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#497 - La Desigualdad Económica y La Salud, 05-Jun-1996

Parece obvio que la gente pobre tiene mayor probabilidad de enfermarse
y de morir a una edad más temprana comparada con la gente rica. Varios
estudios recientes de los E.U.A. confirman que este es el caso [1, 2,
3, 4].

Lo que no es tan obvio es que la salud de los pobres resulta
perjudicada en proporción al tamaño de la brecha entre ricos y pobres.
No importa tanto el nivel absoluto de pobreza sino el tamaño de la
brecha entre ricos y pobres. En otras palabras, "...lo importante para
determinar la mortalidad y la salud en una sociedad no es tanto la
riqueza total de esa sociedad, sino más bien cuán equitativamente está
distribuida la riqueza. Mientras más uniforme sea la distribución de la
riqueza, mejor será la salud de esa sociedad", de acuerdo con un
editorial de la revista BRITISH MEDICAL JOURNAL del 20 de abril [5].
Dos estudios recientes de los E.U.A. indican que es así [6, 7], y no
son los primeros en razonar de esta manera [8, 9].

Los dos estudios recientes, publicados en abril en la revista BRITISH
MEDICAL JOURNAL, examinan los 50 estados de los E.U.A. Cada estudio
define una medida de la desigualdad en los ingresos y la compara con
varios índices de enfermedad y otros problemas sociales. Ambos
estudios -uno de Harvard y otro de la Universidad de California en
Berkeley- concluyen que mientras mayor es la brecha entre ricos y
pobres, mayor es la probabilidad de que las personas se enfermen y
mueran jóvenes. No es el nivel absoluto de riqueza en una sociedad lo
que determina la salud; es el tamaño de la brecha entre ricos y pobres.
Veamos algunos de los detalles:

George Kaplan y sus colegas en Berkeley midieron la desigualdad en los
50 estados como el porcentaje de los ingresos familiares totales
recibidos por el 50% correspondiente a los hogares menos adinerados
[6], encontrando que oscilaba entre aproximadamente 17% en Louisiana y
Mississippi y aproximadamente 23% en Utah y New Hampshire. En otras
palabras: por esta medida, Utah y New Hampshire tienen la distribución
de ingresos más EQUILIBRADA, mientras que Louisiana y Mississippi
tienen la distribución de ingresos más DESIGUAL.

Esta medida de la desigualdad de ingresos fue comparada entonces con la
mortalidad ajustada por la edad para todas las causas de muerte, y
apareció un patrón: mientras más desigual era la distribución de
ingresos, mayor era la mortalidad. Por ejemplo, en Louisiana y
Mississippi la mortalidad ajustada por la edad es aproximadamente 960
por 100.000 personas, mientras que en New Hampshire es aproximadamente
780 por 100.000 y en Utah es aproximadamente 710 por 100.000 personas.
Ajustar estos resultados para los ingresos promedio en cada estado no
cambiaba el panorama. En otras palabras: es la brecha entre ricos y
pobres, y no los ingresos promedio en cada estado, lo que mejor predice
la mortalidad en cada estado.

Esta medida de la desigualdad de ingresos también fue probada frente a
otras condiciones sociales aparte de la salud. Los estados con una
mayor desigualdad en la distribución de ingresos también tenían mayores
índices de desempleo, mayores índices de encarcelamiento, un mayor
porcentaje de personas recibiendo ayuda financiera y cupones federales
para alimentos y un mayor porcentaje de personas sin seguro médico.
Nuevamente, la brecha entre ricos y pobres era el mejor pronosticador,
no los ingresos promedio en el estado.

Lo que resulta interesante es que los estados con una mayor desigualdad
en la distribución de ingresos también gastaban menos por persona en
educación, tenían menos libros por persona en las escuelas y tenían un
menor rendimiento educativo, incluyendo peores destrezas de lectura,
peores destrezas matemáticas y un menor porcentaje de finalización de
la escuela secundaria.

Los estados con una mayor desigualdad de ingresos también tenían una
mayor proporción de bebés nacidos con poco peso, mayores índices de
homicidios, mayores índices de crímenes violentos, una mayor proporción
de la población incapaz de trabajar debido a discapacidades, una mayor
proporción de la población usando tabaco y una mayor proporción de la
población sedentaria (inactiva).

Por último, los estados con una mayor desigualdad de ingresos tenían
mayores costos por persona para cuidados médicos y mayores costos por
persona para protección policial.

Los investigadores de Harvard usaron una medida de desigualdad
ligeramente diferente, llamada Indice Robin Hood [10]. Mientras mayor
sea el Indice Robin Hood, mayor será la desigualdad en la distribución
de ingresos. Los investigadores calcularon el Indice Robin Hood para
los 50 estados y después estudiaron su relación con varias medidas de
salud y bienestar.

Encontraron que el Indice Robin Hood se correlacionaba con la
mortalidad total ajustada por la edad. Cada punto de aumento en el
porcentaje del Indice Robin Hood estaba relacionado con un aumento en
la mortalidad total de 21,7 muertes por 100.000 habitantes.

El Indice Robin Hood también estaba fuertemente relacionado con la
mortalidad infantil, con las muertes por enfermedad cardíaca, con las
muertes por cáncer, y con las muertes por homicidio tanto entre los
caucásicos como entre los afroamericanos.

El equipo de Harvard concluye que reducir la desigualdad traería
importantes beneficios para la salud. Por ejemplo, si el Indice Robin
Hood se redujera desde 30% hasta 25% (aproximadamente donde se ubica en
Inglaterra), las muertes por enfermedad coronaria se reducirían en 25%.

Estos estudios son importantes ya que confirman trabajos anteriores que
habían hallado una relación entre la desigualdad de ingresos y la
salud, usando datos de buena calidad de todos los estados [11]. La
desigualdad en la distribución de ingresos y la riqueza [12] ha ido
aumentando en los E.U.A. durante unos 20 años [13, 14, 15, 16]. En
1977, el 5% más adinerado de los estadounidenses captó 16,8% de los
ingresos totales de la nación; para 1989, ese mismo 5% estaba captando
18,9%. Durante los 4 años de la presidencia de Clinton el 5% más
adinerado ha aumentado su parte del total a más de 21%; "una tasa de
aumento sin precedentes", según la revista British ECONOMIST [17].

La desigualdad en la distribución de la riqueza en los E.U.A. es
incluso mayor que la desigualdad en los ingresos. En 1983, el 5% más
adinerado de los estadounidenses era dueño de 56% de toda la riqueza en
los E.U.A.; para 1989, el mismo 5% había aumentado su parte del total a
62% [16, pág. 29].

Estas tendencias de la desigualdad en los E.U.A. están acelerando con
el paso del tiempo. Ahora sabemos que dichas tendencias tienen
consecuencias reales para la salud de las personas y de la sociedad.
Como nación, tradicionalmente pensábamos que era aceptable si los ricos
se volvían más ricos, siempre que a los pobres se les proporcionara un
mínimo de bienestar. Estos estudios revelan ahora que una situación
como ésa no es aceptable. A medida que crece la brecha entre ricos y
pobres, la salud de la nación se deteriora, la estructura social se
deshace y el costo de mantener a la comunidad aumenta.

¿De qué manera la brecha entre ricos y pobres perjudica la salud de los
pobres? Evidentemente, las penurias psicológicas de estar muy abajo en
la escalera social tienen efectos perjudiciales sobre las personas, más
allá de cualquier efecto producido por las condiciones inferiores de
vivienda, nutrición, calidad del aire, oportunidades recreativas y
asistencia médica que disfrutan los pobres [18].

La creciente brecha entre ricos y pobres no ha sido predestinada por
seres extraterrestres. Ha sido creada por las políticas de los
gobiernos: los impuestos, el entrenamiento, la inversión en los niños y
en su educación, la modernización de las empresas, los pagos por
traspasos, los salarios y beneficios de salud mínimos, la
disponibilidad de capital, el apoyo para las industrias ecologistas, el
fomento de los sindicatos, la atención a la infraestructura y a la
asistencia técnica a los empresarios, entre otros. En los E.U.A., las
políticas gubernamentales de los pasados 20 años han promocionado,
alentado y celebrado la desigualdad. Estas son opciones que nosotros,
como sociedad, hemos escogido. Ahora, la mitad de nuestra sociedad le
teme a la otra mitad y la brecha entre nosotros está creciendo. Nuestra
salud no es lo único que está en peligro. Quien siembre vientos
recogerá tempestades.

--Peter Montague

=====

[1] George Davey Smith y otros, "Socioeconomic Differentials in
Mortality Risk among Men Screened for the Multiple Risk Factor
Intervention Trial: I. White Men", AMERICAN JOURNAL OF PUBLIC HEALTH
Vol. 86, No. 4 (April, 1996), págs. 486-496.

[2] George Davey Smith y otros, "Socioeconomic Differentials in
Mortality Risk among Men Screened for the Multiple Risk Factor
Intervention Trial: II. Black Men", AMERICAN JOURNAL OF PUBLIC HEALTH
Vol. 86, No. 4 (April, 1996), págs. 497-504.

[3] Gopal K. Singh y Stella M. Yu, "US Childhood Mortality, 1950
through 1993: Trends and Socioeconomic Differentials", AMERICAN JOURNAL
OF PUBLIC HEALTH Vol. 86, No. 4 (April, 1996), págs. 505-512.

[4] C. Wayne Sells y Robert Wm. Blum, "Morbidity and Mortality among US
Adolescents: An Overview of Data and Trends", AMERICAN JOURNAL OF
PUBLIC HEALTH Vol. 86, No. 4 (April, 1996), págs. 513-519.

[5] Editorial, "The Big Idea", BRITISH MEDICAL JOURNAL Vol. 312 (April
20, 1996), pág. [985].

[6] George A. Kaplan y otros, "Inequality in income and mortality in
the United States: analysis of mortality and potential pathways",
BRITISH MEDICAL JOURNAL Vol. 312 (April 20, 1996), págs. 999-1003.

[7] Bruce P. Kennedy y otros, "Income distribution and mortality: cross
sectional ecological study of the Robin Hood index in the United
States", BRITISH MEDICAL JOURNAL Vol. 312 (April 20, 1996), págs. 1004-
1007.

[8] Richard G. Wilkinson, "Income distribution and life expectancy",
BRITISH MEDICAL JOURNAL Vol. 304 (January 18, 1992), págs. 165-168. Ver
también la nota 11, abajo.

[9] Robert J. Waldmann, "Income Distribution and Infant Mortality", THE
QUARTERLY JOURNAL OF ECONOMICS Vol. 107 (November 1, 1992), págs. 1283-
1302.

[10] El Indice Robin Hood (RHI) se calcula dividiendo la población en
10 grupos, desde los más ricos hasta los más pobres. El cálculo del RHI
se realiza sumando primero los porcentajes de los ingresos para cada
grupo de 10% cuyo porcentaje de ingresos disponibles exceda el 10% y
luego restando el producto del número de grupos de 10% que cumplen
criterio multiplicado por 10%. Ejemplo: en Massachusetts en 1990, el
10% de arriba recibió 29,93% de los ingresos; el grupo de 10% siguiente
recibió 16,41% de todos los ingresos; el grupo de 10% siguiente recibió
13,09% de todos los ingresos; el siguiente 10% recibió 10,83% de todos
los ingresos y los restantes grupos de 10% recibieron cada uno menos de
10% de los ingresos y por lo tanto son ignorados en el cálculo del RHI.
El índice RHI para Massachusetts en 1990 se calcula por lo tanto a
partir de los cuatro grupos de 10% más altos: (10,83% + 13,09% + 16,41%
+ 29,93%)-(4x10%) = 70,26%-40% = 30,26%. Ver Apéndice, pág. 1007, de
Kennedy; citado arriba en la nota 7.

[11] La bibliografía que relaciona la salud con la brecha entre ricos y
pobres se encuentra revisada en Richard G. Wilkinson, "Commentary: A
reply to Ken Judge: mistaken criticisms ignore overwhelming evidence",
BRITISH MEDICAL JOURNAL Vol. 311 (November 11, 1995), págs. 1285-1287,
escrito en respuesta a Ken Judge, "Income distribution and life
expectancy: a critical appraisal", BRITISH MEDICAL JOURNAL Vol. 311
(November 11, 1995), págs. 1282-1285.

[12] La riqueza es el valor neto de las posesiones de una familia. Se
calcula sumando el valor actual de todos los bienes de su propiedad
(cuentas bancarias, acciones, bonos, seguro de vida, participaciones en
fondos mutuales, viviendas, negocios no corporativos, artículos de
consumo de larga duración tales como automóviles y artefactos grandes y
el valor de los derechos de jubilación), y restando el valor de todos
los pasivos (deudas de consumo, balances hipotecarios y otras deudas
extraordinarias).

[13] Sheldon Danziger y otros, "How the Rich Have Fared, 1973-1987",
AMERICAN ECONOMIC REVIEW Vol. 79 (May, 1989), págs. 310-314.

[14] McKinley L. Blackburn y David E. Bloom, "Earnings and Income
Inequality in the United States", POPULATION AND DEVELOPMENT REVIEW
Vol. 13, No. 4 (December, 1987), págs. 575-609.

[15] Johan Fritzell, "Income Inequality Trends in the 1980s: A Five-
Country Comparison", ACTA SOCIOLOGICA Vol. 36 (1993), págs. 47-62.

[16] Edward N. Wolff, TOP HEAVY; A STUDY OF THE INCREASING INEQUALITY
OF WEALTH IN AMERICA (New York: Twentieth Century Fund, 1995). Aunque
este es un estudio de la desigualdad de la riqueza, el capítulo 6 trata
de la desigualdad de los ingresos.

[17] "Up, down and standing still", THE ECONOMIST February 24, 1996,
págs. 30, 33.

[18] George Davey Smith, "Income inequality and mortality: why are they
related?" BRITISH MEDICAL JOURNAL Vol. 312 (April 20, 1996), págs. 987-
988.

Palabras claves: riqueza; distribución de ingresos; equidad;
desigualdad; economía; pobreza; estadísticas de morbilidad;
estadísticas de mortalidad; homicidios; uso del tabaco; educación;
discapacidades; encarcelamiento; índice Robin Hood; harvard; berkeley;