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#487 - Nuestro Futuro Robado -- Parte 2, 27-Mar-1996

Los seres humanos y otros animales (peces, aves, reptiles, anfibios y
mamíferos) tienen tres grandes redes internas que coordinan su
crecimiento, su desarrollo y su comportamiento:

** el sistema nervioso (cerebro, médula espinal y nervios periféricos);

** el sistema inmune (miles de células y tejidos especializados que nos
protegen contra las bacterias, los virus y los cánceres); y

** el sistema endocrino, que controla y coordina el cuerpo enviando
mensajes químicos (hormonas) a través del torrente circulatorio,
encendiendo y apagando varias funciones en todo el cuerpo.

El cuerpo humano es más que sólo un conjunto de 50 billones de células
individuales, ya que nuestras células funcionan juntas. Para funcionar
juntas se requiere coordinación, lo que a su vez precisa comunicación.

Los nervios son sólo una vía de comunicación -usada para enviar
mensajes súbitos y discretos, tales como una rápida instrucción a una
mano para retirarla de una hornilla caliente. Una gran parte de la
comunicación y el control internos del cuerpo se lleva a cabo a través
del torrente sanguíneo, donde se movilizan las hormonas y otros
mensajeros químicos, llevando señales que no sólo gobiernan el sexo y
la reproducción, sino que también coordinan los órganos y tejidos que
trabajan juntos para mantener al cuerpo funcionando adecuadamente.

Las hormonas -mensajeros químicos- comenzaron a entenderse a principios
de este siglo. Se adjudicaron Premios Nóbel por el descubrimiento de la
insulina en 1923 y por los trabajos con hormonas sexuales en 1939. Las
hormonas más conocidas son el estrógeno (la principal hormona sexual
femenina) y la testosterona (la principal hormona sexual masculina)
pero hasta 1987 se había identificado más de 100 hormonas en seres
humanos y mamíferos superiores [1].

El sistema endocrino (hormonal) tiene un papel importante, comenzando
desde temprano al principio de la vida. Es el sistema endocrino el que
controla el desarrollo del embrión. El embrión comienza como un huevo
fertilizado que consiste de una sola célula, la cual se divide una y
otra vez, creando nuevas células; estas células a su vez
se "diferencian" en distintas clases de células, creando así el
cerebro, los ojos, los dedos, los órganos genitales, etcétera. Todos
estos procesos están controlados por hormonas.

En 1950, investigadores en la Universidad de Syracuse expusieron gallos
jóvenes a DDT y mostraron que sus testículos sólo crecían hasta un
tamaño de 18 por ciento del tamaño normal [2]. Los investigadores
concluyeron: "Estos hallazgos sugieren que el DDT puede ejercer una
acción parecida a la del estrógeno..."

Un estudio de 1963 publicado en la revista JOURNAL OF THE NATIONAL
CANCER INSTITUTE mostró que, en ratones recién nacidos tratados con
estrógeno, se desarrollaron quistes y cánceres. En ese estudio de 1963,
la autora Thelma Dunn advirtió que su trabajo mostraba "la
vulnerabilidad del animal inmaduro frente a los efectos perjudiciales
de la exposición a una hormona presente de manera natural" [3].

El año siguiente, en 1964, dos autores que escribían en la revista
JOURNAL OF THE NATIONAL CANCER INSTITUTE reportaron cambios en el
tejido vaginal en ratones luego de su exposición al estrógeno poco
después del nacimiento. Los autores advirtieron: "Nosotros sentimos que
los ambientes hormonales anormales en la vida postnatal temprana (y
prenatal) no deberían ser subestimados respecto a su posible
contribución a los cambios anormales de significación neoplástica
[cáncer] más tarde en la vida" [4].

Estas advertencias tempranas fueron ignoradas. Desde alrededor de 1940,
cada año fueron introducidos en los canales comerciales aproximadamente
unos 1000 químicos nuevos (una práctica que continúa hoy en día). Nadie
preguntó si alguno de estos químicos pudiera ejercer un efecto parecido
al del estrógeno o pudiera, de alguna otra manera, bloquear el sistema
de mensajeros químicos del cual dependen la salud y el bienestar de
todos. Aún hoy en día, nadie que tenga ninguna capacidad oficial hace
esas preguntas.

Desde la década de 1950, comenzaron a aparecer artículos en revistas
científicas que mostraban disminuciones en las poblaciones de animales
silvestres, resultado de las exposiciones a ciertos pesticidas. También
comenzaron a aparecer reportes de comportamientos extraños -pares de
gaviotas hembras (las así llamadas "gaviotas lesbianas") compartiendo
los nidos; parejas de "terns" (aves de los Grandes Lagos) incapaces de
empollar, que no defendían sus nidos contra los predadores. Caimanes
con penes tan pequeños que no se podían reproducir. Con el paso del
tiempo, se acumularon cientos de estudios como éstos, provenientes de
muchas partes del mundo.

Sin embargo, no fue hasta 1991 que algunos científicos comenzaron a ver
un patrón en estos estudios. En julio de ese año, Theo Colborn, biólogo
de la organización World Wildlife Fund, invitó a un grupo de 20
científicos para discutir sus investigaciones. Para sorpresa de todos,
los científicos estuvieron de acuerdo en que, en sus investigaciones
individuales, veían evidencias de que los químicos industriales en el
medio ambiente perjudicaban los sistemas endocrinos de peces, aves y
mamíferos. Estos científicos emitieron un documento consenso, conocido
ahora como la declaración Wingspread (ver REHW #263, #264), la cual
comenzaba así [5]: "Estamos seguros de lo siguiente":

"Un gran número de químicos fabricados por el ser humano que han sido
liberados en el medio ambiente, así como también unos pocos químicos
naturales, tienen el potencial de bloquear el sistema endocrino de los
animales, incluyendo los seres humanos. Entre ellos están los
compuestos organohalogenados persistentes, que se bioacumulan, que
incluyen algunos pesticidas (fungicidas, herbicidas e insecticidas) y
químicos industriales, otros productos sintéticos y algunos metales".
[Un organohalógeno es un químico que contiene carbono enlazado a un gas
halógeno como el cloro; ahora hay 15.000 compuestos orgánicos que
contienen cloro en uso comercial.]

La declaración Wingspread continuaba:

"Muchas poblaciones de animales silvestres ya se encuentran afectadas
por estos compuestos. Los impactos incluyen la disfunción [daños o
funcionamiento anormal] de la tiroides en aves y peces; la disminución
de la fertilidad en aves, peces, mariscos y mamíferos; el menor éxito
en la incubación en aves, peces y tortugas; las deformaciones de
nacimiento exageradas en aves, peces y tortugas; las anomalías
metabólicas [anomalías o disminución en el uso de la energía, en la
formación de tejidos o en el manejo de los desechos resultantes] en
aves, peces y mamíferos; las anormalidades de conducta en aves; el
desmasculinismo y la feminización de peces machos, aves machos y
mamíferos machos; la desfeminización y el masculinismo de peces hembras
y aves hembras; y los sistemas inmunes comprometidos [dañados] en aves
y mamíferos". Esta era la primera vez que alguien sumó dos más dos y
concluyó que los químicos industriales están interfiriendo con las
hormonas en los animales silvestres y, por analogía, probablemente en
los seres humanos.

Desde 1991, las revistas han continuado llenándose de nuevos estudios
que muestran de qué manera los químicos industriales, en bajas
concentraciones, pueden bloquear los mensajes hormonales.

En algunos casos, los químicos industriales se comportan igual que
(imitan) las hormonas, engañando al cuerpo para que responda como si
estuviesen presentes hormonas naturales cuando en realidad no las hay,
enviando de esta manera mensajes falsos. En otros casos, los químicos
industriales bloquean (parcial o totalmente) la acción de las hormonas
naturales, interfiriendo así en la recepción de mensajes. En otros
casos, los químicos industriales bloquean la producción de hormonas,
impidiendo que se envíen mensajes. En otros casos más, los químicos
industriales interfieren con la capacidad normal del cuerpo para
descomponer y eliminar las hormonas, resultando así en demasiados
mensajes que están presentes de manera simultánea y durante demasiado
tiempo.

No importa dónde viva usted hoy en día -si vive en la ciudad de Nueva
York o en una isla remota en el Océano Artico, todo aquel que quiera
pagar los $2000 para realizarse la prueba encontrará más de 250
químicos industriales sintéticos en su cuerpo [6]. El DDT fue reportado
por primera vez en la leche humana en 1951, y para principios de la
década de 1980 podían medirse 192 químicos industriales distintos
(pesticidas, solventes, etc.) en la leche materna [7].

Estos químicos industriales están presentes normalmente en nuestros
tejidos a niveles medidos en "partes por billón" [en los E.U.A.:
1 'billón'=mil millones] o, en casos extremos, en partes por millón.
Por el otro lado, las hormonas presentes de manera natural
frecuentemente funcionan a niveles que se miden en "partes por trillón"
[en los E.U.A.: 1 'trillón'=1 billón]; mil veces menores que
las "partes por billón" y un millón de veces más bajas que las partes
por millón [8].

Además, existen evidencias de que aún a niveles excesivamente bajos,
los químicos industriales pueden sumarse para producir efectos
aditivos. La Dra. Ana Soto, de la Universidad Tufts combinó 10
bloqueadores hormonales, cada uno a la décima parte de la dosis
requerida para producir una respuesta mínima y encontró que la
combinación producía una respuesta [9]. Así que las combinaciones de
químicos tienen que tomarse en cuenta cuando intentamos saber
cuánta "exposición efectiva" estamos recibiendo por parte de los
químicos bloqueadores hormonales.

¿Existe alguna evidencia de que los seres humanos han sido
perjudicados? Sí existe. La profesión médica expuso a millones de
mujeres a medicamentos llamados talidomida y DES (dietilestilbestrol)
antes de que se supiera que podrían aparecer defectos de nacimiento por
tales exposiciones. Las exposiciones al DES, particularmente,
proporcionaron evidencias convincentes de que los seres humanos
responden a los químicos bloqueadores hormonales de la misma manera que
lo hacen los otros mamíferos. Estudios de seres humanos expuestos a PCB
(una clase de químicos industriales bloqueadores hormonales) mostraron
la interrupción del desarrollo mental y físico. (Ver REHW #295, #372.)
(Revisaremos evidencias humanas adicionales en ejemplares futuros.)

OUR STOLEN FUTURE ("NUESTRO FUTURO ROBADO"), el nuevo libro de Theo
Colborn [5], presenta evidencias e hipótesis que señalan una variedad
de efectos en los seres humanos: la reducción en la cuenta espermática;
los aumentos en el cáncer de la próstata, de los testículos y del seno;
la disminución en la inteligencia; la reducción en la capacidad para
prestar atención; el aumento de la agresión y la violencia. ¿Está
probado todo esto? No. ¿Es suficientemente plausible e importante para
garantizar la acción preventiva concienzuda por parte de personas
prudentes? Definitivamente lo es.

¿Qué lecciones podemos aprender de todo esto? Muchas. Pero éstas
tendrán que esperar. En las próximas dos semanas, dirigiremos nuestra
atención hacia la institución que permitió que nuestro futuro fuese
robado -de hecho, que se aseguró de que nuestro futuro sería robado.
Manténgase en sintonía.

--Peter Montague

=====

[1] Anthony W. Norman y Gerald Litwack, HORMONES (San Diego, Ca.:
Academic Press, 1987), pág. xi. Y ver Apéndice A.

[2] H. Burlington y V.F. Lindeman, "Effects of DDT on Testes and
Secondary Sex Characters of White Leghorn Cockerels", Proceedings of
the Society for Experimental Biology and Medicine Vol. 74 (1950), págs.
48-51. Incluso antes, el desarrollo sexual de los ratones fue bloqueado
por la exposición al estrógeno: R. Greene y otros, "Experimental
Intersexuality: The Paradoxical Effects of Estrogens on the Sexual
Development of the Female Rat", ANATOMICAL RECORD Vol. 74 No. 4 (1939),
págs. 429-438. Y ver: R. Greene y otros, "Experimental Intersexuality:
Modification of Sexual Development of the White Rat With a Synthetic
Estrogen", PROCEEDINGS OF THE SOCIETY FOR EXPERIMENTAL BIOLOGY AND
MEDICINE Vol. 41 (1939), págs. 169-170.

[3] T. Dunn y A. Green, "Cysts of the Epididymis, Cancer of the Cervix,
Granular Cell Myoblastoma, and Other Lesions After Estrogen Injection
in Newborn Mice", JOURNAL OF THE NATIONAL CANCER INSTITUTE Vol. 31
(1963), págs. 425-438.

[4] N. Takasugi y H. Bern, "Tissue Changes in Mice with Persistent
Vaginal Cornification Induced by Early Postnatal Treatment With
Estrogen", JOURNAL OF THE NATIONAL CANCER INSTITUTE Vol. 33 (1964),
págs. 855-864.

[5] Theo Colborn, Dianne Dumanoski y John Peterson Myers, OUR STOLEN
FUTURE (N.Y.: Dutton, 1996), en las págs. 251-260 se reproduce la
declaración Wingspread.

[6] J.S. Stanley, [Midwest Research Institute, Kansas City, Mo.], BROAD
SCAN ANALYSIS OF HUMAN ADIPOSE TISSUE. EXECUTIVE SUMMARY. VOLUME 1.
FINAL REPORT. [EPA/560/5-86/035] (Springfield, Va: National Technical
Information Service [NTIS No. PB 87-177218/REB]. Ver también VOLUME II,
NTIS No. PB 87-177226. Y ver: Kristin Bryan y Theo
Colborn, "Organochlorine Endocrine Disruptors in Human Tissue", en Theo
Colborn y Coralie Clement, editores, CHEMICALLY-INDUCED ALTERATIONS IN
SEXUAL AND FUNCTIONAL DEVELOPMENT: THE WILDLIFE/HUMAN CONNECTION
[Advances in Modern Environmental Toxicology Vol. XXI] (Princeton,
N.J.: Princeton Scientific Publishing Co., 1992), págs. 365-394.

[7] E.P. Laug y otros, "Occurrence of DDT in Human Milk", ARCHIVES OF
INDUSTRIAL HYGIENE Vol. 3 (1951), págs. 245-246. Y ver: Edo D.
Pellizzari y otros, "Purgeable Organic Compounds in Mother's Milk".
BULLETIN OF ENVIRONMENTAL CONTAMINATION AND TOXICOLOGY Vol. 28 (1982),
págs. 322-328, donde se reportan 192 químicos industriales distintos en
muestras de leche materna humana de Nueva Jersey, Pennsylvania y
Louisiana.

[8] En su Apéndice A, Norman y Litwack, citados arriba en la nota 1,
enumeran los niveles a los cuales las hormonas presentes de manera
natural se encuentran en la sangre humana. Muchas están presentes en la
parte baja del intervalo de las "partes por trillón" [en los E.U.A.:
1 'trillón'=1 billón].

[9] El trabajo de Soto está reportado en Paul Cotton, "Environmental
Estrogenic Agents Area of Concern [sic]", JOURNAL OF THE AMERICAN
MEDICAL ASSOCIATION Vol. 271, No. 6 (February 9, 1994), págs. 414-415.

Palabras claves: our stolen future; theo colborn; john peterson myers;
dianne dumanoski; sistema nervioso; sistema inmune; sistema endocrino;
hormonas; desarrollo; embrión; estrógeno; bloqueadores endocrinos;
declaración wingspread; pesticidas; enfermedad de la tiroides;
esterilidad; animales silvestres; peces; aves; mamíferos; sinergismo;
efectos aditivos; ana soto; revisiones de libros;

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