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#750 - Lo Ultimo En La Ciencia De Las Hormonas, Parte 1, 21-Aug-2002

La semana pasada el diario NEW YORK TIMES agredió a una de mis
organizaciones favoritas, la Red de Ciencia y Salud Ambiental (Science
and Environmental Health Network, SEHN) (http://www.sehn.org). El TIMES
acusó a la SEHN de abrigar creencias muy alejadas de la corriente
central de la ciencia: "La [SEHN] confiere mucho más peso del que la
mayoría de los científicos de la industria y los reguladores del
gobierno le dan a las teorías de que los químicos en el medio ambiente
están bloqueando el sistema endocrino humano y contribuyendo a una
amplia gama de dolencias" (NY TIMES 19 de agosto, pág. C5).

Como presidente de la junta de la SEHN, pensé que debía tomar esta
acusación seriamente. Es cierto que la SEHN apoya el punto de vista de
que los químicos industriales en el medio ambiente pueden perturbar las
hormonas y de esta manera probablemente están contribuyendo a una
amplia gama de dolencias humanas. ¿No es éste el punto de vista general
de la comunidad científica de la corriente dominante?

La posición de la SEHN ha sido definida de la mejor manera por su
director científico, Ted Schettler, un médico. Antes de unirse a la
SEHN, Schettler, junto con varios coautores publicó GENERATIONS AT
RISK: REPRODUCTIVE HEALTH AND THE ENVIRONMENT ("GENERACIONES EN
PELIGRO: LA SALUD REPRODUCTORA Y EL MEDIO AMBIENTE") (MIT Press, 1999) -
una revisión de 230 páginas de datos médicos y científicos que muestra
que algunos químicos industriales en el medio ambiente (tales como el
plomo, el mercurio, el cadmio, el arsénico, el manganeso, los solventes
clorados, algunos pesticidas, los PCB y las dioxinas) pueden y
probablemente afectan a los sistemas hormonales de los seres humanos (y
de los animales no humanos), provocando o exacerbando enfermedades en
algunos de los que están expuestos [1].

En 2000, Schettler y un miembro de la junta de la SEHN, David Wallinga
(también médico), junto con otros coautores publicaron un libro más
corto titulado: IN HARM'S WAY: TOXIC THREATS TO CHILD DEVELOPMENT
("PELIGRO: AMENAZAS TOXICAS PARA EL DESARROLLO INFANTIL"). Ese libro
concluyó que "las discapacidades del desarrollo neurológico están
generalizadas, y las exposiciones químicas son factores importantes que
contribuyen a estas condiciones y que pueden evitarse" [2, pág. 117; y
ver RACHEL'S #712]. ¿Está esta conclusión justificada por los hechos?
Ciertamente parece así. Los estudios científicos de los últimos 100
años de un solo elemento tóxico, el plomo, proporcionan amplia
justificación para una declaración como ésa. (Es de hacer notar que las
características bloqueadoras hormonales del plomo y de otros 75
químicos ambientales están descritas en tres libros técnicos recientes
[3].)

¿Están "la mayoría de los científicos de la industria y de los
reguladores del gobierno" en desacuerdo con Ted Schettler y la SEHN? Ni
nosotros ni el NEW YORK TIMES tenemos ninguna información confiable
acerca de lo que "la mayoría" de los científicos y los reguladores
piensan acerca de los bloqueadores hormonales. Yo sospecho que el TIMES
simplemente fabricó su conclusión a partir de la nada.
(Desafortunadamente, no sería la primera vez que el TIMES hiciera algo
así para menospreciar los peligros a la salud por los químicos
industriales. Ver, por ejemplo, RACHEL'S #346 y #486.)

Aun así, la acusación contra la SEHN justifica un nuevo vistazo. Decidí
investigar el estado científico actual de la idea de que los químicos
pueden afectar a las hormonas. Para hacer esto, escogí una revista
científica contundente que frecuentemente trae artículos sobre los
efectos de los químicos ambientales sobre los animales silvestres y los
seres humanos. Luego pasé una semana agotadora leyendo cada uno de los
estudios sobre los químicos y la salud en los últimos 24 ejemplares
mensuales. La revista que escogí fue ENVIRONMENTAL HEALTH PERSPECTIVES
(EHP), la cual es publicada por el Instituto Nacional de Ciencias de la
Salud Ambiental, (National Institute of Environmental Health Sciences)
del gobierno federal, una sección de los Institutos Nacionales de la
Salud (National Institutes of Health). La junta editorial de EHP está
compuesta principalmente de científicos académicos pero también incluye
representantes de la firma Dow Chemical Company, la compañía
farmacéutica Schering Plough y el Instituto de Toxicología de la
Industria Química (Chemical Industry Institute of Toxicology, CIIT).
Podemos pensar en el CIIT como el brazo investigador de la industria
química estadounidense.

Por supuesto que no comencé a trabajar en completa ignorancia. He
venido reportando sobre los bloqueadores ambientales de hormonas desde
1991 (ver RACHEL'S #263). Pero tengo que decirles que no estaba
preparado para lo que encontré. Voy a resumir los estudios recientes de
los bloqueadores hormonales publicados en EHP, pero primero daré
algunos antecedentes sobre este problema:

En 1991, unas dos docenas de científicos de media docena de países
publicaron un documento consenso que se conoció como la Declaración
Wingspread. (Ver RACHEL'S #263.) Decía, en parte:

"Estamos seguros de lo siguiente:

Un gran número de químicos fabricados por el ser humano que han sido
liberados en el medio ambiente, así como también unos pocos químicos
naturales, tienen el potencial de bloquear el sistema endocrino
[hormonal] de los animales, incluyendo los seres humanos. Entre ellos
están los compuestos organohalogenados persistentes, que se
bioacumulan, que incluyen algunos pesticidas (fungicidas, herbicidas e
insecticidas) y químicos industriales, otros productos sintéticos y
algunos metales.

Muchas poblaciones de animales silvestres ya se encuentran afectadas
por estos compuestos. Los impactos incluyen la disfunción [daños o
funcionamiento anormal] de la tiroides en aves y peces; la disminución
de la fertilidad en aves, peces, mariscos y mamíferos; el menor éxito
en la incubación en aves, peces y tortugas; las deformaciones de
nacimiento exageradas en aves, peces y tortugas; las anomalías
metabólicas [anomalías o disminución en el uso de la energía, en la
formación de tejidos o en el manejo de los desechos resultantes] en
aves, peces y mamíferos; la conducta anormal en las aves; el
desmasculinismo y la feminización de peces machos, aves machos y
mamíferos machos; la desfeminización y el masculinismo de peces hembras
y aves hembras; y los sistemas inmunes comprometidos [dañados] en aves
y mamíferos.

Las pautas de los efectos varían entre las especies y entre los
compuestos. Sin embargo pueden establecerse cuatro puntos generales:
(1) los químicos de interés pudieran tener efectos completamente
diferentes sobre el embrión, el feto, o los organismos perinatales
["cerca del momento del nacimiento", desde la semana 28 del embarazo
hasta la primera semana de vida, en los seres humanos] en comparación
con el adulto; (2) los efectos se manifiestan más frecuentemente en los
hijos, no en el padre expuesto; (3) el momento de la exposición en el
organismo en desarrollo es crucial para determinar su carácter y
potencial futuro; y (4) aunque la exposición crítica ocurre durante el
desarrollo embrionario [desde la concepción hasta el final del segundo
mes de embarazo], las manifestaciones [efectos] obvias pueden no
aparecer sino hasta la madurez.

Estudios de laboratorio corroboran el desarrollo sexual anormal
observado en el campo y proporcionan mecanismos biológicos para
explicar las observaciones en animales silvestres.

Los seres humanos también han sido afectados por compuestos de esta
naturaleza. Los efectos del DES (dietilestilbestrol), un agente
terapéutico sintético, como muchos de los compuestos mencionados son
estrogénicos [actúan como el estrógeno, la hormona sexual femenina].
Las hijas de madres que tomaron DES tienen ahora un aumento en la
frecuencia del adenocarcinoma de células claras [cáncer], diversas
anomalías del tracto genital, embarazos anormales y algunos cambios en
la respuesta inmune. Tanto los hijos como las hijas expuestos 'in
utero' [mientras están en el útero] experimentan anomalías congénitas
del sistema reproductivo y reducción de la fertilidad. Los efectos
vistos en los seres humanos expuestos a DES 'in utero' son análogos a
aquellos encontrados en los animales silvestres contaminados y en
animales de laboratorio, lo que sugiere que los seres humanos corren el
riesgo de sufrir los mismos efectos que los animales silvestres debido
a los peligros ambientales". La Declaración Wingspread continúa, pero
esos eran los puntos claves.

El mensaje principal de la Declaración Wingspread -que los químicos
industriales pueden afectar a las hormonas y de esta manera perjudicar
a los animales y los seres humanos- no era algo completamente nuevo en
1991. En 1950, los investigadores habían demostrado que el pesticida
DDT podía reducir dramáticamente los testículos de los gallos,
obviamente afectando su testosterona (hormona sexual masculina) normal
[4]. A principios de la década de 1970, los investigadores descubrieron
para su horror que "las exposiciones ocupacionales a los pesticidas
podían reducir o destruir la fertilidad de los trabajadores" [EHP Vol.
108, No. 9 (septiembre, 2000), págs. 803-813]. En 1980 se acuñó el
término "estrógenos ambientales" para describir los químicos
industriales encontrados en el medio ambiente que se comportaban como
la hormona sexual femenina, estrógeno [5].

Lo que hizo la Declaración Wingspread de 1991 fue hacer evidente un
patrón mundial no reconocido de los daños de los bloqueadores químicos
endocrinos, principalmente en los animales silvestres, pero también
verosímil en los seres humanos. El siguiente año, Theo Colborn, que
había convocado el encuentro original de Wingspread, publicó un volumen
de evidencias científicas apoyando las conclusiones de Wingspread [6].
Con el paso del tiempo, estos hallazgos electrizaron a la comunidad
científica, persuadiendo a miles de investigadores a buscar efectos
similares en los animales silvestres, los animales de laboratorio y los
seres humanos en todo el mundo.

En 1995 Theo Colborn, J.P Myers y Dianne Dumanoski publicaron OUR
STOLEN FUTURE ("NUESTRO FUTURO ROBADO"), un tratado científico sobre
las hormonas escrito como una historia de misterio para llegar a un
gran público. OUR STOLEN FUTURE despertó a la comunidad ambientalista y
concentró una enorme atención de los medios de comunicación en este
problema que comenzaba. El sitio en el Internet
http://www.ourstolenfuture.org sigue siendo el mejor lugar para
enterarse de los últimos estudios sobre los bloqueadores hormonales.
Debido a que era científicamente sólido y sin embargo de fácil lectura
por el público general, OUR STOLEN FUTURE llevó a la industria química
a un frenesí de negaciones y represalias. La industria contrató perros
de ataque de relaciones públicas, dirigidos a destruir las reputaciones
de Colborn, Myers y Dumanoski, y la escritora de ciencia del NY TIMES
Gina Kolata comenzó a ladrar y gruñir con los mejores de ellos (ver
RACHEL'S #486).

Ahora, 11 años después de la Declaración Wingspread, ¿son estas ideas
ridiculizadas, desacreditadas, o simplemente ignoradas por los
científicos que publican en EHP? ¿Ha perdido la comunidad científica el
interés en los "bloqueadores endocrinos" o continúa este problema
siendo tomado en serio? A manera de respuestas a estas preguntas, he
aquí algunas declaraciones generales de EHP:

"Los bloqueadores químicos endocrinos están entre las amenazas
ambientales más complejas conocidas hoy en día. Al imitar hormonas
naturales tales como el estrógeno y la testosterona, estos químicos
pueden interaccionar con el sistema endocrino del cuerpo y tener
efectos tóxicos que pueden conducir a anomalías en la reproducción y el
desarrollo o al cáncer" [EHP Vol. 109, No. 9 (septiembre 2001), pág.
A420].

"El organismo en desarrollo es sumamente sensible a las alteraciones de
las funciones hormonales. En la primera fase del estado embrionario,
las gónadas de los varones y las hembras humanos son morfológicamente
[físicamente] idénticas. La diferenciación sexual [que sucede cuando un
feto se convierte en un niño o una niña] comienza bajo la influencia
hormonal durante las semanas quinta y sexta del desarrollo fetal, y por
ello la alteración de la función hormonal durante este período
altamente sensible puede tener consecuencias profundas, frecuentemente
debilitantes. El equilibrio de estrógenos y andrógenos [hormonas
masculinas] es crítico para el desarrollo, el crecimiento y el
funcionamiento normales del sistema reproductor. Aunque es
especialmente importante durante el desarrollo, este equilibrio es
importante durante toda la vida para la preservación de las
características femeninas o masculinas normales.

"Un número de químicos ambientales tienen actividades que imitan o
alteran las hormonas esteroides sexuales normales. El feto es
especialmente vulnerable debido a que este es el período en el cual se
desarrollan los órganos. Si se altera el equilibrio normal entre los
estrógenos y los andrógenos, el resultado puede ser la feminización de
los machos, la masculinización de las hembras, los defectos de
nacimiento de los órganos reproductores, la reducción de la fertilidad
y la alteración de la expresión de las características normales de la
personalidad femenina o masculina, probablemente incluyendo la
preferencia sexual" [7].

Continuará.

==========

[1] Ted Schettler, Gina Solomon, Maria Valenti y Annette Huddle,
GENERATIONS AT RISK: REPRODUCTIVE HEALTH AND THE ENVIRONMENT
(Cambridge, Mass.: MIT Press, 1999). ISBN 0-262-19413-9.

[2] Ted Schettler, Jill Stein, Fay Reich, Maria Valenti y David
Wallinga, IN HARM'S WAY: TOXIC THREATS TO CHILD DEVELOPMENT (Cambridge,
Mass.: Greater Boston Physicians for Social Responsibility [GBPSR], May
2000). Disponible en el Internet en
http://www.igc.org/psr/ihwrept/ihwcomplete.pdf o en papel a través de
GBPSR en Cambridge, Mass.; teléfono 617-497-7440.

[3] Ver, por ejemplo, Lawrence H. Keith, editor, ENVIRONMENTAL
ENDOCRINE DISRUPTORS: A HANDBOOK OF PROPERTY DATA (New York: Wiley,
1997; ISBN 0471191264). Ver también M. Metzler, editor, ENDOCRINE
DISRUPTORS; THE HANDBOOK OF ENVIRONMENTAL CHEMISTRY VOL. 3 (New York:
Springer-Verlag, 2002; ISBN 3540422803); y Louis Guillette, Jr. y D.
Andrew Crain, ENVIROMENTAL ENDOCRINE DISRUPTERS; AN EVOLUTIONARY
PERSPECTIVE (New York: Taylor & Francis, 2000; ISBN 1560325712).

[4] H. Burlington y V.F. Lindeman, "Effect of DDT on testes and
secondary sex characteristics of white leghorn cockerels," PROCEEDINGS
OF THE SOCIETY FOR EXPERIMENTAL BIOLOGY AND MEDICINE Vol. 74 (1950),
págs. 48-51.

[5] Sheldon Krimsky, "An Epistemological Inquiry into the Endocrine
Disruptor Thesis," ANNALS OF THE NEW YORK ACADEMY OF SCIENCES Vol. 948
(Dec., 2001), págs. 130-142.

[6] Theo Colborn y Coralie Clement, editores, CHEMICALLY-INDUCED
ALTERATIONS IN SEXUAL AND FUNCTIONAL DEVELOPMENT: THE WILDLIFE/HUMAN
CONNECTION [Advances in Modern Environmental Toxicology Vol. XXI]
(Princeton, N.J.: Princeton Scientific Publishing Co., 1992).

[7] EHP Vol. 110 Supplement 1 (February, 2002), pág. 27.

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