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#746 - El Movimiento Ambientalista -- Parte 6: Cambiando El Clima De La Opinión, 13-Mar-2002

El movimiento de justicia ambiental (descrito brevemente en REHN #744 y
REHN #745) ha producido muchas victorias en su corta vida, algunas de
las cuales fueron enumeradas en REHN #500 (disponible en
www.rachel.org). Pero, ¿qué significa "victoria"?

Hay tres clases de victorias:

(1) Las primeras son las victorias locales en las que los ciudadanos
enfrentan un problema, vencen a sus adversarios y así mejoran o por lo
menos mantienen el medio ambiente local: se rechaza un basurero de
desechos radiactivos de "bajo nivel", se crea un jardín comunitario,
una refinería de petróleo reduce sus emisiones venenosas. Las victorias
locales también tienen otros beneficios -les dan a las personas
verdadera experiencia en hacer que la democracia funcione, crean
conexiones entre extraños e incluso pueden sembrar la idea de que la
comunidad debería estar planeando a futuro para tomar el control de su
propio destino.

Luego de que una serie de luchas locales ha puesto de relieve un
problema, la política del gobierno está madura para el cambio. La ley
federal del "derecho a saber" es un ejemplo típico. El Congreso no
inventó la ley del derecho a saber. El Congreso aprobó la ley del
derecho a saber sólo después de que una docena de localidades
diferentes habían aprobado sus propias leyes del derecho a saber a
nivel municipal o estatal. De manera que las luchas locales son el
motor básico para identificar problemas, inventar soluciones y
eventualmente cambiar las políticas del gobierno. Las luchas
locales "van subiendo" a niveles más altos del gobierno donde se
generan nuevas políticas. Siempre ha sido así.

(2) La segunda clase de victoria es la victoria de la política en sí;
lo que sucede cuando el gobierno cambia la manera en que normalmente
hace las cosas. Ejemplos: la quema de desechos peligrosos por barcos
incineradores en el océano se prohibe en toda la nación, o el Congreso
declara que los trabajadores tienen el derecho básico a un lugar de
trabajo seguro y sano. Desafortunadamente, las victorias de la política
rara vez son permanentes y usualmente deben ser defendidas una y otra
vez.

A veces las políticas cambian, no debido a que las ideas locales
hayan "subido", sino simplemente debido a una campaña de cabildeo (la
cual yo llamo "susurrar al oído del rey"). En aquellos casos, las
políticas resultantes son especialmente frágiles y es probable que
tengan una corta vida debido a que pueden ser revocadas por alguien que
susurre con más fuerza al oído del rey (por ejemplo, alguien con más
dinero). Así, son convenientes las victorias de la política,
especialmente las victorias de las políticas robustas que tienen un
amplio apoyo a nivel de la comunidad, pero incluso las políticas
bastante robustas no son el objetivo máximo del apoyo -sólo son pasos
importantes en el camino hacia la tercera clase de victoria.

(3) La tercera clase de victoria -con mucho la clase más importante-
está cambiando el "clima de la opinión". Hoy en día la esclavitud no
sólo es ilegal, es impensable. El "clima de la opinión" no permitiría
una propuesta seria para volver a instaurar la esclavitud. De igual
manera, el "clima de la opinión" no permitiría un debate público sobre
la propuesta de "prohibir el voto de la mujer". Una vez que se ha
logrado una victoria del "clima de la opinión", es mucho más difícil
echarla atrás que una victoria de la política. El "clima de la opinión"
determina qué clase de comportamiento es impensable. Los cambios
del "clima de la opinión" son tan grandes que frecuentemente ni
siquiera nos percatamos de ellos.

Estudiemos ahora las victorias del movimiento de justicia ambiental. El
movimiento ha tenido miles de victorias locales y docenas de victorias
de la política. Pocas de esas victorias han sido descritas [1]. Pero lo
que hace que el movimiento de justicia ambiental sea verdaderamente
importante son los cambios que ha comenzado a hacer en el "clima de la
opinión". Hasta el momento puedo pensar en dos cambios realmente
grandes.

(1) La definición común de "medio ambiente" solía ser "lugares
silvestres" SIN incluir los sitios donde viven la mayoría de los seres
humanos. Recuerdo que tan solo en 1968 los miembros del Sierra Club
votaron decisivamente por NO centrar la atención del Club en los
ambientes urbanos, donde la mayoría de los ciudadanos estadounidenses
pasan sus vidas. Sin embargo, durante la década de 1980, el movimiento
de justicia ambiental tuvo éxito en redefinir "medio ambiente"
como "lugares silvestres más todos los sitios donde vivimos,
trabajamos, jugamos y aprendemos", en lugar de únicamente "lugares
silvestres". (El Sierra Club ha ido aceptando la nueva definición
lentamente.) Este es un gran cambio y es improbable que jamás
regresemos a la vieja manera de ver las cosas. Ahora los
temas "ambientales" afectan -y pueden apelar- a inmensos números de
personas.

(2) El segundo cambio importante en el "clima de la opinión" creado por
el movimiento de justicia ambiental se refleja en su nombre: JUSTICIA
ambiental. Esto requiere cierta explicación.

Alrededor de 1970, el movimiento ambientalista legal/científico
emergente cabildeó exitosamente por nuevas leyes nacionales dirigidas a
frenar los comportamientos ambientalmente perjudiciales, la Ley del
Aire Limpio (Clean Air Act), la Ley del Agua Limpia (Clean Water Act),
etc.

Estas leyes se centran casi exclusivamente en información científica, y
exigen que los ciudadanos prueben científicamente que están ocurriendo
daños a los seres humanos y/o al medio ambiente antes de que pueda
comenzar la acción reguladora. Yo llamo a esto el sistema de regulación
ambiental de "probar que hay daños". Inicialmente los contaminadores
corporativos se quejaron amargamente de que el nuevo sistema los iba a
hacer quebrar, pero esto resultó ser tan sólo otra maniobra para
despistar -los contaminadores ADORAN el sistema regulador de "probar
que hay daños". Ellos prosperan en ese sistema.

Con el beneficio de 30 años de retrospectiva, ahora sabemos por qué el
sistema no puede proteger al medio ambiente o a los seres humanos. He
aquí una lista parcial de razones:

(1) El sistema de regulación de "probar que hay daños" requiere que
sucedan daños antes de que pueda tomarse una acción. Esto significa que
muchos millones de personas tenían que enfermarse (con cánceres
infantiles, linfomas, cánceres del sistema reproductor [seno,
próstata], mal de Parkinson, síndrome de la fatiga crónica, diabetes,
endometriosis, asma y una gran cantidad de otras enfermedades
relacionadas con el medio ambiente) antes de que los reguladores
pudieran prestar atención. Así que a los reguladores se les ponía en la
posición fútil y frustrante de intentar frenar el problema mucho
después de que ya había sucedido.

Como resultado de esto, todo el planeta está contaminado ahora con
venenos industriales potentes y de vida larga que fueron liberados (y,
en la mayoría de los casos, continúan siendo liberados) en la
suposición de que son "seguros" porque nadie ha probado lo contrario.
Para el momento en que se han acumulado las pruebas científicas de
daños ya es demasiado tarde para evitar los daños. Así que la verdadera
prevención generalmente no es una opción en el sistema de "probar que
hay daños".

(2) La ciencia frecuentemente no puede definir el "daño" muy
claramente, mucho menos probar que ha ocurrido. Tomemos el caso del
metal tóxico plomo. En 1975, 39 microgramos de plomo en la décima parte
de un litro de sangre humana fue declarado inofensivo (40 era el "nivel
de acción"). Ahora sabemos que 39 puede causar daños cerebrales severos
en niños. A medida que la ciencia avanzaba, 29 microgramos fue
declarado inofensivo, luego 14 microgramos y ahora 9. Hoy en día -
después de 30 años y decenas de millones de niños con daños cerebrales-
muchos científicos reconocen que CUALQUIER cantidad de plomo en la
sangre puede perjudicar el sistema nervioso central y reducir el
coeficiente intelectual. Sin embargo, los científicos contratados por
la industria del plomo cuestionan estas conclusiones señalando
incertidumbres en algunos de los datos, y así el debate científico
continúa mientras el nivel de plomo "seguro" permanece en 9
microgramos, lo cual es considerado perjudicial para los niños según la
mayoría de los científicos entendidos [2].

(3) Respecto al caso de los daños por plomo, siempre existe alguna
incertidumbre en toda conclusión científica. En el sistema regulador
de "probar que hay daños", la incertidumbre científica proporciona luz
verde para la manera en que normalmente se hacen las cosas. En el
sistema de "probar que hay daños", cuando usted está volando a ciegas
puede ir a toda velocidad hasta que la ciencia pruebe que hay daños. Si
usted no sabe lo que está haciendo, siga haciéndolo.

Cuando se permite que la incertidumbre científica sea una luz verde
para la manera en que normalmente se hacen las cosas, siempre se
encontrarán científicos que pondrán en duda todos los estudios y todos
los grupos de datos, creando así incertidumbre científica con el
propósito de permitirles a sus empleadores que procedan con la manera
en que normalmente se hacen las cosas. Algunos miembros de la profesión
más antigua del mundo (hombres y mujeres) ahora visten batas blancas de
laboratorio.

(4) El sistema de "probar que hay daños" concentra su atención en
el "individuo más expuesto" y establece regulaciones dirigidas a
proteger a esa persona hipotética. Si la "evaluación de los riesgos"
concluye que el "individuo más expuesto" probablemente no resultará
perjudicado por la descarga industrial del químico X, Y, o Z, esa
descarga se aprueba. Lo que el sistema no toma en cuenta -debido a que
la ciencia no tiene manera de hacerlo- son los efectos acumulativos de
miles y miles de descargas "seguras", las cuales se suman a los
vecindarios contaminados y al planeta contaminado. Al concentrarse en
los individuos y exigir que la ciencia "pruebe que hay daños", el
sistema ha sacrificado ecosistemas y comunidades.

(5) El sistema de "probar que hay daños" no tiene manera de
responsabilizarse por el hecho de que todas las personas (y en estos
días, también todas las plantas y animales) están sujetas a
exposiciones múltiples -del hollín de las plantas de energía y los
incineradores de basura; de los fármacos; del humo diesel; del exceso
de luz ultravioleta que entra por la capa de ozono dañada de la Tierra;
de los pesticidas en el aire, la lluvia, la niebla, los alimentos y el
agua; de los venenos industriales descargados en las plantas de
tratamiento de desechos de aguas residuales y luego en los ríos; de la
lluvia radiactiva que quedó de la era de las pruebas con bombas
atómicas, de las hormonas de crecimiento artificiales usadas
ampliamente en la agricultura, etc. etc.

Los científicos aún no tienen métodos convenidos para evaluar los
efectos combinados de múltiples exposiciones a tóxicos, y así ignoran
las exposiciones múltiples, pretendiendo que el mundo es mucho más
simple de lo que es en realidad. Como consecuencia de esto, ninguna de
las determinaciones "científicas" de "seguridad" del sistema regulador
realmente tiene validez científica. Ellas representan cálculos
intuitivos, instintos, suposiciones y las mejores opiniones de los
profesionales, todo ligado con una gran medida de esperanza de que todo
resultará bien. Dos científicos que analicen los mismos datos pueden
sacar conclusiones enormemente diferentes.

(6) El sistema regulador de "probar que hay daños" basa sus
determinaciones sólo en la ciencia, omitiendo por lo tanto muchos
valores humanos esenciales. Por ejemplo, hoy en día muchas personas
quieren proteger el medio ambiente sencillamente porque es la creación
de Dios. El sistema de "probar que hay daños" no proporciona lugar para
que se expresen ideas tan poco científicas, mucho menos para que se
actúe al respecto. Muchas mujeres quieren que su leche materna esté
libre de venenos industriales sólo porque su instinto materno les dice
que sus bebés estarán mejor. Hasta que la ciencia pueda "probar" que
tienen razón o no, sus instintos no tienen lugar en el debate
científico sobre las descargas industriales. (De hecho, es probable que
a tales mujeres se les diga que deberían ir a casa y dejarles estos
temas a los expertos.)

Ahora el movimiento de justicia ambiental está forzando a un cambio en
el clima de la opinión, haciendo que el sistema de "probar que hay
daños" sea impensable. Habiendo confrontado el sistema de "probar que
hay daños" en miles de luchas locales, los activistas de la base ahora
han inventado un nuevo enfoque basado en la verdadera prevención.
Llámelo "acción preventiva". En el nuevo sistema, la incertidumbre
científica crea una luz amarilla o hasta una luz roja -si usted está
volando a ciegas, reduzca la velocidad. Si usted no sabe lo que está
haciendo, no lo haga. Es mejor prevenir que lamentar.

En la "acción preventiva" el gobierno tiene el deber de prevenir daños
siempre que haya evidencias creíbles de que los mismos están ocurriendo
o que es probable que ocurran, incluso cuando no se haya probado la
naturaleza y la magnitud exactas del daño.

En la "acción preventiva" los fabricantes tienen la responsabilidad de
mostrar que están usando la alternativa menos perjudicial para
satisfacer una necesidad específica. Con la "acción preventiva" se
estudian minuciosamente los daños potenciales antes de usar un nuevo
químico o tecnología, en lugar de suponer que es inocente hasta que se
pruebe lo contrario. Además de usar todos los datos científicos
disponibles, la toma de decisiones preventiva también respetará y usará
otras clases de conocimientos -ética, moral, humildad, el sentido
humano de lo que es correcto, de lo que está bien y de lo que es justo.
Este importante cambio en el "clima de la opinión" está bastante
adelantado. Gracias al movimiento de justicia ambiental, "probar que
hay daños" se está volviendo impensable y está siendo sustituido
lentamente por la "acción preventiva". Esto es algo grande.
VERDADERAMENTE grande.

--Peter Montague

=====

[1] Robert D. Bullard, DUMPING IN DIXIE (Boulder, Co.: Westview Press,
1990; ISBN 0-8133-7954-7); Bunyan Bryant y Paul Mohai, editores, RACE
AND THE INCIDENCE OF ENVIRONMENTAL HAZARDS (Boulder, Co.: Westview
Press, 1992; ISBN 0-8133-8513-X); Robert D. Bullard, editor,
CONFRONTING ENVIRONMENTAL RACISM; VOICES FROM THE GRASSROOTS (Boston:
South End Press, 1993; ISBN 0-89608-446-9); Jim Schwab, DEEPER SHADES
OF GREEN (San Francisco: Sierra Club Books, 1994; ISBN 0-87156-462-9);
Robert D. Bullard, editor, UNEQUAL PROTECTION (San Francisco: Sierra
Club Books, 1994; ISBN 0-87156-450-5); David E. Newton, ENVIRONMENTAL
JUSTICE (Santa Barbara, Cal.: ABC-CLIO, 1996; ISBN 0-87436-848-0).

[2] Bruce R. Fowler y otros, MEASURING LEAD EXPOSURE IN INFANTS,
CHILDREN AND OTHER SENSITIVE POPULATIONS (Washington, D.C.: National
Academy Press, 1993; ISBN 0-309-04927-X).

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