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#408 - Accidentes Químicos, 21-Sep-1994

La industria química consiste de más de 12.000 plantas de producción en
los E.U.A., manufacturando un total de más de 66.000 químicos
diferentes usados comúnmente [1, pág. III-6].

Durante los pasados 30 años, las plantas químicas individuales han
crecido -frecuentemente aumentando 10 veces en tamaño- para tomar
ventaja de las economías de escala. Hoy en día una planta química
manufacturará típicamente entre 300.000 y 600.000 toneladas métricas
(entre 660 millones y 1,3 mil millones de libras) de productos al año.
Los tanques de depósito de una planta pueden almacenar tanto como 1,5
millones de barriles (75 millones de galones) de productos o materias
primas.

Las plantas químicas son empresas complejas rigurosamente
acopladas. 'Rigurosamente acopladas' significa que un evento o proceso
afecta a otro evento o proceso directa y rápidamente, haciendo que sea
difícil la intervención humana cuando algo sale mal. 'Complejo'
significa que los eventos no pueden predecirse de manera confiable
debido a que muchas cosas distintas pueden salir mal de muchas maneras
diferentes. Es por esto que cada planta química en el mundo representa
un accidente latente.

Durante los últimos 30 años, mientras las plantas químicas se volvían
más grandes, muchos gerentes corporativos adoptaron políticas que
aumentan la probabilidad de accidentes:

** Dentro de las plantas se ha reducido el espacio para el equipo de
trabajo, para ahorrar dinero en cuanto a la energía, tuberías e
instrumentación.

** Durante la década de 1980, enfrentada a la peor recesión en 50 años,
la industria química despidió a miles de trabajadores, reduciendo así
la cifra de personas entendidas que prestan atención a diferentes
procesos.

** Para disminuir el poder de los sindicatos, en la década de 1980 las
corporaciones petroquímicas comenzaron a sustituir empleados regulares
con obreros contratados temporalmente que van de un lugar a otro, rara
vez adquiriendo una experiencia profunda. Según Nicholas Ashford, del
MIT [Massachusetts Institute of Technology], "más de 30%" de las horas
trabajadas en la industria petroquímica están siendo ejecutadas por
empleados temporales. Los empleados temporales carecen de la
experiencia específica del proceso que tienen muchos de los
trabajadores a los que han reemplazado.

** Mientras tanto, en años recientes, las plantas químicas han sido
operadas, en algunos casos, a un exceso de más de 100% de sus
capacidades "oficiales" [1, pág. III-8].

** Por último, en algunos casos hasta para una persona de afuera
resulta obvio que los propietarios corporativos están dejando que sus
plantas se deterioren. Sólo hay que manejar a lo largo del río Niágara
en Niagara Falls, N.Y., para ver plantas [químicas] en total
funcionamiento que no están siendo mantenidas, o reparadas
adecuadamente, o incluso pintadas, mientras se oxidan y se deterioran
con el tiempo.

Como pudiera esperarse, existen evidencias de que la frecuencia de
accidentes químicos ha aumentado en años recientes. Según Nicholas
Ashford, un estudio de las pérdidas más importantes en cuanto a
propiedades en los pasados 30 años indica un aumento de cinco veces en
la pérdida promedio (calculado en dólares constantes, tomando en cuenta
la inflación). Un estudio de la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (Organization for Economic Cooperation and
Development, OECD) observa que, en el período que siguió a la segunda
Guerra Mundial, la incidencia de importantes accidentes industriales
era sólo de aproximadamente uno cada 5 años hasta 1980. Desde 1980, la
incidencia ha aumentado a dos accidentes importantes al año. Así, según
la OECD, la frecuencia de accidentes químicos importantes se ha
multiplicado 10 veces en años recientes [1, pág. III-9].

Sin embargo, no son los accidentes más grandes los que afectan al mayor
número de personas. Son los accidentes más pequeños, más rutinarios,
los que exponen a los trabajadores, al personal de emergencias, al
público general, a los animales silvestres, a la tierra y al agua a los
químicos tóxicos.

Cuando un periodista comienza a examinar los accidentes químicos
rutinarios, rápidamente se da cuenta de que no hay datos confiables. En
este ámbito existen tres bases de datos a nivel nacional que contienen
información sobre accidentes con químicos tóxicos, pero cada una de
ellas tiene defectos que de alguna manera son importantes. La Oficina
federal de Estadísticas Laborales (federal Bureau of Labor Statistics,
BLS), por ejemplo, mantiene registros de los accidentes de los
trabajadores -pero omite las lesiones de los trabajadores temporales
quienes, como hemos visto, representan por lo menos 30% del personal
total en la industria química. (Las lesiones de los trabajadores
temporales petroquímicos están reportadas en varias categorías en la
industrias de la construcción.) Dado que los trabajadores temporales
son más propensos a los accidentes en comparación con los empleados
regulares, que han aprendido cómo funciona todo durante los años que
han pasado en la planta, la base de datos de la BLS reporta
considerablemente menos lesiones en el lugar de trabajo en las plantas
petroquímicas.

Las otras bases de datos sufren de defectos parecidos o peores.

El Centro Nacional de la Ley Ambiental (National Environmental Law
Center, NELC) estudió una de las bases de datos de accidentes en toda
la nación para el período de 1988-1992. Estudiaron la base de datos del
Sistema de Respuestas y Notificación de Emergencias [Emergency Response
and Notification System, ERNS], mantenida por la Agencia de Protección
Ambiental de los E.U.A. [U.S. Environmental Protection Agency, EPA].

El personal del NELC no resumió toda la base de datos del ERNS; por
ejemplo, sólo recopiló los datos de unos 800 de 66.000 químicos de uso
común. Además, omitió los datos sobre los accidentes que involucraban
sólo productos del petróleo (combustible, gasolina etc.) -lo cual
significa que omitió 52% de los datos del ERNS.

Aun así, lo que se encontró es impresionantemente grande. El NELC
observa que durante el lapso de 5 años fueron reportados al ERNS 34.500
accidentes que involucraron químicos tóxicos; esto significa que, en
promedio, se reportó un accidente químico tóxico 19 veces al día en los
E.U.A., o casi uno cada hora [2, pág. 1].

Para tener una idea de qué tan corta puede haberse quedado la base de
datos del ERNS en cuanto al panorama de los accidentes químicos, pueden
compararse sus datos con un estudio más meticuloso llevado a cabo por
la oficina del Fiscal General del Estado de Nueva York [3]. En el
estudio de Nueva York se examinaron los registros de la EPA, del
Ministerio de la Conservación de Nueva York, del Servicio de
Guardacostas de los E.U.A. (U.S. Coast Guard), de la Oficina de Nueva
York para la Prevención y el Control de Incendios (New York Office of
Fire Prevention and Control) y un boletín privado.

El estudio de Nueva York encontró que durante el período de 3 años de
1988 a 1990 ocurrieron un total de 3496 accidentes con químicos tóxicos
en el estado de Nueva York. Durante el mismo período de 3 años, sólo
496 accidentes en Nueva York fueron reportados a la base de datos del
ERNS. Si normalmente la base de datos del ERNS se queda corta de esa
manera, entonces el verdadero panorama de los accidentes químicos en
los E.U.A. pudiera estar cerca de los 240.000 accidentes químicos por
año, ó 130 por día, ó 5 por hora las veinticuatro horas del día.

A pesar de los datos sorprendentemente pobres, pudiéramos decir sin
temor a equivocarnos que los accidentes químicos son un gran problema
que probablemente va en aumento. Nicholas Ashford, del MIT, ha descrito
una solución fundamental a la cual llama "prevención primaria". La
prevención primaria significa diseñar procesos químicos para eliminar
la posibilidad de un accidente; la prevención secundaria reduce la
probabilidad de un accidente [1, pág. III-1].

La mayor parte del reporte de Ashford (que fue financiado por la EPA)
describe cómo la industria pudiera cambiar de su actual énfasis en la
prevención secundaria (incrementando los sistemas de seguridad, tales
como rociadores, detectores de filtraciones y tanques de paredes
dobles) por el énfasis en la prevención primaria (diseñar plantas para
que dependan menos de los químicos tóxicos, volátiles, inflamables o
reactivos, y así funcionen a menores temperaturas y presiones).

Ashford encuentra que las regulaciones que obliguen a desarrollar
tecnologías pueden ser útiles; esto es, regulaciones que exigen que la
industria haga cosas que la misma dice que no puede hacer hoy en día.
Ashford encuentra que la industria química ha sabido innovar cuando la
ley dice que debe hacerlo.

Las demandas de compensación por (lesiones con) tóxicos pueden ser otra
fuerza beneficiosa, motivando a la industria a innovar, dice Ashford.

Actualmente, la vigilancia del gobierno para hacer cumplir las leyes de
seguridad para los trabajadores NO es un incentivo efectivo para que la
industria cambie su manera de actuar, encuentra Ashford. Las multas
reguladoras por violaciones de la Ley de Seguridad y Salud Ocupacional
[Occupational Safety and Health Act, OSHA] promediaron tan solo $75 por
violación durante el lapso de 1970 a 1980 y luego cayeron incluso más
durante los años de Reagan. La multa media de la OSHA por causa de
muerte o lesión grave en accidente en 1990 fue de sólo $890 (menos de
la mitad de lo que había sido en 1972, después de ajustar las cifras
por la inflación) [1, pág. VI-1]. Así, en este momento, parece que es
más barato matar y lesionar a las personas que hacer plantas químicas
intrínsecamente más seguras.

Algunos sostienen que las corporaciones, de la manera en que están
estructuradas actualmente, sencillamente no pueden hacer las cosas
bien. Por ejemplo, en 1984, cuando Union Carbide mató entre 3000 y 8000
ciudadanos de Bhopal, India, y además lesionó entre 200.000 y 600.000
otras personas, resistió agresivamente las demandas de compensación.
Terminó pagando un total de $520 millones ($470 millones para las
víctimas, más $50 millones para los abogados de Carbide). Tan solo el
daño económico del evento (dejando de lado el asunto de la justa
compensación para las víctimas) se calculó en $4,1 mil millones, así
que Carbide tuvo muchísima suerte. Carbide dijo que aceptaba
la "responsabilidad moral" por la catástrofe de Bhopal, sin embargo se
negó a pagar los verdaderos costos en dólares.

Dada la estructura legal de las corporaciones, Carbide no tenía
alternativa, dice Ward Morehouse: "Si ellos hubiesen sido sinceros y
hubiesen hecho ofertas verdaderamente desinteresadas de ayuda a una
escala apropiada para la magnitud del desastre, casi seguramente
hubiesen resultado enfrentados con demandas de accionistas buscando
responsabilizar a la gerencia por malversar fondos de la compañía..."
[4, pág. 490].

Además, el mercado de valores envía señales perversas a las
corporaciones que crean desastres. El día que se anunció la multa de
$470 millones para Carbide, el precio de sus acciones subió en $2,00
[4, pág. 487]. La semana pasada, cuando un jurado le otorgó $5 mil
millones a las víctimas del derrame petrolero de Exxon Valdez, las
acciones de Exxon subieron en $1,50 [5].

Cualquiera que sea la solución a estos problemas, la nación necesitará
más datos confiables sobre los accidentes químicos. La Ley del Aire
Limpio (Clean Air Act) de 1990 creó una Junta Química de Seguridad e
Identificación de Peligros (Chemical Safety and Hazard Identification
Board), encargada de "investigar las causas de los accidentes químicos,
emitiendo reportes al Congreso y otras agencias federales y estatales,
y proponiendo maneras para reducir el riesgo de lesiones que aparecen
por la producción y el uso de los químicos".

Desafortunadamente, en este momento la Junta no tiene un presupuesto
efectivo, de manera que los beneficios substanciales que pudiera
proporcionar podrían perderse a menos que el Congreso tome medidas
rápidas para darle a la Junta los recursos que necesita.

--Peter Montague (National Writers Union, UAW Local 1981/AFL-CIO)

=====

[1] Nicholas A. Ashford y otros, THE ENCOURAGEMENT OF TECHNOLOGICAL
CHANGE FOR PREVENTING CHEMICAL ACCIDENTS: MOVING FIRMS FROM SECONDARY
PREVENTION AND MITIGATION TO PRIMARY PREVENTION (Cambridge, Mass.:
Massachusetts Institute of Technology, 1993). Este reporte analítico e
imparcial está disponible de manera gratuita a través de la línea
directa de la EPCRA del gobierno federal (1-800-535-0202);
solicite "The Ashford Report"; permita de 2 a 3 semanas para recibirlo.

[2] Joel A. Tickner y Hillel Gray, ACCIDENTS DO HAPPEN (Boston, Mass.:
National Environmental Law Center [29 Temple Place, Boston, MA 02111;
teléfono: (617) 422-0880], August 1994.

[3] Peter N. Skinner, TOXIC CHEMICAL ACCIDENTS IN NEW YORK STATE 1990
DATA SUMMARY (Albany, N.Y.: Environmental Protection Bureau, New York
State Department of Law, 1991).

[4] Ward Morehouse, "The Ethics of Industrial Disasters in a
Transnational World: The Elusive Quest for Justice and Accountability
in Bhopal", ALTERNATIVES Vol. 18 (1993), pág. 487.

[5] Keith Schneider, "Exxon is Ordered to Pay $5 Billion for Alaska
Spill", NEW YORK TIMES September 17, 1994, págs. A1, A10.

Palabras claves: industria química; accidentes; derrames; filtraciones;
salud y seguridad ocupacional; seguridad laboral; nicholas ashford;
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compensación; osha; chemical safety and hazard identification board;
union carbide; bhopal; multas; exxon valdez; derrames petroleros;
corporaciones;

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