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#295 - A Medida Que Se Desarrolla La Historia De Los PCB..., 21-Jul-1992

A medida que se vuelve a estudiar la dioxina dentro de la Agencia de
Protección Ambiental de los E.U.A. [U.S. Environmental Protection
Agency, EPA], resulta evidente que uno de los temas más difíciles es
cómo tratar con los PCB (bifenilos policlorados). Los PCB son una
familia de 209 químicos individuales, algunos de los cuales tienen las
mismas características desagradables de las dioxinas -interfieren en el
crecimiento y la reproducción, perjudican el sistema inmune, producen
cáncer y causan estos efectos en peces, aves, ratones, ratas, visones,
focas, leones marinos, ballenas, seres humanos y otros seres vivos. Una
diferencia clave entre los PCB y las dioxinas es que hay cantidades
mucho mayores de PCB en el ambiente, comparadas con las dioxinas. Y
muchas grandes industrias tienen un largo historial de exponer a sus
trabajadores y a sus vecinos a los PCB. Por esto, el potencial para las
demandas y las responsabilidades relacionadas con los PCB es grande. Y
por esto, la cobertura política de los PCB dentro de la EPA también es
grande.

Ahora hay considerables evidencias de que los seres humanos QUE NO
TIENEN EXPOSICIONES OCUPACIONALES están resultando afectados de manera
adversa por los PCB. Los seres humanos están expuestos principalmente a
través de los alimentos, en especial por la carne y más aún por el
pescado. Dos grupos de niños estadounidenses han sido estudiados desde
el nacimiento hasta los cuatro años, buscando efectos de los PCB que
todos llevamos en nuestros cuerpos. En Michigan fueron estudiados 313
recién nacidos; de sus madres, 242 habían comido pescado de pesca
deportiva contaminado con PCB del Lago Michigan. Los mayores niveles de
PCB en los cordones umbilicales se correlacionaron con un menor tamaño
al nacer (incluyendo un menor tamaño de la cabeza y la disminución de
la circunferencia torácica) y una gestación más corta, un efecto visto
también en los niños cuyas madres estaban expuestas por su profesión
[1]. En pruebas estandarizadas para el desarrollo de los bebés, los
mayores niveles de PCB en los niños de Michigan estaban correlacionados
con reflejos anormalmente débiles, menor sensibilidad a la
estimulación, movimientos más desacompasados y no balanceados, y más
sobresaltos.

En Carolina del Norte se les ha hecho un seguimiento a 912 bebés desde
su nacimiento. Sus madres no tenían exposiciones inusuales a los PCB
pero, al igual que todos los estadounidenses, llevan PCB en sus tejidos
corporales. De 866 bebés estudiados de Carolina del Norte, un mayor
contenido de PCB en la leche de la madre estaba correlacionado con la
hipotonía [pérdida del tono muscular] y con otros reflejos anormalmente
débiles. Estudios posteriores de 802 niños de Carolina del Norte a los
6 meses de edad y a los 12 meses de edad revelaron que aquellos con
mayores niveles de PCB tenían un menor rendimiento en pruebas que
exigen coordinación motora fina. A los siete meses, una prueba de 123
niños de Michigan mostró que los mayores niveles de PCB estaban
relacionados con una memoria visual más pobre. Los investigadores que
estudiaron la historia de estos niños concluyen: "Hay por lo tanto
evidencias consistentes de que la exposición prenatal a los niveles de
PCB comúnmente encontrados en los E.U.A. produce efectos perceptibles
sobre la maduración motora y algunas evidencias de dificultades de
aprendizaje en bebés" [2]. Hasta ahora, en Carolina del Norte,
aproximadamente 5% de los niños han mostrado efectos apreciables
relacionados con la exposición a los PCB, y en Michigan algo más de 5%
de los niños están mostrando efectos.

A los 4 años de edad, los niños del grupo de Michigan con mayores
niveles de PCB pesaron 10% (4 libras) menos que los niños con menores
niveles de PCB. El efecto fue especialmente significativo en la niñas.
Además, los niños de Michigan fueron clasificados según un índice
de "actividad", y los mayores niveles de PCB estaban correlacionados
con niños que eran inusualmente "quietos e inactivos". Estos efectos
sobre el crecimiento y el comportamiento estaban específicamente
correlacionados con la exposición a los PCB antes del nacimiento y no
con la exposición después de nacer. Esto lleva a los investigadores a
concluir que los PCB atacan el sistema nervioso central más eficazmente
durante las etapas tempranas del desarrollo [3].

La Oficina de Registro de la Agencia de Sustancias Tóxicas y
Enfermedades (Agency for Toxic Substances and Disease Registry, ATSDR)
ha identificado poblaciones humanas con exposiciones potencialmente
altas como: los individuos expuestos en el trabajo, los bebés
amamantados de madres que consumen más de 6 libras (12 comidas) de
pescado al año, y "las personas que viven en las cercanías de
incineradores e instalaciones de disposición de PCB" [4].

¿Cómo se desarrolló esta situación? La historia de Westinghouse nos
ayuda a comprender cómo llegamos adonde estamos hoy en día.

En 1957, Westinghouse comenzó a operar una gran fábrica de
transformadores en Bloomington, Indiana, procesando grandes cantidades
de PCB, las cuales les compró a Monsanto, el inventor de los PCB. Los
PCB no conducen electricidad, pero conducen bien el calor y son muy
estables (no se descomponen fácilmente) así que constituyen un fluido
casi ideal para el aislamiento de transformadores y capacitores
eléctricos.

Los PCB atrajeron la atención del mundo científico en 1966, cuando un
científico sueco reveló que los daños a las aves que él había atribuido
al DDT en realidad eran causados por los PCB.

En 1968, los PCB atrajeron la atención del público cuando se reportó
que 1300 japoneses se habían enfermado por consumir aceite de arroz
contaminado con PCB. Muchas de las mujeres expuestas a los PCB
posteriormente dieron a luz a niños con defectos de nacimiento. Los
trabajadores en la planta de Westinghouse en Bloomington dijeron que
nunca se les había dicho nada acerca de ningún peligro para la salud
por los PCB. Por el contrario, cuando comenzaron a hacer preguntas
luego del envenenamiento colectivo en Japón, dicen, los oficiales de
Westinghouse los llevaron a creer que los PCB eran completamente
seguros. Jason Morrow, un antiguo presidente del sindicato de la
planta, recuerda asambleas de obreros en las que el entonces gerente de
la planta, Donald M. Sauter, "se lavó las manos y la cara en lo que él
les dijo a los trabajadores que era PCB líquido para convencerlos de
que no se preocuparan". Un vocero de Westinghouse, Christopher C.
Newton, confirmó para la revista BUSINESS WEEK que Sauter "metió sus
manos" en PCB en una reunión.

Westinghouse y Monsanto insisten en que siempre le han dicho al mundo
lo que sabían acerca de la toxicidad de los PCB tan pronto como se
enteraban. Sin embargo, en una carta fechada 15 de septiembre de 1947,
E.C. Barnes, del departamento médico de Westinghouse escribió que la
exposición a los PCB a largo plazo "puede producir daños corporales que
pueden ser incapacitantes o podrían ser mortales". Según los
trabajadores que ahora demandan a Westinghouse por daños que dicen
están relacionados con los PCB, esta información nunca se hizo llegar a
las personas en Westinghouse que estaban expuestas a los PCB
diariamente durante 25 años.

En 1971, temiendo demandas, Monsanto comenzó a exigirles a sus clientes
como Westinghouse que firmaran un documento eximiéndolos de toda
responsabilidad financiera por usos indebidos del químico, poniendo así
a los compradores al tanto de posibles daños. El mismo año un
bioquímico de Westinghouse, llamado Thomas O. Munson, dice que recibió
instrucciones directamente de Donald C. Burnham, el entonces director
ejecutivo, para estudiar la contaminación con PCB alrededor de cuatro
plantas de Westinghouse. En 1972, Munson remitió su reporte a los
oficiales de Westinghouse, exhortándolos a contarles a las comunidades
locales acerca de la gran contaminación que había encontrado para que
tomaran acciones restauradoras. En lugar de esto, Westinghouse mantuvo
el reporte Munson en secreto y continuó vertiendo PCB líquidos
directamente en los ambientes locales, dice Munson [5].

¿Qué nos depara el futuro?

Entre 1929 y hoy en día, Monsanto fabricó, o licenció a otros para
fabricar, un total de 1,2 millones de toneladas de PCB [6]. De este
total, hasta ahora se ha escapado al ambiente general 31% (370.000
toneladas). Aproximadamente 4% de la producción original ha sido tirada
a los incineradores, esperando destruirlos. Sin embargo, 780.000
toneladas de PCB continúan en uso en transformadores y capacitores, o
han sido enviados a rellenos sanitarios donde están esperando
pacientemente para escaparse. Así que la cantidad que está esperando
por ser vertida en el ambiente es aproximadamente el doble de la
cantidad que ya ha sido vertida.

Casi todos los PCB vertidos en el ambiente eventualmente terminan en
los océanos. Debido a que los PCB no son solubles en el agua pero son
solubles en las grasas, tienen una marcada tendencia a acumularse en
los organismos vivos. Los mamíferos marinos que están al final de la
cadena alimentaria oceánica pueden tener hasta 10 millones de veces más
PCB en su grasa, comparados con la concentración de PCB que hay en el
agua en la que viven.

Una vez que entran en los océanos, los PCB se concentran en los cuerpos
de los peces y luego en las aves y mamíferos que consumen los peces.
Las aves y los mamíferos que comen peces (focas, leones marinos,
algunas ballenas y los delfines) no son capaces de metabolizar los PCB -
carecen de ciertos sistemas enzimáticos que tienen los mamíferos
terrestres (tales como los seres humanos) que aceleran la
descomposición de los PCB. Como consecuencia de esto, las aves y los
mamíferos del océano acumulan niveles inusualmente altos de PCB en sus
cuerpos y pasan los PCB a sus crías a través de los huevos (en las
aves) y la leche (en los mamíferos). Ya que los PCB liberados al
ambiente se mueven fácilmente hacia los océanos, en las próximas
décadas es probable que las aves y los mamíferos del océano
experimenten un aumento en la concentración de PCB en su carne. Hay
evidencias confiables de que los PCB en las aves y los mamíferos
marinos ya están causando importantes fracasos en la reproducción [7].
Por lo tanto, parece probable que los mamíferos del océano (ballenas,
focas, leones marinos y delfines) experimentarán el aumento de fracasos
en la reproducción y se extinguirán a menos que se hagan esfuerzos
substanciales para prevenir la liberación de los PCB que todavía están
en uso o están almacenados en los rellenos sanitarios. (Ver RHWN #144.)
Actualmente, ninguno de estos esfuerzos está en camino ni en discusión.

--Peter Montague

=====

[1] Hugh A. Tilson y otros, "Polychlorinated Biphenyls and the
Developing Nervous System: Cross-Species Comparisons", NEUROTOXICOLOGY
AND TERATOLOGY Vol. 12 (1990), págs. 239-248.

[2] Tilson, citado arriba, pág. 245. Algunos de los datos sobre los
seres humanos también están revisados en las págs. 53-54 de Syracuse
Research Corporation, DRAFT TOXICOLOGICAL PROFILE FOR POLYCHLORINATED
BIPHENYLS (Atlanta, GA: Division of Toxicology, Agency for Toxic
Substances and Disease Registry, Public Health Service, U.S. Department
of Health and Human Services, October, 1991.) Ver también: Anthony B.
Miller y otros, ENVIRONMENTAL EPIDEMIOLOGY. VOL. 1. PUBLIC HEALTH AND
HAZARDOUS WASTES (Washington, DC: National Academy Press, 1991). págs.
204-205, 207, 208-210; y ver Joseph L. Jacobson y otros: "Effects of in
utero exposure to polychlorinated biphenyls and related contaminants on
cognitive functioning in young children", JOURNAL OF PEDIATRICS Vol.
116 (January, 1990), págs. 38-45.

[3] Joseph L. Jacobson y otros, "Effects of Exposure to PCBs and
Related Compounds on Growth and Activity in Children", NEUROTOXICOLOGY
AND TERATOLOGY Vol. 12 (1990), págs. 319-326.

[4] Syracuse Research Corporation, citado arriba, pág. 140.

[5] Michael Schroeder, "Did Westinghouse Keep Mum on PCBs?" BUSINESS
WEEK August 12, 1991, págs. 68-70.

[6] Shinsuke Tanabe, "PCB Problems in the Future: Foresight from
Current Knowledge", ENVIRONMENTAL POLLUTION Vol. 50 (1988), págs. 5-28.

[7] Ver, por ejemplo, Robert L. DeLong y otros, "Premature Births in
California Sea Lions: Association With High Organochlorine Pollutant
Residue Levels", SCIENCE Vol. 181 (Sept. 21, 1973), págs. 1168-1170; y
Peter J. H. Reijnders, "Reproductive failure in common seals feeding on
fish from polluted coastal waters", NATURE Vol. 304 (Dec. 4, 1986),
págs. 456-457.

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