograr esto sería retirarlos todos, debido
a que no se puede practicar la química del cloro sin crear grandes
cantidades de subproductos tóxicos, persistentes y que se bioacumulen.
Como señala Thornton, la producción continua de miles de toneladas de
PCBs cada año -décadas después de que se prohibió la producción
intencional de PCBs- muestra el fracaso de la regulación uno por uno.
La dioxina está en la misma clase -casi todos los productos y procesos
clorados crean dioxina en algún momento- así que para evitar la
producción del más tóxico de todos los compuestos clorados, toda la
química del cloro debe ser detenida.

4) Los límites de la toxicología y la epidemiología vuelven el enfoque
químico por químico inconveniente para proteger la salud y los
ecosistemas. Los compuestos organoclorados se encuentran en mezclas
complejas, así que los toxicólogos y epidemiólogos nunca serán capaces
de saber qué químico está causando cuáles efectos a la salud debido a
que, como dice Thornton, "el hecho es que los responsables siempre son
grupos de estos compuestos". "A diferencia de esto, el dirigir la
atención a las tecnologías que causan la contaminación con compuestos
organoclorados elimina la formación de estas mezclas, prescindiendo
inmediatamente de los problemas de los compuestos no identificados y de
los efectos sinérgicos", señala Thornton [pág. 351].

5) La quinta razón es económica: cuando la sociedad deja de producir un
compuesto organoclorado (por ejemplo, DDT), la industria del cloro crea
un mercado para otro producto clorado y así mantiene -o acelera- su
programa de destrucción global. Lo que el mundo necesita es una
reducción en la carga total de los químicos clorados, no sólo una
reducción en uno o dos o 10 compuestos específicos. La regulación
químico por químico nunca le podrá dar al planeta una tregua del azote
del cloro.

6) No tiene sentido suponer que los miles de compuestos organoclorados
que no han sido evaluados son benignos, dado que virtualmente todo
compuesto clorado que ha sido evaluado produce uno o más efectos
tóxicos. La cloración casi siempre aumenta la toxicidad y la
bioacumulación de los químicos orgánicos. Por lo tanto es lógico y
consistente con los conocimientos existentes el suponer que todos los
compuestos clorados son peligrosos a menos que haya cierta información
específica que sugiera lo contrario.

7) La última razón para tratar los compuestos organoclorados como una
clase es por una cuestión ética. La regulación químico por químico
supone que cada químico es inocente hasta que se pruebe lo contrario.
Esto coloca la carga de las pruebas sobre el público, que tiene que
probar que cada químico es dañino. Como dice Thornton (pág. 353), el
resultado es un programa enorme, pobremente documentado, de
experimentación química sobre el público, "en el cual el ecosistema y
nuestros cuerpos son contaminados con químicos nuevos, cuyos efectos no
se conocen bien, pero probablemente son dañinos". El pueblo tiene
derecho a que no se experimente con él sin su consentimiento informado;
nadie nunca ha tenido la oportunidad para conceder o negar su
consentimiento antes de ser expuesto a la carga de los compuestos
organoclorados que ahora nos contaminan a todos". Joe Thornton es
demasiado generoso para decirlo, pero los "clorófilos" -los amantes de
la química del cloro- son imperceptiblemente distintos de los Nazis del
Tercer Reich en su disposición de permitir experimentos monstruosos
sobre víctimas desafortunadas, cautivas, en todo el mundo.

--Peter Montague

=====

[1] William K. Stevens, "Lost Rivets and Threads, and Ecosystems Pulled
Apart," NEW YORK TIMES July 4, 2000, pág. 4.

[2] David Tilman, "Causes, consequences and ethics of biodiversity,"
NATURE Vol. 405 (May 11, 2000), págs. 208-211.

[3] Kevin Shear McCann, "The diversity-stability debate," NATURE Vol.
405 (May 11, 2000), págs. 228-233.

[4] http://www.funkandwagnalls.com/encyclopedia/

[5] Jane Lubchenco, "Entering the Century of the Environment: A New
Social Contract for Science," SCIENCE Vol. 279 (January 23, 1998),
págs. 491-497.

[6] Joe Thornton, PANDORA'S POISON; CHLORINE, HEALTH, AND A NEW
ENVIRONMENTAL STRATEGY (Cambridge, Mass.: MIT Press, 2000). ISBN:
0262201240.

Error. Page cannot be displayed. Please contact your service provider for more details. (29)