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  • In August 2002, the Los Angeles Unified School District (LAUSD) Board voted to ban soft drinks from all of the district’s schools

#713 - Ecos de Vietnam, 06-Dec-2000

por Rachel Massey*

En julio de este año, el Presidente Clinton firmó una ley de ayuda de
1,3 mil millones de dólares para intensificar la "guerra a las drogas"
en Colombia y en los países vecinos de Suramérica. De esta suma, 860
millones de dólares están designados para la propia Colombia,
principalmente como ayuda para el ejército [1]. Colombia ha sido
desgarrada por la guerra civil durante tres décadas y el ejército
colombiano tiene un historial bien documentado de abusos a los derechos
humanos, incluyendo desapariciones, detenciones arbitrarias, secuestros
y tortura de civiles [2, pág. 20]. El Congreso de los E.U.A. hizo que
su ayuda al ejército colombiano para la "guerra a las drogas"
dependiera de que el gobierno de Colombia mejorara su perfil de
derechos humanos; pero en agosto el Presidente Clinton dejó de exigir
este requerimiento para que los fondos pudieran comenzar a ir hacia el
sur. Este mes, Clinton nuevamente pudiera dejar de exigir este
requerimiento de los derechos humanos para que pueda emitirse una
segunda cuota de ayuda.

Durante varios años los E.U.A. han financiado el rociamiento de
herbicidas en Colombia, con la intención de frenar las drogas ilegales
en su mismo lugar de producción. Comenzando en enero del 2001 y bajo la
supervisión de los E.U.A., el gobierno colombiano aumentará las
actividades de "erradicación de cultivos", en las cuales se emplean
aviones para rociar herbicidas que contienen glifosato para acabar con
las plantas de amapola y de coca. El glifosato es el ingrediente activo
del conocido herbicida llamado "Roundup". La amapola y la coca son la
materia prima para la producción de heroína y cocaína.

Representantes de comunidades indígenas colombianas viajaron
recientemente a Washington, D.C. para explicar de qué manera sus
comunidades han resultado afectadas por el rociamiento. El glifosato,
dijeron, mata otras cosas aparte de los cultivos de drogas -también
mata cultivos de alimentos de los que dependen muchas poblaciones
rurales para sobrevivir. En algunos sitios, el rociamiento ha matado
los peces y el ganado y ha contaminado los reservorios de agua. Una
fotografía de un área rociada muestra un grupo de plantas de banana
muertas por herbicidas; cerca de allí un terreno con plantas de coca
está intacto [3]. A veces el rociado también cae en los patios de las
escuelas o en las casas de la gente. Muchos colombianos dicen que se
han enfermado como resultado de esto [4].

Según el diario NEW YORK TIMES, en un caso varias víctimas del
rociamiento viajaron 55 millas en autobús para ir al hospital. El
doctor que las trató dijo que los síntomas incluían mareos, náuseas,
dolor en los músculos y en las articulaciones, y sarpullidos. "Aquí no
tenemos los medios científicos para probar que estas personas sufrieron
envenenamiento con pesticidas, pero los síntomas que mostraron
definitivamente fueron consistentes con esa condición", dijo. Una
ayudante de enfermera en esa clínica local dijo que había recibido
instrucciones de "no hablar con nadie acerca de lo que sucedió aquí"
[4].

El Departamento de Estado de los E.U.A. niega que el rociamiento de
glifosato sobre el campo colombiano tenga efecto sobre la salud humana.
Un oficial de la embajada de los E.U.A. en Colombia le dijo al NEW YORK
TIMES que el glifosato es "menos tóxico que la sal de mesa o la
aspirina" y dijo que la versión de las víctimas sobre los efectos
adversos del rociamiento era "científicamente imposible" [4]. Una hoja
informativa con preguntas y respuestas publicada por el Departamento de
Estado dice que el glifosato no "perjudica al ganado, a las aves de
corral ni a los otros animales de granja", que no es "dañino para los
seres humanos" y que no contamina el agua. La hoja informativa
pregunta: "Si el glifosato es tan benigno, ¿por qué hay quejas de daños
por su uso en Colombia?" y responde: "En gran parte, estos reportes han
estado basados en informaciones no verificadas proporcionadas por
agricultores cuyos cultivos ilícitos han sido rociados. En vista de que
su modo ilegal de ganarse la vida ha resultado afectado por el
rociamiento, estas personas no ofrecen información objetiva acerca del
programa..." [5]

Pero los reportes médicos relacionan la exposición a los herbicidas de
glifosato con síntomas a corto plazo que incluyen la visión borrosa,
los problemas de la piel, las palpitaciones y las náuseas. Los estudios
también encontraron relación con un aumento en el riesgo de abortos
espontáneos, partos prematuros y linfomas no Hodgkin. Las fórmulas en
las cuales el glifosato está combinado con otros ingredientes pueden
ser mucho más tóxicas que el glifosato solo [6, págs. 5-8]. Monsanto,
uno de los principales productores de herbicidas con base de glifosato,
fue cuestionado por el Fiscal General del Estado de Nueva York por
hacer declaraciones parecidas a las que hoy repite el Departamento de
Estado de los E.U.A. En un arreglo fuera de la corte en 1996, Monsanto
accedió dejar de hacerle publicidad al producto como "seguro, no
tóxico, inofensivo o libre de riesgo" [4, 6].

El Senador Paul Wellstone de Minnesota, un crítico de la ayuda al
ejército colombiano para la "guerra a las drogas", visitó Colombia la
semana pasada. Durante su visita se le invitó a una demostración de la
erradicación de los cultivos por vía aérea, en la cual sucedió que la
Policía Nacional Colombiana lo roció con herbicidas. Según el diario
STAR TRIBUNE, de Minneapolis, este accidente ocurrió poco después de
que la Embajada de los E.U.A. en Colombia pusiera en circulación un
material en el cual se explicaba que el rociamiento se regía
por "coordenadas geográficas precisas" calculadas por computadora. La
policía colombiana dijo que el accidente había ocurrido debido a que el
viento sacó al herbicida de su curso [7].

Tanto el sentido común como los estudios científicos nos dicen que es
de esperar que el viento saque de su curso a los químicos rociados
desde el aire. Por ejemplo, en 1992, un estudio de Canadá calculó que
se necesitaría una zona amortiguadora de 75 a 1200 metros (243 a 3900
pies) para proteger la vegetación a la que no va dirigido el herbicida
durante el rociamiento aéreo [8]. Y en 1985, un artículo sobre el
glifosato dice: "los daños debidos a la corriente del aire
probablemente son más comunes y más severos con el glifosato que con
otros herbicidas" [9].

Los proponentes de la "guerra a las drogas" quisieran que pensáramos
que a mayor cantidad de acres de campo suramericano que rociamos con
herbicidas, menor cantidad de niños norteamericanos caerán presa de los
camellos de la droga. Pero los estudios muestran que las campañas de
rociamiento con herbicidas son ineficaces para detener el flujo de las
drogas. Mientras haya demanda de drogas, alguien las suministrará. Por
esto los programas de erradicación de cultivos sencillamente
desperdician el dinero de los contribuyentes. Además, un reporte de
1999 de la Oficina General de Contaduría de los E.U.A. (General
Accounting Office, GAO), una agencia federal, concluyó que hasta la
fecha, los esfuerzos por erradicar los cultivos han fracasado [2, pág.
16]. Según la GAO, el Departamento de Estado de los E.U.A. aumentó su
ayuda para las campañas de rociamiento aéreo en 1996, y durante el
lapso de 1997-98 fueron rociadas más de 100.000 hectáreas (254.000
acres) del campo colombiano. Pero durante este mismo lapso, el cultivo
neto de la coca en Colombia aumentó 50 por ciento [2, págs. 16-18].

Por el otro lado, puede tenerse éxito atacando el problema de la droga
dentro de los E.U.A. si se reduce su uso en este país. Un estudio
realizado por la corporación RAND encontró que los programas de
tratamiento por drogas para los consumidores de cocaína en los E.U.A.
son 23 veces más efectivos respecto al costo que los esfuerzos por
erradicar las drogas en su lugar de producción [10]. Y aún así, según
un reporte de 1999 del gobierno de los E.U.A., entre 1991 y 1996 la
mayoría de los estadounidenses que necesitaban tratamiento por drogas
no lo recibieron [11].

Si rociar el campo colombiano con herbicidas no es una manera efectiva
de disminuir el problema de la droga en los E.U.A., vale la pena
preguntar qué es lo que mueve el entusiasmo de nuestro gobierno por
este enfoque costoso y destructivo. Una explicación es que la "guerra a
las drogas" es un pretexto para las políticas que poco tienen que ver
con las drogas. Varias industrias de los E.U.A. están en la situación
de beneficiarse de la intervención de los E.U.A. en la guerra civil de
Colombia. La Occidental Petroleum Corporation, por ejemplo, cabildeó
intensamente por la ayuda al ejército colombiano para la "guerra a las
drogas"; y las compañías estadounidenses que fabrican los helicópteros
militares usados en Colombia fueron importantes partidarios de la
mencionada ayuda [12].

Llevar a cabo una "guerra a las drogas" ineficaz en el exterior también
ayuda a distraer la atención del papel de la política de la droga
dentro de los E.U.A. Un reporte reciente de la organización Human
Rights Watch, que observa y documenta los abusos a los derechos humanos
en todo el mundo, dice que las políticas de control de la droga dentro
de los E.U.A. han sido el motor principal de la crisis carcelaria del
país, en la cual la población de las prisiones se ha cuadruplicado
desde 1980. En este momento, los E.U.A. tienen más de 2 millones de
ciudadanos tras las rejas. Las frecuencias de las condenas y los
encarcelamientos por drogas son mucho mayores entre los criminales no
violentos afroamericanos que entre sus equivalentes caucásicos [13]. A
trece por ciento de los hombres afroamericanos en los E.U.A. -más de
uno en diez- no se les está permitido votar debido a que están en
prisión o a que fueron condenados previamente por un delito grave [14].

Sin la retórica de la "lucha contra las drogas", los oficiales de los
E.U.A. tendrían que admitir frente al público estadounidense que
estamos interveniendo en la guerra civil de otro país -trayendo
recuerdos de Vietnam y otros fracasos desastrosos de la política
exterior de los E.U.A. Desafortunadamente, la analogía con Vietnam es
apropiada a medida que se profundiza el involucramiento militar de los
E.U.A. en Colombia. Durante la guerra de Vietnam, los E.U.A. defoliaron
y contaminaron los bosques de Vietnam con el Agente Naranja, un
herbicida compuesto por los químicos 2,4-D y 2,4,5-T y usualmente
contaminado con dioxina carcinógena. Los veteranos estadounidenses que
estuvieron expuestos al Agente Naranja sufren una alta frecuencia de
diabetes y ciertos cánceres, y los hijos de los veteranos tienen una
alta frecuencia de padecer defectos de nacimiento importantes (ver REHW
#212 y #250). En Colombia, bajo el estandarte de la "guerra a las
drogas", una vez más estamos llevando a cabo una guerra tóxica contra
los ecosistemas únicos de otro país y contra la salud de la población
civil inocente.

=====

* Rachel Massey es asesora de la Fundación para Estudios Ambientales
(Environmental Research Foundation).

[1] Ver http://www.ciponline.org/colombia/aid.

[2] U.S. General Accounting Office Report to Congressional
Requesters, "Drug Control: Narcotics Threat from Colombia Continues to
Grow. GAO/NSIAD-99-136 June 1999. Vaya a http://www.gao.gov y busque el
reporte por el número.

[3] Ver http://www.usfumigation.org.

[4] Larry Rohter, "To Colombians, Drug War is Toxic Enemy," NEW YORK
TIMES May 1, 2000, págs. A1, A10

[5] U.S. State Department, "The Aerial Eradication of Illicit Crops:
Answer to Frequently Asked Questions," Hoja informativa emitida por la
Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental (Bureau of Western
Hemisphere Affairs), November 6, 2000, disponible en
http://www.state.gov/www/regions/wha/colombia/fs_0011-6_faqs.html.

[6] Para ver una revisión meticulosa sobre los efectos adversos del
glifosato, ver Caroline Cox, "Glyphosate (Roundup)" Herbicide fact
sheet, JOURNAL OF PESTICIDE REFORM Vol 18, No. 3 (Fall 1998),
actualizado en Octubre del 2000, disponible en http://www.pesticide.org
o a través de Northwest Coalition for Alternatives to Pesticides,
Eugene, Or.; teléfono 541-344-5044.

[7] Rob Hotakainen, "Colombian Police Spray Herbicide on Coca,
Wellstone," Minneapolis STAR TRIBUNE December 1, 2000.

[8] D. Atkinson, "Glyphosate damage symptoms and the effects of drift,"
in E. Grossbard y D. Atkinson, editores,THE HERBICIDE GLYPHOSATE
(London: Butterworth Heinemann, 1985), págs. 455-458. ISBN 0408111534.

[9] Nicholas J. Payne, "Off-Target Glyphosate from Aerial Silvicultural
Applications, and Buffer Zones Required around Sensitive Areas,"
PESTICIDE SCIENCE Vol. 34, 1992, págs. 1-8.

[10] C. Peter Rydell y Susan S. Everingham, CONTROLLING COCAINE: SUPPLY
VERSUS DEMAND (Santa Monica, Calif.: RAND, 1994), ISBN 0-8330-1552-4,
pág. xiii.

[11] Office of National Drug Control Policy, 1999 NATIONAL ANTI-DRUG
STRATEGY, Tabla 27, pág. 130. Disponible en
http://www.whitehousedrugpolicy.gov.

[12] Sam Loewenberg, "Well-financed U.S lobby seeks relief from Drug
Wars," LEGAL TIMES February 21, 2000, disponible en
http://www.forusa.org/panama/0300_columbianaid.html.

[13] Human Rights Watch, PUNISHMENT AND PREJUDICE: RACIAL DISPARITIES
IN THE WAR ON DRUGS, March 1999, resumen disponible en
http://www.hrw.org/hrw/reports/2000/usa/Rcedrg00-03.htm o en
http://www.drugwarfacts.org.

[14] Mary Gabriel, "13 Percent of Black Men in America Have No Vote,"
REUTERS November 3, 2000.

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