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#744 - El Movimiento Ambientalista -- Parte 4: Reconstruyendo El Movimiento Para Triunfar, 13-Feb-2002

El movimiento ambientalista es una fuerza política inmensa y poderosa
que parecería imparable. En 30 cortos años el movimiento ambientalista
ha (1) hecho presión para aprobar una docena de leyes nacionales,
creando un sistema gubernamental de regulación que sus adversarios
apodaron "comando y control"; (2) obligado a las corporaciones a
revelar que cada año vierten de manera rutinaria millones de toneladas
de químicos cancerígenos en la propiedad común (nuestro aire y agua);
(3) lanzado una crítica muy fundamental de que la empresa industrial no
es "sostenible" y hasta ha (4) desafiado la idea básica de que todas
las actividades humanas resultan en el "progreso".

Además, al divulgar las evidencias de daños ambientales, el movimiento
ambientalista ha ganado el apoyo de la mayor parte del público. Cuando
se le preguntó al público, una gran mayoría -por lo menos dos tercios-
dijo que quiere que se proteja el medio ambiente, incluso si esto
implica un costo considerable [1].

Sin embargo, a pesar de estos éxitos fenomenales y del poder político
que traen estos problemas, en años recientes las fuerzas
antiambientalistas han ganado ventaja. El progreso hacia la protección
ambiental se ha estancado y en algunos casos se ha retrocedido. En
Washington, el movimiento ambientalista ha estado a la defensiva,
realmente, desde que Ronald Reagan asumió la presidencia en 1980. Las
cosas mejoraron sólo marginalmente durante los años de Clinton/Gore.

¿Cómo llegaron a ser tan poderosas las fuerzas antiambientalistas?
Durante 30 años de trabajo duro, quienes se hacen
llamar "conservadores" han movilizado un enorme grupo de electores
potenciales que aceptan una agenda antiambientalista manejada por las
corporaciones. La mayoría de tales "conservadores" tienden a tener
creencias europeas tradicionales: que la naturaleza fue creada, en un
estado primitivo y no terminado, por un Dios cristiano quien también
puso a los seres humanos sobre la Tierra, separados de la naturaleza y
superiores a ella, con el deber sagrado de mejorar el medio ambiente
dominándolo y controlándolo. Según este punto de vista, los seres
humanos tienen el derecho -están incluso obligados- a explotar la
naturaleza debido a que Dios los puso en la Tierra con ese propósito.
(La otra perspectiva, que los seres humanos son los administradores
designados de la creación de Dios, es una vertiente claramente menor en
el pensamiento europeo cristiano y secular.)[2].

Este grupo electoral "conservador" incluye varios grupos que comparten
una o más de las siguientes metas:

(a) reducir los impuestos para reducir el tamaño del gobierno (y en
consecuencia, de manera intencionada o no, reducir el número de empleos
en el gobierno, los cuales tienden a ser empleos sindicalizados y que
tienden a estar disponibles para las personas no caucásicas);

(b) aumentar el poder militar de los E.U.A. y evitar alianzas enredadas
(tales como la ONU) para que los E.U.A. puedan estar libres de
presionar a cualquier país, según se necesite, para proteger su acceso
a los suministros extranjeros de mano de obra barata y de materias
primas;

(c) a través de acuerdos de "libre comercio", darles a las
corporaciones de los E.U.A. libertad y poder para maniobrar en el
extranjero, evadir impuestos, sobornar oficiales públicos, apoyar
ejércitos privados, explotar la mano de obra indígena, extraer recursos
naturales y verter tóxicos, según se necesite para aumentar las
ganancias;

(d) aplastar el aborto y la homosexualidad, regresar a la mujer al
papel que desempeñaba a principios del siglo 20, y obligar a manifestar
lealtad a consignas cristianas seleccionadas en nuestras instituciones
públicas;

(e) mantener el "terreno de juego" económico inclinado para ventaja de
la gente caucásica al negar la existencia del privilegio blanco, lo
cual les da ventajas no ganadas a los caucásicos desde el nacimiento
(un tema a ser explorado en algún detalle en nuestro próximo número)
[3];

(f) poner en prisión a los no caucásicos en cantidades completamente
desproporcionadas respecto a su índice de participación en varias
conductas criminales, aplicando un parámetro de justicia diferente al
de los caucásicos [4];

(g) castigar a los pobres haciendo sus vidas más difíciles;

(h) violar de manera rutinaria acuerdos y parámetros internacionales de
derechos humanos haciendo que para los trabajadores de los E.U.A. sea
difícil o imposible formar sindicatos, negociar colectivamente y, si
todo lo demás falla, ir a la huelga;

(i) crear y mantener una enorme industria dedicada a distorsionar,
ignorar y, en algunos casos, fabricar "hechos" científicos sin ninguna
base, según se necesite para conservar la ventaja política;

(j) retener y expandir la influencia de la riqueza privada en las
elecciones públicas;

(k) sustituir lentamente la democracia popular con el control por las
élites corporativas.

Naturalmente pocos o ningún "conservador" comparten cada una de estas
perspectivas, y hay "conservadores" que encuentran algunas de estas
ideas completamente repugnantes. Aun así, el movimiento "conservador"
es una enorme tolda que agrupa a muchas personas diferentes, algunas de
las cuales tienen todas estas perspectivas, y debido a que pueden
trabajar juntas, pueden crear la potente fuerza política que promueve
la agenda corporativa antiambientalista a cambio de apoyo en otros
puntos "conservadores" de la agenda [5].

Hoy en día el movimiento ambientalista tradicional no está en una buena
posición para imponerse sobre estas fuerzas pro-corporativas
antiambientalistas debido a que el movimiento ambientalista tradicional
fue fundado con la suposición de que bastaría la pericia legal y
científica y el debate racional para proteger el medio ambiente. Sin
restarle valor a los muy substanciales logros legislativos del
movimiento ambientalista tradicional -fruto de años de dedicación,
sacrificio personal y esfuerzo extraordinario- sigue siendo cierto que
las "estrategias y soluciones políticas tradicionales que se usan están
probando ser cada vez más limitadas", indica el Profesor Daniel Faber
de Northeastern University [6]. Esto es quedarse corto. Los enfoques
tradicionales han dependido de demandas y cabildeos y actualmente
ninguna táctica es muy efectiva. Las asambleas legislativas y las
cortes están dominadas por activistas "conservadores" que ven el medio
ambiente como algo que Dios quería que explotáramos y que tienden a
pensar que, ya que la agenda corporativa funciona para ellos, es buena
para todos nosotros.

Resumiendo, para agregar a los éxitos del movimiento ambientalista
tradicional y vencer las fuerzas antiambientalistas alineadas ahora en
Washington y en los edificios legislativos por todo el país, se
necesitarán algunos nuevos enfoques.

Desde 1980 se ha ido formando lentamente una alternativa al movimiento
ambientalista tradicional en los E.U.A., aunque hasta ahora ha logrado
poca visibilidad nacional. Es el llamado "movimiento de justicia
ambiental", y aunque tiene algunos problemas propios, representa un
diferente enfoque de la protección ambiental; uno que le habla a las
personas acerca de proteger los lugares donde viven, trabajan y juegan.

Como ha documentado Daniel Faber [6], la tela del movimiento de
justicia ambiental está tejida de seis hebras:

(1) El movimiento de los derechos civiles. El apartheid terminó
oficialmente en los E.U.A. en 1964, pero el racismo ambiental sigue
siendo algo demasiado común. El sistema regulador ambiental creado
durante las décadas de 1970 y 1980 tuvo el efecto no deliberado de
concentrar contaminantes en comunidades de color. Las personas
caucásicas adineradas normalmente pueden mudarse fuera de los
vecindarios contaminados, pero la gente de color y los pobres
frecuentemente no lo pueden hacer. Los planes de negociación de la
contaminación, promovidos por algunos ambientalistas tradicionales,
pueden ser económicamente eficientes pero tienden a acumular cargas e
injusticias adicionales sobre los pobres y la gente de color.

(2) El movimiento de seguridad y salud ocupacional. Los E.U.A.
aprobaron su primera ley nacional de seguridad laboral en 1970, pero
desde entonces han sido poco estrictos en hacerla cumplir o no se ha
hecho nada al respecto. Además, la ley excluye decenas de millones de
trabajadores, tales como los trabajadores agrícolas. Por lo menos
60.000 trabajadores mueren cada año como resultado de heridas y
enfermedades relacionadas con condiciones laborales peligrosas. Otros
850.000 se enferman. (Ver REHN #578.) Por lo menos 35 millones de
trabajadores no sindicalizados dicen que si pudieran se unirían a un
sindicato para protegerse a sí mismos, pero las leyes de los E.U.A.
violan los parámetros internacionales de derechos humanos haciendo que
la sindicalización sea una lucha cuesta arriba. Sumados a los
sindicatos existentes, aquellos 35 millones crearían el movimiento
sindical más grande que los E.U.A. hayan conocido jamás, moviendo
eficazmente el equilibrio del poder que hay entre la élite corporativa
y los asalariados.

(3) Los pueblos indígenas y los movimientos por el derecho a las
tierras indígenas, formados por indígenas estadounidenses, chicanos,
afroamericanos y otras comunidades indígenas marginadas que luchan por
conservar y proteger sus tierras tradicionales. En parte, estos grupos
están luchando por controlar los recursos de las tierras, y en parte
están intentando conservar su cultura y su manera de vivir, que están
amenazadas de extinción por la sociedad dominante.

(4) El movimiento contra los tóxicos (también conocido como el
movimiento por la salud ambiental), que desde 1978 ha venido luchando
por la limpieza de miles de basureros contaminados por todo el país. El
movimiento contra los tóxicos también ha tomado la iniciativa de frenar
tecnologías tóxicas tales como los incineradores de basura municipales,
los pesticidas, los así llamados basureros radiactivos de "bajo nivel",
las plantas de energía que queman carbón, los tanques de gasolina
enterrados, los tóxicos vertidos por el ejército y más.

(5) Los movimientos de solidaridad, los movimientos por los derechos
humanos y los activistas del ambiente en el Tercer Mundo están
proporcionando poderosos aliados y ejemplos de activismo extraordinario
e intrépido. En Suráfrica, México, Burma, Indonesia, Nigeria,
Centroamérica, la antigua Unión Soviética y en otras partes, grupos
locales están llevando a cabo las mismas luchas peleadas en los E.U.A.
pero con menos recursos y con menos posibilidades -a veces sacrificando
sus vidas en su persistente demanda por protección ambiental,
sustentabilidad, autodeterminación y justicia.

(6) Los activistas comunitarios que trabajan por la justicia social y
económica tradicionalmente se han concentrado en problemas de vivienda,
transporte público, crimen y conducta policial, acceso a empleos,
salario para vivir, prácticas de préstamos y negativa de las
instituciones financieras para otorgar hipotecas o seguros en áreas
urbanas que ellas consideran están deteriorándose, guarderías
asequibles, deterioro de las escuelas y docenas de otros problemas
vecinales. Estos activistas tradicionalmente no han visualizado su
trabajo como "ambiental", pero ahora cuando trabajan en el
envenenamiento con plomo, la limpieza de sitios tóxicos abandonados
("brownfields"), la mala calidad del aire, el asma infantil y otros
problemas con un componente ambiental, indiscutiblemente son parte del
movimiento de "justicia ambiental".

Además de estas seis hebras, vemos una poderosa y creciente séptima
hebra -personas cuya salud ha resultado afectada por su sensibilidad a
múltiples químicos, defectos de nacimiento, cáncer de seno,
endometriosis, linfoma, diabetes, fatiga crónica, veteranos afectados
por el Agente Naranja y el Síndrome de la Guerra del Golfo y muchas
otras causas.

Una octava hebra incluye los movimientos internacionales de "cero
desechos" y "producción limpia", los cuales están revolucionando
silenciosamente la base material de la empresa industrial.

Este poderoso movimiento de justicia ambiental -el cual evidentemente
tiene el potencial de convertirse en un nuevo movimiento político de
masas- continúa en pañales. Para que crezca a su máximo potencial habrá
que alimentarlo, nutrirlo, cuidarlo. Necesitará recursos. En su
reporte, GREEN OF ANOTHER COLOR ("VERDE DE OTRO COLOR"), Daniel Faber y
Deborah McCarthy muestran que, de todos los fondos disponibles para el
trabajo ambiental durante el lapso de 1996 a 1999, aproximadamente 96%
fue a los abogados y científicos del movimiento ambientalista
tradicional y sólo 4% fue a todos los miles de grupos que trabajan para
construir el movimiento de "justicia ambiental" [6]. Para proteger
verdaderamente el medio ambiente (y reducir el poder político de
los "conservadores" antiambientalistas), estas prioridades de
financiamiento tendrían que cambiar substancialmente.

--Peter Montague

=====

[1] La actitud de los E.U.A. frente a muchos puntos relacionados con el
medio ambiente puede encontrarse en
http://www.publicagenda.org/issues/major_proposals_detail.cfm?
issue_type=environment&list=8

[2] Clive Ponting, A GREEN HISTORY OF THE WORLD (New York: Penguin
Books, 1993; ISBN 140176608). Ver el Capítulo 8.

[3] Ver, por ejemplo, Peggy McIntosh, "White Privilege: Unpacking the
Invisible Knapsack (1990). Disponible en el web en
http://www.uwm.edu/~gjay/Whiteness/mcintosh.htm.

El mismo ensayo ha aparecido bajo diferentes títulos en diferentes
sitios, entre ellos RACE, CLASS, AND GENDER: AN ANTHOLOGY, editado por
Margaret L. Andersen y Patricia Hill Collins (Belmont, Calif: Wadsworth
Publishing Company, 1992), págs. 70-81.

Ver también: Rinku Sen y otros, THE PERSISTENCE OF WHITE PRIVILEGE AND
INSTITUTIONAL RACISM IN US POLICY (Oakland, Calif.: Applied Research
Center [3781 Broadway, Oakland, CA 94611; Tel. (510) 653-3415], 2001).
Disponible en: http://www.arc.org/downloads/trji010417.pdf.

[4] Ver http://www.buildingblocksforyouth.org/justiceforsome/jfs.pdf.

[5] Ver Jean Hardisty, MOBILIZING RESENTMENT (Boston: Beacon Press,
2000; ISBN 0807043176) y Godfrey Hodgson, THE WORLD TURNED RIGHT SIDE
UP (Boston: Houghton Mifflin, 1997; ISBN 0395822939).

[6] Daniel R. Faber y Deborah McCarthy, GREEN OF ANOTHER COLOR (Boston,
Mass.: Northeastern University, 2001), pág. 2. Disponible en:
http://www.casdn.neu.edu/~socant/Another%20Color%20Final%20Report.pdf.

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