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#753 - Lo Ultimo En La Ciencia De Las Hormonas, Parte 4; Bloqueando Los Mensajes De La Vida, 02-Oct-2002

[En esta serie hemos venido revisando estudios publicados durante los
pasados dos años en ENVIRONMENTAL HEALTH PERSPECTIVES, una revista de
revisión crítica publicada por los Institutos Nacionales de la Salud de
los EE.UU. Nuestro propósito ha sido descubrir si los científicos de la
corriente dominante creen que los químicos industriales liberados en el
medio ambiente pueden afectar las hormonas de animales silvestres y
seres humanos, llevando a daños generalizados. Es bastante evidente que
sí es así. Para mantenerse al día del torrente de nuevos estudios de
trastornos hormonales que aparecen en docenas de revistas, visite
regularmente el sitio del Internet http://www.ourstolenfuture.org.

Ahora la pregunta es: "¿Qué significa toda esta información acerca de
los trastornos hormonales?" Una persona eminentemente calificada para
hacer comentarios sobre esa pregunta es el Dr. J. P. Myers, zoólogo y
coautor (junto con Theo Colborn y Dianne Dumanoski) de OUR STOLEN
FUTURE ("NUESTRO FUTURO ROBADO"), el libro que llevó los "trastornos
hormonales" al tope de la agenda internacional del medio ambiente y la
salud. El siguiente ensayo apareció por primera vez en el ejemplar de
febrero de 2002 de OUR PLANET, la revista de sustentabilidad ambiental
publicada por el Programa Ambiental de las Naciones Unidas. [Ver
http://www.ourplanet.com. Nosotros agregamos las notas.]

Bloqueando los mensajes de la vida [Disrupting Life's Messages]
por John Peterson Myers*

Está en camino la revolución del entendimiento científico de los
impactos de la contaminación sobre la salud. A medida que suceda dicha
revolución, probablemente alterará de manera dramática nuestro
entendimiento de las consecuencias de los contaminantes en el bienestar
humano y requerirá cambios fundamentales en la manera en que se regulan
los químicos. La revolución surge de descubrimientos científicos que
establecen que muchos químicos, tanto aquellos del mundo natural como
también los sintetizados en laboratorios, afectan los sistemas
naturales de mensajes químicos que dirigen el desarrollo biológico de
plantas y animales, incluyendo los seres humanos.

Virtualmente todo el desarrollo biológico está bajo el control de
varios sistemas de mensajes químicos que confieren instrucciones de los
genes a sus objetivos, dirigiendo así el desarrollo. Las hormonas, los
neurotransmisores y los factores de crecimiento, entre otros, son
elementos claves de estos sistemas de mensajes. El éxito de su
transmisión de instrucciones genéticas es vital para el desarrollo
normal sano, ya que ellos controlan casi todos, si no todos, los
aspectos del proceso; desde el sexo de un bebé hasta cuántos dedos
tendrá, pasando por si su cerebro será capaz de razonar o si su sistema
inmune será capaz de resistir las enfermedades.

Ahora la ciencia ha establecido que una amplia gama de químicos pueden
bloquear estos mensajes con base genética sin perjudicar los mismos
genes. Gran parte de la atención se ha concentrado en el bloqueo de las
señales hormonales, lo que ahora se conoce como "bloqueo endocrino".

Las raíces de la investigación en este campo se remontan a la década de
1930, pero han florecido en los últimos diez años debido a varias
inversiones significativas de fondos por los gobiernos europeos,
japoneses y norteamericanos. Casi cada semana se publican nuevos
resultados. Estos nuevos hallazgos son ricos en detalles y son
fascinantes en lo que revelan acerca de los mecanismos biológicos,
siendo a veces impresionantes en sus implicaciones.

Por ejemplo, un estudio publicado en julio de 2001 por los Centros
Estadounidenses para el Control de Enfermedades (United States Centers
for Disease Control) reportó una estrecha relación entre la
contaminación por DDT en las madres y la probabilidad de nacimientos
prematuros de sus bebés [1]. Usando muestras biológicas acumuladas
desde la década de 1960, los autores reportan que sus hallazgos indican
que los Estados Unidos sufrieron una epidemia de bebés prematuros
durante el apogeo en el uso del DDT, y que este contaminante
persistente pudiera haber causado hasta 15 por ciento de la mortalidad
infantil en los EE.UU. durante ese lapso.

Pueden identificarse varias tendencias generales importantes en el
patrón de los hallazgos de las investigaciones de los miles de estudios
sobre trastornos endocrinos publicados desde principios de la década de
1990.

Primero, las investigaciones confirman que la contaminación por
compuestos hormonalmente activos es omnipresente a escala global. Nadie
está protegido de la exposición, incluso en el útero. Lo mismo es
cierto para la mayoría de los organismos vivos, si no para todos,
especialmente aquellos que se ubican más alto en las cadenas ecológicas
de alimentos y por lo tanto consumen alimentos en los cuales los
contaminantes han resultado concentrados por la bioacumulación. En
parte, la contaminación está tan generalizada debido a la
redistribución global de los contaminantes transportados por medio del
aire y el agua. La inclusión inadvertida pero penetrante de compuestos
hormonalmente activos en productos de consumo tales como muchos
cosméticos y plásticos también contribuye.

Confirmación empírica

Segundo, los efectos de la exposición pueden observarse a niveles
dramáticamente menores que aquellos que se pensaba eran relevantes para
la salud una década atrás. Los científicos están midiendo los impactos
de trastornos endocrinos de contaminantes como el arsénico, la dioxina
y el bisfenol A (un componente básico del plástico policarbonado) en
cifras bajas de "partes por billón" (en los EE.UU.: 1 'billón'=mil
millones). Esto era imposible de medir hace dos décadas (los
instrumentos científicos sencillamente no eran tan exactos) y era
altamente controversial hasta su reciente revisión y confirmación
empírica.

Tercero, los hallazgos indican que casi todos los sistemas de mensajes
químicos son vulnerables, en principio, al bloqueo de dichos mensajes.
Los trabajos en esta área se concentraron por décadas en cómo resultaba
afectado el estrógeno. A medida que el enfoque se ha extendido a otras
hormonas, se ha descubierto uno o más contaminantes bloqueadores para
cada sistema estudiado minuciosamente, incluyendo el sistema tiroideo
(crucial para el desarrollo del cerebro), el sistema retinoide
(involucrado en el control básico del desarrollo) y los
glucocorticoides (importantes en el metabolismo y la supresión tumoral,
entre otras cosas). En el verano de 2001 esta tendencia quedó reforzada
dramáticamente por nuevos resultados, con un reporte de que la
simbiosis ecológica entre las plantas leguminosas como los frijoles y
las bacterias responsables de la fijación del nitrógeno es vulnerable
al trastorno por los contaminantes [2]. Esta simbiosis, mediada por la
comunicación química entre la planta y las bacterias, es un componente
vital del ciclo global del nitrógeno.

Cuarto, los efectos sobre la salud que nos preocupan se han extendido
dramáticamente más allá de aquellos abarcados por el enfoque
tradicional de la toxicología. Los estudios de laboratorio demuestran
inequívocamente que hay efectos sobre la resistencia a las
enfermedades, la función cognoscitiva y la fertilidad, que resultan de
las exposiciones a bajos niveles.

Estos hallazgos deberían ser de gran preocupación para las personas,
las organizaciones y las agencias que se concentran en el desarrollo
económico humano y la equidad. Es evidente, por ejemplo, que los
niveles ambientales de contaminación pueden volver a los niños menos
resistentes a los agentes infecciosos. Más investigaciones en esta área
pueden obligar a una nueva evaluación radical de las víctimas de la
contaminación, ya que esto implica que muchas muertes y enfermedades
hubieran podido evitarse si los contaminantes no hubiesen disminuido la
resistencia.

De manera similar, la investigaciones sugieren que la exposición
generalizada a contaminantes activos neurológicamente, como pudiera
suceder, por ejemplo, en áreas agrícolas del mundo en desarrollo con el
uso intensivo de pesticidas, pueden llevar al menoscabo de las
capacidades cognoscitivas en toda la comunidad. En un mundo en el que
la información es la moneda económica clave, esta carga de
contaminación podría desplazar para siempre hacia los márgenes
económicos a quienes resulten afectados.

Cambios conceptuales

Estas tendencias emergentes están obligando a los toxicólogos a
realizar varios cambios conceptuales que conducirán a cambios
fundamentales en las maneras en que se manejan los químicos. La más
importante de ellas implica un cambio en la manera en que los
toxicólogos piensan acerca de lo que es relevante para la salud humana.

La toxicología tradicional se concentra en los daños, tales como la
muerte celular, las mutaciones, el cáncer o la genotoxicidad. El
bloqueo de mensajes puede causar todos éstos, pero los efectos también
pueden ser de una naturaleza muy distinta pero igualmente importante.
El desafío más grande que enfrenta la toxicología tradicional es que el
bloqueo de los mensajes no ocurre por el sometimiento de las defensas
del cuerpo (o de las células). En lugar de esto, funciona mediante el
secuestro del proceso de desarrollo, sumando o restando de los propios
mecanismos de control del cuerpo a niveles de exposición
sorprendentemente bajos. Al alterar sutilmente (o flagrantemente) la
ruta del desarrollo, el bloqueo del mensaje lleva a la víctima a un
futuro distinto. La diferencia puede ser pequeña, como la pérdida de
unos pocos puntos del coeficiente de inteligencia, o puede ser grande,
como un sistema inmune completamente disfuncional.

La toxicología se ha concentrado tradicionalmente en el impacto de los
altos niveles de exposición de un pequeño número de personas. Este
nuevo enfoque requiere considerar las exposiciones generalizadas de
bajo nivel experimentadas por muchas personas -niveles de exposición
que muchos han cancelado como "ambientales" y, por deducción, como
irrelevantes.

Tomados en conjunto, estos nuevos hallazgos científicos contribuyen a
la creciente presión para cambiar las reglas básicas de la regulación
química. Una vez más, hemos sido cegados. Nuestra capacidad de
sintetizar químicos sobrepasó con mucho nuestro entendimiento
científico de sus impactos.

La evaluación tradicional de los riesgos permitía que los químicos
fuesen comercializados y distribuidos, causando la contaminación
omnipresente. La compañera de la evaluación de los riesgos en el
desarrollo de los parámetros de protección es la epidemiología, que por
definición funciona sólo después de una epidemia. Incluso entonces, sus
herramientas son sorprendentemente insensibles en los estudios de los
efectos de los trastornos endocrinos, y están fuertemente parcializadas
hacia los resultados negativos incluso cuando hay efectos reales.

La respuesta, aún imperfecta, yace en implementar medidas preventivas
que impongan requerimientos mucho más exigentes sobre los productos
viejos y nuevos por igual. Como lo ha reconocido el Comité Sueco de
Políticas de los Químicos, ciertos atributos deberían ser criterios de
eliminación [3]. Los compuestos persistentes que se bioacumulan, por
ejemplo, deberían ser eliminados del uso incluso sin demostrar un
riesgo toxicológico. Los materiales bloqueadores endocrinos deberían
ser eliminados de los productos de consumo y su liberación en el medio
ambiente debería ser finalizada. De manera más general, la demostración
de los impactos biológicos potencialmente perjudiciales en estudios de
laboratorio debería invertir la carga de las pruebas al transformar las
regulaciones de aquella en la cual debe demostrarse que existe peligro
antes de retirar un producto, a un enfoque en el que se garantice la
seguridad más allá de cualquier duda razonable antes de permitirse el
despliegue generalizado del producto. Estos pasos ayudarán a asegurar
que los beneficios que todos disfrutamos de la química moderna no
regresarán para perseguirnos.

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* John Peterson Myers, coautor de OUR STOLEN FUTURE (tapa dura: Dutton,
1996; ISBN 0525939822; edición de bolsillo: Plume, 1997; ISBN
0452274141), es Asesor Adjunto de la Fundación de las Naciones Unidas y
Miembro Adjunto del Bienestar Público.

[1] M.P. Longnecker, M.A. Klebanoff, H. Zhou, J.W. Brock, "Association
between maternal serum concentration of the DDT metabolite DDE and
preterm and small-for-gestational-age babies at birth," THE LANCET Vol.
358 (2001), págs. 110-114.

[2] J.E. Fox, M. Starcevic, K.Y. Kow, M.E. Burow y J.A.
McLachlan, "Nitrogen fixation: Endocrine disrupters and flavonoid
signalling," NATURE Vol. 413 (2001), págs. 128-129.

[3] Las recomendaciones del Comité Sueco de Políticas de los Químicos
fueron reportadas en Lotta Fredholm, "Chemical Testing: Sweden to Get
Tough on Lingering Compounds," SCIENCE Vol. 290, No. 5497 (Dec. 1,
2000), págs. 1663-1666.

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