borderlines  54  (volumen  7,  número  3,  month  1999) 
 

Subdesarrollo y Salud Ambiental en la Frontera: Una Introducción

Por Alberto H. Colorado y Víctor M. Oliveros

La frontera entre EEUU y México comprende 24 condados (del lado estadounidense) y 39 municipios (en México) que, no obstante la línea divisoria, son interdependientes. La población de la zona asciende a aproximadamente 69.5 millones de personas; según las estimaciones más recientes, cerca de 11 millones de ellas viven directamente en la frontera misma (4.3 millones en México, 6.7 millones en EEUU). Dentro de este corredor, hay ciudades hermanas transfronterizas, donde vive el 90% de los residentes fronterizos, que aprovechan el comercio y los empleos industriales que se encuentran allí. Entre 1950 y 1980, la población del norte de México se triplicó, a la vez que la del suroeste de EEUU se duplicó.

En los estados mexicanos de la frontera el nivel de pobreza es ligeramente más bajo que en el resto del país, a diferencia de lo que ocurre en las zonas fronterizas de EEUU, donde el desempleo es de casi el doble del nivel registrado en los demás estados. (San Diego, con un nivel promedio de desempleo del 8%, está muy por fuera de la norma en la región). En algunos condados de Texas, por ejemplo, el 55% de la población vive en condiciones que el gobierno de EEUU califica como de "extrema pobreza".

Desde mediados de los años sesentas, cuando el gobierno mexicano puso en marcha el Programa de Industrialización Fronteriza, las corporaciones estadounidenses han venido estableciendo sus operaciones aquí. Sin embargo, en años recientes el número de instalaciones industriales de propiedad extranjera en el norte de México (así como en otras partes del país) se ha multiplicado a consecuencia de la aprobación del TLC. Esto significa que los desperdicios producidos por las poblaciones urbanas en aumento y las nuevas industrias no se han administrado de manera apropiada, lo que ha dado lugar a condiciones precarias de salubridad para los trabajadores de las maquiladoras.

En efecto, muchos de los problemas de salud en la frontera son el resultado secundario y no planeado del rápido desarrollo económico de la región. La frontera internacional entre México y EEUU es una de las más activas del mundo; el auge del comercio y el crecimiento del sector de maquiladoras significan que miles de personas, no sólo de México sino también de otros países, la cruzan en ambas direcciones todos los días. Para algunos ciudadanos mexicanos la frontera norte con EEUU representa la posibilidad de alejarse de las difíciles situaciones económicas que han aquejado a México desde hace varios años. Muchas familias del centro y del sur de México que emigran a la zona fronteriza pueden, con un poco de suerte, encontrar empleo sin irse del país, generalmente dentro del sector de maquiladoras. Sin embargo, para otras la región no es más que una escala (a veces prolongada) en su odisea hacia los centros industriales y agrícolas de EEUU.

El desplazamiento de grandes sectores de la población hacia el norte de México se ha traducido en un aumento dramático de la necesidad de vivienda en esa zona, lo cual, a su vez, ha dado lugar a la proliferación de asentamientos improvisados. Los salarios exiguos, la escasez de empleo y los alquileres onerosos han tenido el mismo efecto en los condados fronterizos de EEUU. (A estos asentamientos se les conoce como colonias en EEUU y como colonias populares al sur de la frontera). En EEUU, la mayoría de las colonias se encuentran en Texas y Nuevo México, donde un número de personas estimado en 432 mil son residentes de estos asentamientos.

Asimismo, el rápido crecimiento en la frontera ha sido la causa de que la capacidad de la infraestructura ambiental haya sido rebasada, y de que las descargas de aguas negras no tratadas, no sólo domésticas sino también industriales, hayan tenido un impacto grave en las aguas superficiales de la frontera y en la salud de las comunidades. Después de años de contaminación, apenas se empieza a realizar esfuerzos para remediar esos daños ambientales.

Conclusiones

Alberto Colorado es Director de la Oficina Regional Fronteriza del Proyecto Hope. Víctor Oliveros es Jefe de Servicios de Salud Ambiental del Departamento de Salubridad de la Ciudad de Laredo.


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