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#322 - Nuevas Perspectivas Acerca De Los Tóxicos -- Parte 1: Estados Unidos Conoce Los Teratógenos, 26-Jan-1993

En 1954, empresarios químicos alemanes crearon un nuevo fármaco al cual
llamaron talidomida [1]. Parecía ser una pastilla somnífera y
tranquilizante ideal, y después de tres años de pruebas con animales se
juzgó que la talidomida era tan segura que se aprobó su venta sin
receta en toda Alemania. Para 1960, la talidomida era la pastilla
somnífera y tranquilizante más popular en Alemania. Era un inmenso
éxito financiero, comercializado bajo 50 nombres comerciales diferentes
en 24 países.

En 1960, la compañía farmacéutica Merrell, de Cincinnati, solicitó
permiso a la Dirección de Alimentos y Medicinas de los E.U.A. (U.S.
Food and Drug Administration, FDA) para vender la talidomida en los
E.U.A. La solicitud le fue asignada a la empleada de la FDA, Frances O.
Kelsey, quien tenía 60 días para considerarla.

Para angustia de la Merrell Company, la Dra. Kelsey pidió más datos;
ella estaba preocupada porque la talidomida actuaba de diferente manera
en los animales que en los seres humanos (no era sedante en los
animales). La Merrell Company envió oficiales a Washington para
reclamar que la Dra. Kelsey estaba deteniendo el progreso, pero los
oficiales de la FDA se mantuvieron firmes.

Durante este tiempo apareció un solo reporte en una revista médica
británica, indicando que algunas personas que habían usado la
talidomida durante largo tiempo, habían desarrollado daños en los
nervios en sus manos y pies. La compañía Merrell propuso colocar una
etiqueta de advertencia en el empaque, pero la Dra. Kelsey contestó que
Merrell tendría que realizar estudios que mostraran que la talidomida
podría ser usada de manera segura por las mujeres embarazadas sin
perjudicar a los fetos. Los oficiales de Merrell estaban espantados
porque esta "burócrata testaruda" pudiera descarrilar sus planes para
comercializar un producto de éxito seguro. Sin embargo, la Dra. Kelsey
se mantuvo firme y así también lo hicieron sus supervisores en la FDA.

Mucho antes de que Merrell pudiera terminar sus pruebas, se filtraron
noticias por el Atlántico, desde Alemania, acerca de una gran cantidad
de casos de focomelia (que significa literalmente "miembros de foca") -
una terrible deformidad en la cual los bebés nacen con pequeños muñones
en lugar de brazos y manos. En noviembre de 1961, el Dr. Widuking Lenz
en Alemania y el Dr. W. G. McBride en Australia, casi simultáneamente,
observaron que las madres de varios bebés con focomelia tenían una cosa
en común -habían tomado talidomida en los primeros 20 a 40 días del
embarazo.

En septiembre de 1962, el alcance del desastre en Alemania Occidental
fue confirmado oficialmente. Desde 1957, cuando fue aprobada la venta
de la pastilla sin receta, la talidomida había causado 10.000 casos de
malformaciones de nacimiento en Alemania Occidental. Casi otros mil
casos fueron reportados en Inglaterra. Hasta donde sabemos, nunca nadie
midió los daños en los otros 22 países donde se vendió la talidomida -
en Europa Occidental y Japón, y en toda Suramérica.

Resulta interesante que la historia de la talidomida fue contada en
diferentes sitios -en la revista SCIENCE (5/25/62) y en el diario NEW
YORK TIMES (4/12/62) -atrás en la página 37- pero no atrajo verdadera
atención hasta que Morton Mintz, del diario WASHINGTON POST contó, en
la primera página (7/15/62), la historia de la Dra. Kelsey quien, sin
ayuda, se había mantenido firme a pesar de las grandes presiones y los
abusos, previniendo así una tragedia de talidomida en los E.U.A.
(Diecisiete bebés estadounidenses nacieron con focomelia debido a que,
como se permitía en ese momento, Merrell les dio muestras gratuitas a
los médicos tan pronto como la compañía solicitó el permiso de la FDA
para vender la medicina.) El heroísmo de la Dra. Kelsey cautivó la
imaginación pública y la historia de la talidomida se propagó
rápidamente. El presidente Kennedy eventualmente condecoró a la Dra.
Kelsey con una medalla de Distinción al Servicio Civil.

El Congreso respondió a la talidomida aprobando la ley Kefauver-Harris
de las medicinas, la cual firmó el Presidente en octubre de 1962. Esta
ley, por primera vez, le dio a la FDA la facultad de exigir
procedimientos específicos para evaluar la seguridad y la efectividad
de los medicamentos nuevos.

Pero un cambio mucho más grande comenzó a ocurrir como resultado del
desastre de la talidomida. Hasta este momento, algunos estadounidenses
habían estado preocupados por el cáncer causado por los químicos, pero
la talidomida trajo a casa los peligros de los teratógenos y los
mutágenos. Los teratógenos causan defectos de nacimiento y los
mutágenos causan cambios genéticos hereditarios.

Como resultado de esto, los estadounidenses en general se volvieron un
poco menos entusiastas de probar la última medicina para cada nueva
dolencia. Y adquirieron un nuevo respeto por el gran daño que puede
causar una pequeña cantidad de un químico.

Los siguientes eventos en nuestro conocimiento de los químicos
ocurrieron en el lugar de trabajo. Los trabajadores siempre han sido
las personas expuestas primero a los químicos nuevos, y expuestas con
mayor intensidad. Hasta 1970, cuando el Congreso aprobó la Ley de
Seguridad y Salud Ocupacional (Occupational Safety and Health Act), los
trabajadores no estaban protegidos de los químicos de ninguna manera
sistemática. No había parámetros federales para las exposiciones y
tampoco había protecciones legales, excepto una labor de retazos de
leyes estatales contradictorias. Naturalmente, la gerencia reconocía
los efectos tóxicos agudos de los químicos (los trabajadores enfermos
no pueden ser productivos y pudieran demandar a las compañías), pero la
única consecuencia a largo plazo de la que cualquiera hablaba era el
cáncer. Aunque la bibliografía médica sistemática sobre la salud
profesional llega tan atrás como al año 1700, la inquietud acerca de
los teratógenos y los mutágenos es casi nueva. Incluso todavía en 1969,
la obra "estándar" sobre la seguridad y la salud ocupacional, DISEASES
OF OCCUPATIONS ("ENFERMEDADES OCUPACIONALES"), de Donald Hunter, en su
cuarta edición no contenía referencias sobre los teratógenos ni los
mutágenos.

Sin embargo, el desastre de la talidomida instó a llevar a cabo una
gran cantidad de investigaciones sobre los químicos y la salud
reproductora, y para mediados de la década de 1970 comenzaron a
aparecer artículos en la bibliografía médica relacionando las
exposiciones químicas tanto de hombres como de mujeres con los abortos,
la esterilidad y otros desordenes reproductores [2].

Sin embargo, mientras se desarrollaba el conocimiento de los
teratógenos y los mutágenos, las medidas para proteger a los
trabajadores dieron un giro peculiar.

Aunque los estudios iniciales mostraron claramente que las exposiciones
químicas de mujeres Y HOMBRES podían perjudicar a los hijos, la
gerencia corporativa tendía a ignorar las evidencias de las
exposiciones masculinas y se desarrollaron políticas dirigidas sólo a
la "protección" de las mujeres.

Este tema salió a la luz a finales de la década de 1970, cuando resultó
ampliamente anunciado que la American Cyanamid Company había
establecido una política que les impedía a todas las mujeres fértiles
trabajar en muchos empleos de alta remuneración en su planta de Willow
Island, West Virginia, alegando que la prohibición era necesaria para
evitar la posibilidad de defectos de nacimiento en los hijos de las
trabajadoras expuestas. El caso de American Cyanamid era especialmente
difícil debido a que cinco mujeres trabajadoras de la planta se
sometieron "voluntariamente" a la esterilización quirúrgica para poder
mantener sus empleos [3]. A pesar del desagradable modelo de estas
medidas para "proteger" a las mujeres, tales políticas se extendieron
rápidamente por toda la industria estadounidense. En vez de limpiar el
lugar de trabajo, a la gerencia le pareció conveniente excluir a las
trabajadoras sobre la base engañosa de que sus sistemas reproductores
eran sensibles a los químicos, mientras que los de los hombres no lo
eran. (Como nota al margen, es interesante recordar que el movimiento
del "derecho a saber" tiene su origen en el mismo tiempo; en vez de
limpiar los lugares de trabajo, las autoridades comenzaron a acceder
que los trabajadores se enteraran de los nombres y de algunas de las
características de los químicos a los que estaban siendo expuestos.)

A lo largo de la década de 1980, el tema de la "protección" siguió
causando resentimiento. Para muchas mujeres era una simple cuestión de
derechos; no querían que se les dijera que tenían que escoger entre
tener un hijo y tener un trabajo. Las cortes federales decidieron media
docena de casos que involucraban políticas de "protección fetal" (casos
que involucraban a Olin Corp., General Motors, B.F. Goodrich y a varios
hospitales). En ningún caso se pudo vencer la política discriminatoria
de la compañía. El caso más conocido fue el de Johnson Controls, el
fabricante más grande de baterías para automóviles de la nación. Una
coalición de activistas sindicales y de derechos de las mujeres
desafiaron la política de Johnson de excluir a las mujeres de los
trabajos que involucraran la exposición al plomo. (Para mantener su
trabajo en la línea de producción en cualquier fábrica de baterías
Johnson Controls, una mujer tenía que mostrar una prueba médica de que
era estéril.)

En octubre de 1989, un jurado de la Corte federal de Apelaciones del
7mo. Circuito en Chicago decidió que Johnson tenía el derecho de
excluir a las mujeres fértiles de los trabajos que involucraran la
exposición al plomo, incluso a las mujeres que dijeron que no tenían
intención de quedar embarazadas. Un juez del juzgado del 7mo. Circuito,
quien disintió en el caso de Johnson Controls, calculó que 15 millones
a 20 millones de mujeres serían excluidas de trabajos altamente
remunerados por la decisión de la mayoría [4].

Sin embargo, una amplia coalición de organizaciones sindicales y de
derechos de las mujeres llevó el caso hasta la Corte Suprema y el 20 de
marzo de 1991 la corte decidió unánimemente que los empleadores no
tenían el derecho (según la Ley de los Derechos Civiles de 1964) de
discriminar a las mujeres incluso para "protegerlas" a ellas o a sus
fetos [5].

Con esta disputa decidida, científicos e investigadores médicos han
comenzado a reconocer, y a confirmar, lo que la literatura más vieja
había mostrado hace 20 años [6]. Están encontrando que los químicos
tóxicos pueden hacer que los hombres engendren hijos defectuosos. Sí,
espermatozoides tóxicos, un tema que estudiaremos la próxima semana.

--Peter Montague

=====

[1] Edward W. Lawless, TECHNOLOGY AND SOCIAL SHOCK (New Brunswick,
N.J.: Rutgers University Press, 1977), págs. 140-147.

[2] Por ejemplo, I. V. Sanotskii, "Aspects of the Toxicology of
Chloroprene: Immediate and Long-Term Effects," ENVIRONMENTAL HEALTH
PERSPECTIVES Vol. 17 (1976), págs. 85-93. Y ver: Peter F, Infante y
otros, "Genetic Risks of Vinyl Chloride," THE LANCET (April 3, 1976),
págs. 734-735.

[3] Joan E. Bertin, "People Protection Not 'Fetal Protection,'" NEW
SOLUTIONS (Summer 1991), págs. 5-9.

[4] William E. Schmidt, "Risk to Fetus Ruled as Barring Women from
Jobs," NEW YORK TIMES October 3, 1989, pág. A16.

[5] Linda Greenhouse, "Court Backs Right of Women to Jobs With Health
Risks," NEW YORK TIMES March 21, 1991, págs. 1, B12.

[6] Sandra Blakeslee, "Research on Birth Defects Turns to Flaws in
Sperm," NEW YORK TIMES Jan. 1, 1991, págs. 1, 36.

Palabras claves: defectos de nacimiento; peligros para la reproducción;
talidomida; merrell pharmaceutical co; fda; alemania; gran bretaña;
cáncer; carcinógenos; teratógenos; mutágenos; occupational safety and
health; seguridad y salud ocupacional; trabajadores; salud;
exposiciones; materiales peligrosos; abortos; esterilidad; american
cyanamid; políticas de protección de los fetos; johnson controls;

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