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#712 - Niños en Peligro, 22-Nov-2000

por Rachel Massey*

Un nuevo reporte de un grupo de médicos dice que millones de niños en
los E.U.A. presentan problemas de aprendizaje, un coeficiente
intelectual menor y un comportamiento destructivo y agresivo debido a
su exposición a químicos tóxicos [1]. "Los problemas del desarrollo del
sistema nervioso están generalizados, y las exposiciones químicas son
prevenibles y contribuyen de manera importante con estas condiciones",
dice el reporte (pág. 117).

El reporte, titulado IN HARM'S WAY ("EN PELIGRO"), fue escrito por los
médicos Ted Schettler y Jill Stein y dos de sus colegas, y fue
publicado por la organización Greater Boston Physicians for Social
Responsibility, en asociación con la organización Clean Water Fund. IN
HARM'S WAY relaciona las exposiciones tóxicas que ocurren durante la
primera infancia, o incluso antes del nacimiento, con problemas de toda
la vida incluyendo los desórdenes de la atención, el coeficiente
intelectual menor y la agresión poco controlada.

IN HARM'S WAY revisa la información científica y médica de una variedad
de toxinas a las cuales están expuestos la mayoría o todos los niños
estadounidenses, y la relaciona con el aumento en el número de niños
diagnosticados cada año con desarrollo anormal del cerebro o de su
función. El reporte es un llamado a la acción para todos aquellos que
estén interesados en el bienestar de los niños y en el futuro de
nuestra sociedad. Para evitar el daño cerebral en un número de niños
cada vez mayor, tenemos que recuperar nuestro gobierno de las manos de
los intereses corporativos especiales, concluye el reporte.

Actualmente, los problemas del desarrollo tales como el autismo, el
síndrome de inatención e hiperactividad (ADHD, por sus siglas en
inglés), la dislexia y la agresión descontrolada afectan a unos 12
millones de niños menores de 18 años en los E.U.A. -casi un niño en
cinco. Además, la incidencia de algunos de estos problemas parece haber
aumentado dramáticamente en décadas recientes. Por ejemplo, en toda la
nación, el número de niños diagnosticados con problemas de aprendizaje
y puestos en programas educativos especiales aumentó 191% entre 1977 y
1994. El número de niños que toman el medicamento Ritalin para combatir
el síndrome de inatención e hiperactividad (ADHD) se ha duplicado
aproximadamente cada 4 a 7 años desde 1971. Los expertos calculan que
el índice de autismo ha aumentado desde aproximadamente 4 por 10.000 a
principios de la década de 1980, hasta entre 12 y 20 por 10.000 en la
década de 1990. Según un artículo reciente en la revista US NEWS AND
WORLD REPORT, el número de niños en Nueva York diagnosticados con
problemas de aprendizaje aumentó 55 por ciento entre 1983 y 1996 [2].

Algunos sostienen que los problemas reportados están aumentando debido
a que ahora los diagnósticos son mejores y las expectativas son
mayores, al exigirles a los niños que aprendan destrezas más
complicadas a edades más tempranas. Pero muchos padres, maestros y
médicos que trabajan con niños piensan que estas explicaciones son sólo
parcialmente correctas debido a que "no pueden imaginarse que tales
problemas hayan pasado desapercibidos en el pasado", dice el reporte
(pág. 11).

Los expertos pueden discutir sobre el número exacto de niños que sufren
de problemas individuales, pero la realidad indiscutible es que
actualmente hay muchísimos niños que sufren de serios problemas del
desarrollo y que están expuestos a muchos químicos tóxicos que se sabe
ocasionan tales problemas. "Pensamos que no podemos seguir ignorando
las evidencias que se acumulan de que las exposiciones a los químicos
contribuyen con la epidemia de los problemas del desarrollo", dice el
reporte (pág. 9).

IN HARM'S WAY nos lleva por diversas substancias neurotóxicas a las
cuales están expuestos muchos o todos los niños estadounidenses -los
metales (plomo, mercurio, manganeso); la nicotina; los pesticidas; los
compuestos organoclorados persistentes (por ejemplo, la dioxina y los
PCB); los solventes, incluyendo el alcohol; el flúor y los aditivos de
los alimentos- y revisa los datos existentes de los efectos de estos
químicos sobre el desarrollo de los seres humanos y los animales. Estos
efectos pueden variar dramáticamente dependiendo del momento exacto de
las exposiciones. Las exposiciones pequeñas, que no tendrían un efecto
perceptible en la mayoría de las etapas del desarrollo, pueden producir
daños permanentes devastadores si suceden durante un "período de
vulnerabilidad" cuando ciertos órganos se están desarrollando
rápidamente (pág. 9).

He aquí un ejemplo de las toxinas que pueden encauzar mal el desarrollo
del cerebro de un niño.

-En los bebés y los niños, la exposición al plomo está relacionada con
el déficit de atención, la agresión y el coeficiente intelectual menor.
Los niveles de plomo en sangre que están por debajo de aquellos
catalogados como "seguros" por la Agencia de Protección Ambiental de
los E.U.A. (U.S. Environmental Protection Agency, EPA) están
relacionados con los problemas de aprendizaje, y no se ha identificado
un umbral por debajo del cual no sucedan efectos adversos. Los monos
jóvenes expuestos al plomo muestran síntomas que incluyen una mayor
distracción y respuestas inapropiadas a los estímulos. Actualmente, un
millón de niños estadounidenses viven con niveles de plomo en sangre
que se encuentran por encima del umbral que la EPA reconoce afecta el
comportamiento y la capacidad cognoscitiva. Millones de niños más
serían agregados a esta lista si el umbral de la EPA fuese actualizado
para tomar en consideración los conocimientos científicos más recientes
sobre los efectos del plomo en los niños.

-A dosis bajas, la exposición al mercurio puede producir daños en la
facultad del lenguaje, la atención y la memoria; a dosis altas puede
causar retardo mental, problemas de la visión y problemas para caminar.
El mercurio entra al medio ambiente por medio de los incineradores de
basura y las plantas de energía que queman carbón. Se bioacumula en el
pescado en su forma más tóxica, como metilmercurio (ver REHW #597). La
EPA calcula que 1,16 millones de mujeres en edad de concebir "ingieren
suficientes cantidades de pescado contaminado con mercurio como para
que esto represente un riesgo de daño para sus futuros hijos" (pág. 64).

-Muchos pesticidas matan insectos al ejercer un efecto tóxico sobre las
células del sistema nervioso. No es de extrañar que tales pesticidas
puedan bloquear el desarrollo y el funcionamiento del sistema nervioso
humano por los mismos mecanismos. Los estudios con animales muestran
que los pesticidas neurotóxicos pueden producir cambios permanentes en
la estructura y el funcionamiento del cerebro cuando las exposiciones
ocurren en un día específico crítico del desarrollo. Por ejemplo, en
ratones recién nacidos se presentaban algunos efectos si las
exposiciones sucedían el día 10 del desarrollo, pero no si las
exposiciones ocurrían el día 3 ó 19 (pág. 82). Las exposiciones cortas
tipo "pulso" pueden tener efectos devastadores sobre el desarrollo y
sin embargo pueden ser difíciles o imposibles de identificar después de
que suceden (ver REHW # 648).

-Un estudio de la exposición a los pesticidas examinó a los niños de
dos comunidades mexicanas. Las dos comunidades eran muy similares en la
composición étnica y la cultura, pero una comunidad practicaba la
agricultura intensiva con químicos, mientras la otra usaba pocos
químicos agrícolas. Los niños en la comunidad con la agricultura
intensiva con químicos obtuvieron puntuaciones substancialmente menores
en las pruebas de memoria, resistencia y coordinación física, y tenían
problemas con las actividades normales de los niños, tales como dibujar
una cara (págs. 82-83). Los niños en el grupo expuesto a los pesticidas
también mostraron un comportamiento más agresivo que sus equivalentes
no expuestos (ver REHW #648).

-Las dioxinas y los bifenilos policlorados (PCB, por sus siglas en
inglés) son compuestos organoclorados que se bioacumulan en los tejidos
grasos y se encuentran en niveles significativos en la leche materna
humana. Tanto los estudios con animales como los estudios con seres
humanos muestran una fuerte relación entre estos contaminantes y los
problemas del desarrollo. Los monos expuestos a la dioxina antes del
nacimiento, a los mismos niveles de contaminación de la leche materna
humana, resultaban afectados en su capacidad para cambiar un
comportamiento aprendido en respuesta a nuevos estímulos. Los monos
jóvenes expuestos a PCB a los niveles encontrados típicamente en la
leche materna humana mostraron retraso en el aprendizaje, así como
también un comportamiento anormalmente repetitivo. Los estudios de
niños han encontrado que los coeficientes intelectuales menores están
relacionados con la exposición a los PCB en el útero, y un estudio de
bebés cuyas madres comieron pescado contaminado con PCB del Lago
Ontario encontró que los PCB afectaban el desarrollo, ocasionando
anomalías en los reflejos y en las respuestas de sobresaltos, entre
otras (págs. 76-79). Estos sólo son algunos de los estudios cubiertos
en el reporte IN HARM'S WAY.

Los oficiales del gobierno determinan los niveles de
exposición "seguros", basados en los químicos individuales. Pero en el
mundo real, los niños están expuestos a muchos químicos
simultáneamente. Tales exposiciones múltiples pueden ser mucho más
perjudiciales que la exposición a los químicos por separado. Por
ejemplo, un estudio encontró que ciertas combinaciones de pesticidas
producen cambios en los niveles de hormona tiroidea que no se observan
cuando los químicos son examinados individualmente, y así la
combinación puede producir efectos del desarrollo inesperados (ver REHW
#648). Los niveles adecuados de hormona tiroidea son esenciales para el
desarrollo del cerebro. Otros estudios revelan que la exposición a una
combinación de mercurio y PCB, dos contaminantes que se acumulan en el
pescado, pueden producir incluso efectos mayores sobre el desarrollo
neurológico que cada contaminante solo (pág. 67).

En nuestro sistema regulador actual, los químicos industriales no
tienen que ser evaluados respecto a su toxicidad antes de ser
comercializados (pág. 108). La EPA calcula que entre 2400 y 4000
químicos industriales actualmente en el mercado son neurotóxicos (pág.
107). Sin embargo, este número es "altamente especulativo" (pág. 107),
debido a que la mayoría de los químicos en uso comercial no han sido
evaluados respecto a su neurotoxicidad. El Inventario de Tóxicos
Vertidos en el Ambiente, de la EPA (EPA's Toxics Release Inventory,
TRI) -que cubre sólo 625 de 80.000 químicos industriales- reportó que
casi mil millones de libras de neurotoxinas conocidas fueron vertidas
directamente en el aire y en el agua en 1997 (pág. 103). Los pesticidas
deben ser evaluados antes de ser comercializados, pero no respecto a su
toxicidad para el sistema nervioso. De 890 "ingredientes activos" de
los pesticidas, la EPA piensa que 140 son neurotoxinas. Unos 20
millones de niños estadounidenses menores de 5 años ingieren cada día
un promedio de 8 pesticidas distintos con sus alimentos (pág. 106).

Los autores de IN HARM'S WAY señalan que no hay razón para demorarse en
proteger a nuestros niños; no necesitamos más información científica
antes de tomar acciones preventivas. "No deberíamos tener que
identificar con una certeza exacta qué tanto y por cuál mecanismo un
pesticida neurotóxico perjudica el desarrollo del cerebro antes de
llegar a la conclusión de que la salud pública no se encuentra
protegida cuando la orina de virtualmente todos los niños en este país
contiene residuos de estos químicos. ... No necesitamos entender
exhaustivamente el mecanismo por el cual el metilmercurio interfiere
con el desarrollo normal del cerebro del feto antes de concluir que no
es aceptable que los peces de agua dulce y muchos peces del océano
estén suficientemente contaminados con mercurio como para amenazar los
cerebros en desarrollo. Sabemos de qué manera reducir la liberación
ambiental de mercurio para que el pescado sea otra vez seguro para ser
ingerido con regularidad. Podemos modificar las prácticas de producción
para que el uso del plomo en los artículos se reduzca constantemente en
lugar de aumentar. Podemos eliminar o modificar las tecnologías
anticuadas que producen la dioxina que contamina los fetos y la leche
materna. Nosotros sabemos cómo hacer estas cosas" (págs. 121-122).

Para hacer esto, tenemos que recobrar el control de nuestro sistema
regulador. De la manera como están las cosas ahora, las corporaciones
que se benefician financieramente de la exposición de los niños a las
substancias tóxicas son aceptadas -incluso por la mayoría de los
ambientalistas- como una parte que tiene "intereses" válidos en el
proceso que determina los niveles de exposición "seguros". Como
resultado de esto, no hemos protegido a nuestros niños de los venenos
industriales. Como lo expresan los autores de IN HARM'S WAY: "El papel
de los intereses especiales en la regulación de los químicos
ambientales es un tema importante de debate público, ya que tiene una
relevancia directa respecto al desarrollo neurológico de los niños,
ahora y en el futuro" (pág. 121). En resumen, nuestro sistema regulador
actual es como un juicio en el cual el criminal acusado actúa como
jurado. Si queremos tener niños que puedan jugar, pensar y aprender
normalmente, tendremos que cambiar las corporaciones y nuestro gobierno
de manera que la protección del desarrollo del cerebro venga antes de
la protección de las ganancias.

=====

* Rachel Massey es asesora de la Fundación para Estudios Ambientales
(Environmental Research Foundation, E.R.F.).

[1] Ted Schettler, Jill Stein, Fay Reich, Maria Valenti, y David
Wallinga, IN HARM'S WAY: TOXIC THREATS TO CHILD DEVELOPMENT (Cambridge,
Mass.: Greater Boston Physicians for Social Responsibility [GBPSR], May
2000). Disponible en la red en http://www.igc.org/psr/ o en papel a
través de GBPSR en Cambridge, Mass.; teléfono 617-497-7440.

[2] Sheila Kaplan y Jim Morris, "Kids At Risk", US NEWS AND WORLD
REPORT Vol. 128, No. 4 (June 19, 2000), págs. 47-53.

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