Environmental Health News

What's Working

  • Garden Mosaics projects promote science education while connecting young and old people as they work together in local gardens.
  • Hope Meadows is a planned inter-generational community containing foster and adoptive parents, children, and senior citizens
  • In August 2002, the Los Angeles Unified School District (LAUSD) Board voted to ban soft drinks from all of the district’s schools

#734 - Reflexiones En Presencia Del Miedo, 26-Sep-2001

Interrumpimos nuestra serie sobre el movimiento ambientalista para
reproducir un ensayo corto escrito por Wendell Berry en respuesta a las
atrocidades del 11 de septiembre en Nueva York, Washington y
Pensilvania.

Wendell Berry es un agricultor, escritor, conservacionista y maestro
que vive en Henry County, Kentucky. Entre sus libros se incluyen HOME
ECONOMICS ("ECONOMIA DEL HOGAR") (1987; ISBN 0865472750); THE
UNSETTLING OF AMERICA: CULTURE & AGRICULTURE ("LA DESCOLONIZACION DE
LOS ESTADOS UNIDOS: CULTURA Y AGRICULTURA") (1996; ISBN 0871568772);
ANOTHER TURN OF THE CRANK ("OTRA VUELTA DE LA MANIVELA") (1996; ISBN
1887178287) y THE GIFT OF GOOD LAND ("EL REGALO DE LA BUENA TIERRA")
(1983; ISBN 0865470529).

Este artículo apareció por primera vez en OrionOnline.org, la revista
electrónica de ORION y ORION AFIELD, con el título de "Thoughts on
America: Writers Respond to Crisis" ("Pensamientos sobre Estados
Unidos: los escritores responden a la crisis"). El número de escritores
que contribuyen continúa aumentando. Ver http://www.oriononline.org.

Pensamientos en presencia del miedo

por Wendell Berry

I. Pronto llegará el tiempo en que no podremos recordar los horrores
del 11 de septiembre sin recordar también el ciego optimismo
tecnológico y económico que se acabó ese día.

II. Este optimismo descansaba en la propuesta de que estábamos viviendo
en un "nuevo orden mundial" y en una "nueva economía" que "crecería"
más y más, trayendo consigo una prosperidad en la que cada nuevo
incremento sería "sin precedentes".

III. Los políticos, oficiales corporativos e inversionistas dominantes
que creían en esta propuesta no reconocieron que la prosperidad estaba
limitada a un pequeño porcentaje de la población mundial y a una
cantidad cada vez menor de personas incluso en los Estados Unidos; que
estaba basada en el trabajo opresivo de gente pobre en todo el mundo; y
que sus costos ecológicos amenazaban cada vez más toda la vida,
incluyendo las vidas de los supuestamente prósperos.

IV. Las naciones "desarrolladas" le han dado al "libre mercado" la
categoría de un dios y en su honor estaban sacrificando los
agricultores, las tierras agrícolas y las comunidades, los bosques, los
pantanos y las praderas, los ecosistemas y las cuencas. Estas naciones
habían aceptado la contaminación universal y el calentamiento global
como los costos normales de la manera en que se hacen las cosas.

V. Como consecuencia de esto había un creciente esfuerzo en todo el
mundo a favor de la descentralización económica, la justicia económica
y la responsabilidad ecológica. Debemos reconocer que los eventos del
11 de septiembre hacen que este esfuerzo sea más necesario que nunca.
Nosotros los ciudadanos de los países industrializados debemos
continuar la labor de autocrítica y autocorrección. Tenemos que
reconocer nuestros errores.

VI. La doctrina primordial de la euforia económica y tecnológica de las
décadas recientes ha sido que todo depende de la innovación. Se veía
como algo deseable, y hasta necesario, que pasáramos de una innovación
tecnológica a la siguiente, lo que haría que la economía "creciera" e
hiciera que todo fuese cada vez mejor. Esto por supuesto implicaba en
cada parte un odio del pasado, de todas las innovaciones [pasadas que],
cualquiera fuese su valor, fueron descontadas por no tener valor alguno.

VII. No anticipamos nada parecido a lo que ha sucedido ahora. No
pudimos prever que toda nuestra secuencia de innovaciones pudiera ser
anuladas de una vez por una mucho mayor: la invención de un nuevo tipo
de guerra que volvería nuestras innovaciones anteriores en contra de
nosotros, descubriendo y explotando las deudas y los peligros que
habíamos ignorado. Nunca consideramos la posibilidad de que pudiéramos
quedar atrapados en la red de comunicación y transporte que estaba
supuesta a hacernos libres.

VIII. Tampoco pudimos prever que el armamento y la ciencia de guerra
que comercializamos y le enseñamos al mundo se volvería disponible, no
sólo para los gobiernos nacionales reconocidos, que tan extrañamente
poseen el poder de legitimar la violencia a gran escala, sino también
para las otras naciones, grupos e individuos disidentes o fanáticos
cuya violencia, aunque nunca tan grande como la de las naciones, es
juzgada por las naciones de ser ilegítima.

IX. Hemos aceptado ciegamente la creencia de que la tecnología sólo es
buena; que no puede servir al mal igual que al bien; que no puede
servir a nuestros enemigos así como a nosotros mismos; que no puede ser
usada para destruir lo que es bueno, incluyendo nuestras patrias y
nuestras vidas.

X. Hemos aceptado también la creencia corolaria de que una economía
(bien sea en forma de economía monetaria o como un sistema de
supervivencia) que en gran parte es global, tecnológicamente compleja y
centralizada es invulnerable al terrorismo, al sabotaje o a la guerra y
que puede protegerse con la "defensa nacional".

XI. Ahora debemos tomar una decisión clara e ineludible. Podemos
continuar promoviendo un sistema económico global de "libre comercio"
ilimitado entre las corporaciones, unido por vías de comunicación y
suministro largas y altamente vulnerables, pero reconociendo ahora que
un sistema como ése tendrá que estar protegido por una fuerza policial
inmensamente cara que estará presente en todo el mundo, bien sea
mantenida por una nación o varias o todas, y que una fuerza policial
como esa será efectiva precisamente en la medida en que influya en la
libertad y la privacidad de los ciudadanos de cada nación.

XII. O podemos promover una economía mundial descentralizada que podría
tener el fin de asegurar a cada nación y región la autosuficiencia
local en bienes vitales. Esto no eliminaría el comercio internacional,
pero tendería hacia un comercio de excedentes después de haber
satisfecho las necesidades locales.

XIII. Uno de los peligros más graves para nosotros en este momento,
superado sólo por más ataques terroristas contra nuestra gente, es que
intentaremos continuar como antes con el programa corporativo de "libre
comercio" global, cualquiera que sea el costo en libertad y derechos
civiles, sin cuestionarnos a nosotros mismos, sin autocrítica y sin
debate público.

XIV. Esta es la razón por la cual la substitución de la reflexión por
la retórica, siempre una tentación en tiempos de crisis nacional, debe
ser evitada de igual manera por los oficiales como por los ciudadanos.
Es difícil para los ciudadanos comunes saber qué está sucediendo
realmente en Washington en tiempos de problemas tan graves; es posible
que allá pueden estar teniendo lugar deliberaciones serias y difíciles.
Pero lo que escuchamos de los políticos, burócratas y comentaristas
hasta ahora ha tendido a reducir los problemas complejos que
enfrentamos en este momento a temas de unidad, seguridad, normalidad y
represalias.

XV. La indignación nacional, al igual que la indignación personal, es
un error. Es engañosa. Es un signo de debilidad. Cualquier guerra que
hagamos ahora contra el terrorismo regresará como un nuevo capítulo en
una historia de guerra en la cual hemos participado totalmente. No
somos inocentes de hacer la guerra contra las poblaciones civiles. La
doctrina moderna de una guerra como ésa fue presentada y promulgada por
el General William Tecumseh Sherman, quien mantenía que una población
civil podía ser declarada culpable y estar sujeta a castigo militar de
manera justificada. Nosotros nunca hemos repudiado esa doctrina.

XVI. También es un error -como han mostrado los eventos desde el 11 de
septiembre- suponer que un gobierno pueda promover y participar en una
economía global y al mismo tiempo actuar exclusivamente en su propio
interés derogando sus tratados internacionales y apartándose de la
cooperación internacional en los problemas morales.

XVII. Y por supuesto, en nuestro país, según nuestra Constitución, es
un error fundamental suponer que cualquier crisis o emergencia pueda
justificar cualquier forma de opresión política. Desde el 11 de
septiembre, demasiadas voces públicas se han atrevido a "hablar por
nosotros" diciendo que los estadounidenses aceptarían de buena gana una
reducción de la libertad a cambio de mayor "seguridad". Algunos lo
harían, tal vez. Pero otros aceptarían una reducción en la seguridad (y
en el comercio global) con mucho más gusto de lo que aceptarían
cualquier reducción en nuestros derechos constitucionales.

XVIII. En un tiempo como éste, cuando hemos sido seriamente y muy
cruelmente golpeados por aquellos que nos odian, y cuando debemos
considerarnos gravemente amenazados por esa misma gente, es difícil
hablar de caminos de paz y recordar que Cristo nos pidió amar a
nuestros enemigos; pero esto no es menos necesario por ser difícil.

XIX. Incluso ahora no podemos olvidar que desde el ataque a Pearl
Harbor -con el cual el ataque actual ha sido comparado frecuentemente y
no de manera útil- nosotros los seres humanos hemos sufrido una
secuencia de guerras casi ininterrumpidas, ninguna de las cuales ha
traído paz o nos ha hecho más pacíficos.

XX. El objetivo y resultado de la guerra no necesariamente es la paz
sino la victoria, y cualquier victoria ganada por la violencia
necesariamente justifica la violencia con la que se ganó y conlleva a
más violencia. Si somos serios respecto a las innovaciones, ¿no debemos
concluir que necesitamos algo nuevo para sustituir nuestra
perpetua "guerra para acabar con la guerra"?

XXI. Lo que lleva a la paz no es la violencia sino el pacifismo, que no
es lo mismo que la pasividad, sino un estado de alerta, informado,
experto y activo. Deberíamos reconocer que mientras hemos subsidiado
desmesuradamente los medios de la guerra, hemos descuidado casi por
completo los medios del pacifismo. Tenemos, por ejemplo, varias
academias militares nacionales, pero ni una sola academia de paz. Hemos
ignorado las enseñanzas y los ejemplos de Cristo, Gandhi, Martin Luther
King y otros líderes pacifistas. Y aquí tenemos un deber ineludible de
notar también que la guerra es lucrativa, mientras que los medios del
pacifismo, siendo baratos o gratuitos, no producen dinero.

XXII. La clave del pacifismo es la práctica continua. Es errado suponer
que podemos explotar y empobrecer a los países más pobres, mientras los
armamos y los instruimos en los medios de guerra más recientes, y luego
esperar razonablemente que sean pacíficos.

XXIII. No debemos volver a permitir que la emoción pública o los medios
de comunicación caricaturicen a nuestros enemigos. Si nuestros enemigos
ahora son algunas naciones del Islam, entonces deberíamos darnos a la
tarea de conocer aquellos enemigos. Nuestras escuelas deberían comenzar
a enseñar las historias, culturas, artes y lenguas de las naciones
islámicas. Y nuestros líderes deberían tener la humildad y la sabiduría
para preguntar las razones que tienen algunas de esas personas para
odiarnos.

XXIV. Comenzando por las economías de alimentos y agricultura,
deberíamos promover el ideal de autosuficiencia local en casa y
fomentarlo en el exterior. Deberíamos reconocer que ésta es la manera
de vivir más factible, más segura y más barata para el mundo. No
deberíamos aceptar la pérdida o la destrucción de ninguna capacidad
local para producir bienes necesarios.

XXV. Deberíamos reconsiderar y renovar y extender nuestros esfuerzos
por proteger las bases naturales de la economía humana: la tierra, el
agua y el aire. Deberíamos proteger cada ecosistema y cuenca intactos
que nos quedan y comenzar la restauración de aquellos que han sido
dañados.

XXVI. La complejidad de nuestro problema actual sugiere como nunca
antes que necesitamos cambiar nuestro concepto actual de la educación.
La educación no es propiamente una industria, y su uso adecuado no es
servir a las industrias, ni mediante el entrenamiento para el trabajo
ni tampoco con investigaciones subsidiadas por la industria. Su uso
adecuado es capacitar a los ciudadanos para vivir vidas que sean
económicamente, políticamente, socialmente y culturalmente
responsables. Esto no puede lograrse recopilando o "accesando" lo que
ahora llamamos "información" -hechos sin contexto y por lo tanto sin
prioridad. Una verdadera educación le permite a la gente joven poner
sus vidas en orden, lo que significa saber qué cosas son más
importantes que otras cosas; significa poner lo primero de primero.

XXVII. Lo primero que debemos comenzar a enseñarles a nuestros hijos (y
aprender nosotros mismos) es que no podemos gastar y consumir
ilimitadamente. Tenemos que aprender a ahorrar y conservar. Necesitamos
una "nueva economía", pero una que esté fundada en el ahorro y el
cuidado, en guardar y conservar, no en excesos y malgasto. Una economía
basada en el malgasto es inherentemente y completamente violenta, y la
guerra es su subproducto inevitable. Necesitamos una economía pacífica.

Error. Page cannot be displayed. Please contact your service provider for more details. (27)